Linea Directa


 

DE QUE LA PERRA ES BRAVA...

Por Gerardo Reyes Gómez (LD  09-10-2017)  

 

Todos los mexicanos con más de una de una neurona, en medio de las orejas, sabemos de sobra que los problemas endémicos de la sociedad política mexicana son la corrupción y la impunidad. 

Ante la amenaza que siente el actual régimen federal al aproximarse las elecciones del próximo año, la dirigencia política de Peña Nieto pensó, ilusamente, dar un atisbo de esperanzas y trató de hacer creer a la sociedad que el grupo que detenta el poder presidencial sí sabe lo que a México le duele.  

Ante los temores de que le restrieguen en la cara la impúdica y vergonzante corrupción a que ha llegado la política emanada de Los Pinos en todos los ámbitos nacionales, el gobierno planteó una estrategia dirigida a aceptar que algunos de sus miembros, de segundo plano, claro está, son corruptos y los lanzó al centro del circo, para que los hicieran garras. 

Así un periódico prestigiado de circulación nacional publicó, el pasado sábado en su primera plana, que cayó el octavo gobernador en el sexenio acusado por peculado y corrupción. Claro que ni son todos los que son y ni siquiera los que están. Todo correspondió a la estrategia promovida por Los Pinos, pretendiendo de ésta manera  continuar dando atole con en el dedo a la inocente sociedad mexicana. 

La corrupción que proviene de las alturas del poder político hizo mal los os cálculos, porque todos sabemos que el flagelo político nace en las alturas del poder y que son tan corruptas las instituciones como los hombres que las detentan, ya que se dedican a robar todo lo que pueden.  

Así que ¿quién metería la mano al fuego para defender el mecanismo que mina corruptamente a los mexicanos? ¿Quién se atrevería a negar que no existe corrupción en el Poder Legislativo y Judicial, como en el mismísimo Poder Ejecutivo, el cual  que utiliza esos instrumentos para someter a los mexicanos, sean civiles, independientes o militares? 

La corrupción no existe por creación espontánea, ni se recrea en casi todas las instituciones federales por arte y milagro propio, ni respeta espacios de limpieza técnica, las reglas éticas recibidas de nuestra tradición histórica. Sin embargo, la maldita corrupción está ahí, penetrando por todos los resquicios que existen en nuestras estructuras públicas y aún privadas. Al régimen de Peña Nieto no le gusta el tema, es más se ha referido abiertamente a la clase privilegiada de la sociedad en esos términos y no puede salvar su responsabilidad. Son demasiados los hechos que la corroboran, que la solapan, que la arropan y provienen de las alturas del poder. Los de abajo, son víctimas y algunos hasta beneficiarios del sistema, pero no se salva, nadie del maldito caldo de cultivo que les crea el actual sistema político mexicano. 

Han llegado a afirmar los priístas que "la corrupción somos todos", pero esa es una muy lamentable mentira, porque los super corruptos son ellos. 

Señor Peña Nieto, que no le digan, que no le cuenten lo que les conviene a sus socios, porque usted representa la más clara opción de corrupción del sistema político nacional. 

Estamos de acuerdo en que México, no es el país más corrupto del planeta pero, lo cierto es que aquí, no cantamos mal las rancheras.

 


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