Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

DESPUÉS DEL SISMO

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 06-11-17)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

Ya nada es lo mismo después del sismo, algo cambió de fondo en el ánimo nacional, pero aún no tiene cauce ni forma colectiva; tampoco hay indicios confiables respecto al sentido que ese nuevo ánimo tomará ante las urnas el año próximo. Diferente a otros movimientos telúricos que ha sufrido la ciudad, el sismo ocurrido hace 47 días, cambió el ritmo de la metrópoli y de algunas regiones del país, alteró todo, puso a prueba a gobernantes y a gobernados, y generó efectos diversos, unos reales y visibles, como grietas en paredes, libros caídos en bibliotecas, vidrios rotos, tuberías dislocadas por todas partes y, otros, lo peor: temor, angustia, incertidumbre y sensación de inseguridad.

El sismo cimbró a las instituciones y dejó al descubierto la incapacidad de los gobernantes para vincularse de manera auténtica con la población: El jefe de Gobierno capitalino, Miguel Ángel Mancera, rebasado, frío, temeroso y sin conexión con la gente. Enrique Peña Nieto, muy activo en términos propagandísticos, mediáticos y ceremoniales, pero incapaz de poner con seriedad su pie en territorio abierto. Secretarios de Estado y gobernadores de Oaxaca, Puebla, Chiapas, Guerrero y el estado de México, en similares tareas de simulación, junto con el de Morelos, Graco Ramírez, y su esposa, para ubicarse en la cresta del oportunismo, la marrullería electoral y el consiguiente rechazo social.

El sismo, y la necesidad de cuantiosas sumas para enfrentar sus consecuencias, pusieron de manifiesto el despilfarro de dinero público para partidos y elecciones. El sistema demostró que sus fines y sus resortes de acción poco tienen que ver con la solidaridad y la colaboración; gobiernos y grandes empresas, buscan lo suyo, mantuvieron sus rutinas, repitieron vicios, engaños y codicia; en poco o en nada han contribuido a reconstruir, aliviar, apoyar. El mismo día del temblor y los subsecuentes, se anunciaron donativos millonarios, de ellos pocos, los que no pasan por los filtros burocráticos, han llegado a los necesitados que fueron afectados en sus viviendas. En varios estados y en la capital del país se ha autorizado endeudamiento público para la reconstrucción, lo que será preciado botín para bolsillos particulares y para clientelismo electoral en 2018.

En Ciudad de México, se descubrió que los daños inmobiliarios están relacionados con la voracidad e irresponsabilidad de muchos constructores y con el sistema corrupto de autorizaciones y concesiones por parte de autoridades del gobierno central y los delegacionales, no hay uno solo encarcelado. Los sobrevivientes de los edificios derrumbados o inhabitables ahora se enfrentan a las injusticias del neoliberalismo. Por doquier escuchan que el Gobierno de la Ciudad de México no ha recibido ni un solo centavo para los trabajos de reconstrucción del Fondo de Desastres Naturales (Fonden), que según Mancera es un entramado burocrático, un trabuco jurídico, normativo y administrativo diseñado para que se tarde una eternidad en llegar. En ventanillas hay filas interminables, formularios a llenar, acreditar identidad y propiedad con documentos quizá perdidos en el desastre. Los burócratas en su escritorio no hacen sino dar evasivas, pedir espera y paciencia y reiterar promesas.

Después del sismo, los jodidos se dieron cuenta que están más jodidos, fueron víctimas de constructores y funcionarios corruptos, compraron hipotecas caras para tener un patrimonio en condominio; se obligaron a pagar seguro de vida y de daños no a su favor, sino del banco; su falta de experiencia en estos negocios los hizo morder el anzuelo, su sacrificio enriqueció a los inversionistas. Hoy están literalmente en la calle, sin ropa, muebles ni documentos, pero con una deuda sobre sus espaldas que crece en lugar de disminuir y el banco cobrará si se produjo la muerte y tratará de percibir si se trata de un sobreviviente y si no se paga y el deudor ya no tiene otros bienes que le quiten, pasa a la lista negra del Buró de Crédito. Una verdadera infamia, como lo es la nueva ley de ingresos aprobada en lo general por la Cámara de Diputados y que se aplicará el año venidero. En ese acto, quedaron plasmados los riesgos de un nuevo gasolinazo, como el que a inicio del presente año desató turbulencias sociales en varias partes del país, y de ajustes en el impuesto sobre la renta a personas físicas, conforme avancen los índices de inflación. En el esquema volátil también debe apuntarse el curso casi agónico de las negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. El último día de noviembre, además, dejará Agustín Carstens el Banco de México y su relevo tendrá como telón de fondo las definiciones respecto a la candidatura presidencial de los del partido en el poder. ¿Son acaso secuelas del sismo?.

 


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