Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

EPICENTRO EN WASHINGTON

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 16-10-17)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

Concluye la historia de las relaciones de México con Estados Unidos que nuestro País ha sido, en el mundo, el más agredido por Estados Unidos y que la potencia imperial del norte ha sido, es y seguirá siendo la más grave amenaza a la seguridad nacional y la independencia de nuestro país. Los escenarios históricos nos conducen por desastres, infortunios, masacres, desestabilizaciones, distorsiones y conflictos políticos, económicos y sociales que el poderío imperial de Washington ha causado en este país desde que se llamaba Nueva España y hasta la fecha.

 

No fueron sólo la guerra y el saqueo territorial, sino también la permanente injerencia en los asuntos internos, la intriga sistemática, el debilitamiento deliberado del país y la recurrente imposición de contratos abusivos en materia agrícola, comercial, industrial, y de telecomunicaciones, tan jugosos para empresas gringas pero tan lesivos para la soberanía nacional y la población mexicanas. En todos los casos, los gobernantes mexicanos del ciclo neoliberal han formado  parte de la agresión, la intervención y el programa de sometimiento colonialista que está en curso desde el siglo antepasado. En concordancia con ese papel, las sucesivas presidencias de México (desde Carlos Salinas hasta Peña Nieto), han procurado borrar del registro las agresiones y las amenazas y han difundido un discurso oficial en el que Washington aparece disfrazado de socio, amigo, aliado y buen vecino.

 

Este discurso obedece al proyecto histórico de los neoliberales mexicanos; su negocio es convertir el país en una economía integrada a la estadunidense, proveedora de mano de obra barata, materias primas y, en fechas recientes, ganancias derivadas del tráfico de drogas, todo ello en un esquema de creciente control corporativo de los negocios correspondientes. La principal columna vertebral de este proyecto ha sido, desde 1994, el Tratado de Libre Comercio, un instrumento que permite el libre paso de capitales, mercancías y drogas, pero no de personas, y que representa un enorme subsidio de México a Estados Unidos por la vía de la mano de obra barata o, más bien, abaratada por el régimen político mexicano.


 

En el curso de la semana, inició en Washington la cuarta ronda de negociaciones del acuerdo trilateral, aunque antes de su comienzo formal el energúmeno de la Casa Blanca se reunió con el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, con quien afinó los puntos de encuentro para concretar un eventual acuerdo comercial bilateral; es decir, con ganas de retomar su punto de partida: el tratado de libre comercio entre Estados Unidos y Canadá que arrancó en 1988, y que a la postre sirvió de base para el armado y puesta en marcha de lo que desde enero de 1994 se conoce como TLCAN, el mismo que, todo apunta, está muy cerca de su desenlace final. Trump decreta el fin del triángulo amoroso, se queda con la novia más guapa y corre a México del TLCAN –con la venia canadiense– el panorama económico interno, de por sí no muy grato y en pleno ambiente electoral, se pondrá más intenso que el color de hormiga.

 

Trump, dice que ahora todo sería bilateral… sin que México cuente con su propio acuerdo, a menos, claro está, que el equipo del plan B ceda en absolutamente en todo lo que se le exige. Los empresarios gringos han puesto el grito en el cielo y protestan por la agresión de su presidente, pero su reacción es más que obvia, porque son tales los beneficios que a lo largo del TLCAN les ha dado el gobierno mexicano que a estas alturas no sólo resultan los más favorecidos del acuerdo comercial sino los principales exportadores mexicanos (como Ford, Chrysler, General Motors, Hewlett Packard, etcétera) en un mercado cada día más concentrado en unos cuantos consorcios, foráneos la mayoría de ellos. De acuerdo con la versión de los negociadores mexicanos, el equipo mexicano, no ha podido detener la avalancha Trump.

 

El aprendiz de canciller Videgaray, mantiene la boca cerrada, pero el secretario de Economía, Guajardo, con más entusiasmo que datos duros, todavía mantiene la esperanza y asegura que el desajuste o daño que a corto plazo ocasione el TLCAN a la economía mexicana, a las inversiones y comercio, puede ser controlable, pero se deben evitar sobrerreacciones en los mercados financieros y liberar nuevos sectores que permitan rápidamente integrarse a la economía mundial y compensar en el corto plazo el desajuste que pueda tenerse en este proceso. El cómo y cuándo no lo dice.

 

En Washington, donde se gesta el epicentro de este sismo, Robert Zoellick, ex representante comercial de la Casa Blanca, consideró que existe 50 por ciento de probabilidad de que el presidente Donald Trump retire a Estados Unidos del TLCAN en un año. Hay un riesgo muy serio, dependiendo de qué pasa con la popularidad de Trump y de las investigaciones (sobre Rusia). Lamenta que si no se frena a Trump se corre el riesgo de destruir una política bipartidista de décadas para crear un vecindario fuerte y saludable, así como la cooperación en temas como inmigración ilegal, crimen organizado, narcotráfico, contrabando de personas y lucha antiterrorista.

 

Estados Unidos quiere que otros países abran sus mercados, pero no quiere ser constreñido por reglas, sobre todo aquellas en torno al comercio digital y a las industrias energéticas, sectores que no fueron considerados cuando se firmó el acuerdo para entrar en vigor en 1994 y que juegan un papel importante en la actual coyuntura económica. A pesar de todo, se dice que tal vez sea posible, alcanzar acuerdos aceptables y acordes a los intereses nacionales; pero en tanto sean los hombres de peña Nieto los que se sientan en la mesa de negociación México estará indefenso, vulnerable y condenado a suscribir los términos más desfavorables y dañinos para su economía, su territorio, su futuro y su gente.

 


volver al homepage
HOMEPAGE


LINEA DIRECTA GERARDOREYES.COM DERECHOS RESERVADOS.   regg48@hotmail.com