Linea Directa


LA PALABRA INVITADA

 

 

¿A QUÉ LE TIRAS MEXICANO?

8a Parte

Por Víctor Manuel Barceló R. (LD 12-02-18)  

 

Las elecciones presidenciales de Costa Rica se realizaron – como habíamos señalado- el domingo 4-Febr-2018. Fueron para elegir presidente de la República, vicepresidentes y diputados al Congreso. Se trata de las decimoséptimas votaciones efectuadas –en calma pero con diatribas de tipo religioso- desde la vigencia de la Constitución política de 1949. Lejos quedan los tiempos en que se decía “La democracia no es para los costarricenses, simplemente, una estructura política de gobierno: es ante todo, un hondo sentimiento que ha permanecido vivo y palpitante a todo lo largo de nuestra historia de nación independiente” (Rodríguez Vega, 1954), si bien en el ánimo del pueblo está presente tal concepción de la nación, conceptuada desde la invasión-conquista española, como relevante y rica en sus potencialidades de todo tipo. Ver: https://books.google.com.mx/books?id=fyEhe97SqLoC&pg=PA57&lpg=PA57&dq=Rodríguez+Vega,+1954&source=bl&ots=0BGcbaQ6T9&sig=F9g8PiDl3L3drbFAaQGNNI2rThU&hl

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Los candidatos más votados fueron: el diputado, periodista y cantante cristiano, Fabricio Alvarado Muñoz del partido conservador Restauración Nacional; le siguió el escritor, politólogo, periodista y ex ministro, Carlos Alvarado Quesada del social demócrata, Partido Acción Ciudadana (24 y 21% respectivamente). Le sucedieron Antonio Álvarez Desanti de Liberación Nacional (18%), Rodolfo Piza Rocafort de la Unidad Social Cristiana (16%), Juan Diego Castro Fernández de Integración Nacional (9%) y Rodolfo Hernández Goméz del Partido Republicano (4%). 

Al no alcanzar ninguno, en primera vuelta, el 40% de votos, exigibles para ganar los comicios, por tercera vez en la historia (tras las elecciones de 2002 y 2014) hay necesidad de un balotaje, programado para el 1º de abril de 2018, en el que se someterán nuevamente al sufragio los dos aspirantes más votados. 

Un rasgo de estos comicios es la ruptura más drástica del tradicional bipartidismo costarricense: por primera vez, desde que está vigente la 2ª República, ninguno de los dos partidos tradicionales (PLN (18%) y PUSC (16%) pasarán por si mismos a la 2ª ronda, sufriendo los dos, una de sus más significativas derrotas electorales. Hoy, el bipartidismo está escindido en pedazos que apuestan al “río revuelto…” o a simplemente acumular fuerza para tiempos mejores. El partido de gobierno, llamando con desesperación al “voto útil” de sus contrariadas bases, por los enormes casos de corrupción en su gestión, “satanizando” a los demás. Esta estrategia les dio resultado, en la campaña anticomunista con la que llegaron al poder, misma que sigue golpeando al Frente Amplio -partido de la izquierda democrática costarricense fundado -16-Oct-2004- por las fuerzas progresistas del país hermano, mismo que no logró levantar vuelo en esta ocasión, tras sabotaje externo e interno y contradicciones no resueltas al momento de iniciar la campaña. 

Analistas del proceso señalan que la particularidad electoral costarricense, muestra proyecciones muy sorpresivas, sin grandes previsiones por tratarse de un país con añeja tradición “democrática”, de vanguardia en asuntos de derechos humanos, que goza de una amplia cobertura educativa, sin eventos violentos de consideración, incluso sin la penetración alta y creciente del narcotráfico, como se aprecia en otros países de la Región. Empero, tal cosa tiene mucho de imaginario, es parte del mito que se mantiene sobre Costa Rica. Lo que sucede actualmente es inesperado, si no se vienen siguiendo con atención las tendencias económicas, políticas y culturales del país. Ver: https://es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_presidenciales_de_Costa_Rica_de_2018

 

¿Qué está sucediendo en Costa Rica actualmente? El pequeño gran país –alguna vez considerado la Suiza de América- sufre de las tendencias globalizantes de radicalización del discurso de la derecha, coludida con intereses extranjeros; la intromisión de capitales narcos, documentados por los organismos internacionales que analizan tales situaciones, es constante y consolidada; la embestida ideológica de grupos neo-integristas (Opus Dei) y neo pentecostales, se dejó ver claramente durante el proceso eleccionario; el ataque continuo a la institucionalidad y al Estado Social de Derecho (desde la corrupción rampante en todos los órdenes de gobierno y en sociedad, hasta el discurso que desconoce la separación de poderes). Ver: Chester Urbina Gaytán. https://www.google.com.mx/searchq=Ingerencia+de+la+iglesia+en+el+proceso+electoral

+costarricense&oq=Ingerencia+de+la+iglesia+en+el+proceso+electoral+costarricense&

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También se sufre la alharaca verbal con violencia creciente y la tesis de la necesidad del “hombre fuerte”, legitimados ante la impunidad; la actitud no homogénea y la tibieza del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE), que soslaya preceptos constitucionales (prohibición de partidos confesionales y la utilización de juicios religiosos en elecciones); en lo financiero, la reacción de la banca estatal que sabotea la transparencia en el financiamiento a los partidos, entre otros asuntos. Todos estos temas, que merecerían un análisis exhaustivo, confieren situaciones de alta preocupación por el desempeño de quienes tienen en sus manos el proceso electoral. Es allí donde la oligarquía apuesta por una intensa campaña para, al menos, despolitizar -en la práctica amedrentar- a la población y bajar la intensidad del proceso electoral para aumentar el abstencionismo, siempre útil a los grupos en el poder. 

