Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

DESMADRE NAVIDEÑO

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 18-12-17)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

 

Mientras, la veracruzana Salma Hayek (actriz y productora) manifiesta que el acoso sexual ha dañado y daña a millones de mujeres, y que es una práctica demasiado grave como para acabar siendo banalizada por escándalos televisivos y protagonismos interesados, relata las múltiples y abusivas trabas, relacionadas con la película sobre Frida Kahlo, y otras maniobras, invitaciones y agresiones en busca de forzada satisfacción sexual del productor de Hollywood Harvey Weinstein. De eso se dice que el presidente estadounidense Donald Trump, sabe mucho.

Por otra parte, en el ya próximo desmadre de los festejos navideños, la orden ejecutiva de Peña Nieto a sus operadores legislativos, para sacar adelante la ley de seguridad interior (LSI) a cualquier costo político no fue una ocurrencia ni una obsesión frívola. Todo lo contrario, los secretarios de la Defensa Nacional y de la Marina lo apremiaron, en tonos distantes de la neutralidad política que por institucionalidad deberían mantener, a que dicha ley fuese autorizada en esta frígida temporada. No es exagerado decir que Peña Nieto como jefe supremo de las fuerzas armadas, ha actuado bajo un virtual ultimátum de los jefes militares que en teoría le deben obediencia irrestricta pero no la practican por castrenses razones.

Tampoco se trata, como mucho se ha argumentado, de legalizar lo que hasta ahora esas fuerzas armadas han realizado de manera ilegal (acciones violentas, sin sustento jurídico), que en un país en el que si hubiera estado de derecho, deberían llevar a la imposición de castigos a los responsables, civiles y militares, de violar la ley de manera sistemática con secuelas desastrosas para la población. El objetivo de la LSI está en el futuro inmediato: las fuerzas armadas contaran con el marco jurídico adecuado para actuar contra el crimen organizado, cuyos nexos y beneficios alcanzan a los poderes políticos y forman un binomio mutuamente protector, pero sobre todo, podrán actuar contra los previsibles estallidos de inconformidad social por motivos económicos, políticos y electorales.

La gravedad del tema ha dejado en segundo término la polémica suscitada por la alianza electoral entre el movimiento que reclama la regeneración nacional pero que recolecta indiscriminadamente a personajes políticos distantes de las posturas iniciales de Morena, y el añadido Partido Encuentro Social (PES) de derecha extrema, opositor desbocado  a la legalización del uso de la mariguana, de la interrupción voluntaria del embarazo y del matrimonio entre personas del mismo sexo. Un partido político que con su bagaje conservador y un historial en el que se cuentan patrocinios y relaciones con miembros de la élite política hidalguense, en particular con Miguel Ángel Osorio Chong, a cuyo supuesto enojo por el destape de José Antonio Meade se le carga la búsqueda de una alianza extraoficial muy práctica aun cuando también provoca objeciones la textura real del Partido del Trabajo, teóricamente de izquierda, pero cargado de un pragmatismo mercantilizado.

La mayor preocupación respecto a la coalición denominada Juntos Haremos Historia (Morena, PT y PES) se refiere a Encuentro Social. El revuelo adverso causado por esa asociación con el PES podría ser frenado (Morena cedió 25 por ciento de las candidaturas federales de mayoría al PT y otro porcentaje similar al PES), pues López Obrador sólo firmó el acuerdo con los otros dos partidos a título casi individual, por estar en tránsito de la presidencia de Morena a la precandidatura presidencial.

En el escenario de la Ciudad de México (CDMX), donde existe el riesgo de que caiga en un quiebre financiero el próximo año ante las presiones que generan la reconstrucción y el calendario político electoral, el panorama no ha cambiado, tal vez sea porque los partidos de la derecha no han presentado un candidato que convenga a la gente de la ciudad, desde que en 1997 Cuauhtémoc Cárdenas ganó la elección, pero lo que sí es seguro es que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, su orientación política y sus resultados aún pesan, definitivamente, en el electorado. La derecha priísta supone que un nuevo nombre para la candidatura limpia la memoria negra que se tiene en la capital del país sobre su permanencia en el poder, y otra vez se equivoca. El joven Mikel Arriola no sólo no conoce la ciudad, también es ignorante del partido que lo postula, o cuando menos eso aparenta. 

Durante la semana se lanzó a pedir posada, a la sede de la Confederación Nacional Campesina, y sin ambages dijo que era esa confederación la que había mantenido la fuerza de la organización en la ciudad, cuando la CNC no tiene ni representante en la capital. Peor aún, afirmó que los triunfos del PRI en tres delegaciones se debieron al actuar del grupo partidista campesino, cuando es sabido que, por un lado, hubo ayudas extrapartido que aportó para esos triunfos, y por otro, que la única fracción del PRI que trabajó en esos lugares fue, precisamente, el movimiento territorial, y no el campesino.

No se le puede pedir a un no priísta que conozca la historia de ese partido, y menos cuando la candidatura nada tiene que ver con la presencia política o burocrática de Arriola en la Ciudad de México. Pretender que se puede ganar a partir de encuestas prefabricadas o de la realidad virtual salida de las computadoras es otra de las perversidades priístas que muchas veces matan lo que podrían ser grandes carreras políticas. Para el PRI no hay augurio bueno si se considera como meta ganar la jefatura de Gobierno, pero mucho harán los protagonistas de esta aventura si logran que su partido llegue a un tercer lugar, después de presentar una candidatura débil que se encapsula en los reductos del partido, y que parece temer, quizá por desconocimiento, a salir a las calles de esta ciudad.

Para el PRD y para el PAN la mezcolanza política que hicieron con su frente es un hecho histórico. Pero para el PRD, además de histórico es irresponsable, porque la historia, con nombre y apellido, recordará que fueron ellos, los actores de este capítulo de la contienda por el poder, los que han querido llevar a la derecha a la Presidencia de la República, con todo lo que eso significa. Eso lo tendrá que calificar el relato de estos días como una irresponsabilidad del PRD, que, en esta ciudad, perderá aunque gane. Y es que en ese escenario le tendría que abrir espacios a los azules, que por sí solos nunca podrían alcanzar, cuando menos por ahora.

Lo que parece que nunca se entendió por parte de los de color amarillo es que en la Ciudad de México hoy no se habla de que el PAN se haya ladeado a la izquierda, pero sí se asegura que el PRD se contaminó de derecha y por ello, no se votara por ella, lo cual seguramente quedará refrendado en las elecciones que vienen.

Por lo pronto, feliz desmadre navideño y hasta el próximo año.

 


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