Hace 4 años, por 1ª vez en Costa Rica -desde el fin de la guerra civil de 1948- la izquierda creció en su manifestación política, considerándole  un peligro real para el modelo socioeconómico imperante, quedando como la 3ª fuerza electoral (posterior a una lucha unificada de todos los demás partidos y cámaras empresariales contra el Frente Amplio, al ubicarse momentáneamente en el primer lugar de intención de voto), lo que favoreció que ganara la presidencia por primera vez un partido denominado de “centro” fuera del bipartidismo que proverbialmente alternaba el poder.  

 

El cambio de actores en el gobierno no tuvo transformaciones: el neoliberalismo continúa, junto a políticas anti-ambientales, represivas, fortaleciendo la corrupción, que burló, como nunca, la institucionalidad en los tres poderes de la República (el denominado caso del CEMENTAZO que es en realidad un conjunto de casos de robo y desfinanciamiento de la banca estatal). Hubo mejoras en cuanto a los derechos humanos de la población LGBTI pero graves e incesantes retrocesos en áreas, como las mujeres (campesinas, obreras, indígenas), y en educación. El extractivismo y la desnacionalización montaron sus reales en el territorio de Costa Rica. Ver:

http://www.estrategiaynegocios.net/lasclavesdeldia/1122530-330/primeras-detenciones-por-cementazo-en-costa-rica-gerente-del-bcr-e-importador  

Se comprueba que la oligarquía puede controlar, con insólitas formas, la misma política territorial, abandonando u oxigenando la presencia corrompida de los partidos tradicionales, junto a la actuación de nuevos grupos de poder económico que se abren paso en busca de territorio y concurrencia. También funcionó introduciendo actores capacitados para inmovilizar ejes de articulación de las izquierdas y otras fuerzas progresistas, como: las que impulsan la ecología y diversidad sexual, “satanizadas” por grupos fanáticos al estilo Trump, transformando el discurso “políticamente incorrecto” fuera de norma, en un estilo atractivo para los sectores más excluidos, aunque no haya ofertas reales de solución a sus problemas. 

Veamos también el poder de los grupos religiosos de inspiración Opus Dei o las franquicias norteamericanas de iglesias, de la teología de la prosperidad (neo pentecostales). Estas muestran su fuerza social y económica, presentándose como un actor nuevo y poderoso, que podrían influir, incluso definir la política nacional, tal y como lo realizan de manera calamitosa en países como Brasil, Honduras o Guatemala y presionan de algún modo, en los procesos electorales del resto de Latinoamérica y el Caribe, en virtud de que manejan recursos de diversa índole, con los que impulsan candidaturas afines a los intereses de esas congregaciones y grupos de poder. 

A eso debe adicionarse que, en Costa Rica el monopolio de medios de comunicación es agudísimo. Se conoce un cerco informativo enorme y las redes, a pesar de la conectividad alta existente, no logran desintegrarlo. Se considera que ello se debe a que, el crecimiento del ciber-activismo, viene montado en la deserción de la movilización popular y la desmembración organizativa. Ello ocurre por los resultados no muy apreciados del 1er gobierno no bipartidista, y las debilidades ideológicas y organizativas de la izquierda política, que surgen desde la división del Partido Comunista histórico (1983), a pesar del importante crecimiento del Frente Amplio, que agrupa a casi todos los movimientos históricos y nuevos de la izquierda costarricense. 

Lo expresado anteriormente no implica el olvido de los partidos políticos como ejes del avance a la democracia y el avance de esta –aunque mal suene- a una democracia representativa, incluyente, defensora de el hábitat de su territorio y del buen aprovechamiento de sus recursos para el bienestar de toda su población.. Pero para que ello ocurra hay que trabajar mucho y acentuar una educación de excelencia –la de calidad nos iguala a los bienes producidos por la agricultura y la industria- Por ello habrá que consolidar el rol de los partidos políticos en nuestras democracias, evitar su repulsa, si bien sostener su desaprobación, para constituir un sistema de partidos adecuado a los intereses más sentidos de la población. 

Los movimientos sociales y los grupos de interés o presión, pueden ser parte de algunos partidos cuando estos representan los intereses de grupos mayoritarios, del campo o de las ciudades. De aquí surgen los llamados partidos-movimiento. Pero también dichos movimientos u organizaciones pueden representar los intereses de empresarios o ciudadanos, que manejan temas específicos de su preocupación, cumpliendo un papel primordial en el terreno institucional, correspondiente al sistema económico, que es mayoritario en la Región. Funcionan estos grupos, como auxiliares en tareas como la incorporación y establecimiento de élites, preparación de leyes y puesta en marcha de políticas públicas, entre muchas más tareas que pueden desarrollar. 

Con esas ideas retornemos al evento electoral de Costa Rica. En la 2ª vuelta, el progresismo parece no tener mucha oportunidad. Apenas si una intensa y presionada negociación, con alguno de los dos candidatos que pasaron al nuevo balotaje, de preferencia con el que aseguren el impulso a sus principios doctrinales y la conversión a políticas públicas, de lo más sustancial de sus compromisos con la población, podrá salvar la cara de los partidos y grupos de vanguardia, preparando una oportunidad para resurgir y vencer en las urnas. Esperemos la conformación de los agrupamientos de partidos y grupos que definirán el rumbo de Costa Rica, la democrática nación centroamericana.  

(Continuará)

 

Correo electrónico: v_barcelo@hotmail.com  Puebla, Pue.

    


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