Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

MILLENNIALS, LUCHA GENERACIONAL...

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 02-10-17)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

Nacidos entre 1980 y el año 2000, crecen y se desarrollan principalmente con ayuda de la tecnología, el Internet y los dispositivos móviles, son ampliamente criticados en el terreno político, porque parece no interesarles la política y no salen a votar como muchos esperarían que lo hicieran. En el terreno económico, porque no están dispuestos a trabajar largas jornadas casi a cualquier precio como hicieron sus padres, y porque según esa lógica, estos jóvenes, los Millennials, son los culpables del ascenso de Trump, de los males del mundo y de la lenta recuperación económica de nuestro país. 

Los recientes sismos que sacudieron a México nos demostraron que el mundo virtual en el que viven inmersos varias horas del día van más allá del mero entretenimiento, las dinámicas horizontales que posibilitan las redes sociales les ha permitido ver la economía y la política de manera distinta y practicarla. El contundente rechazo a las viejas formas políticas para administrar la ayuda a los damnificados fue una muestra clara de cómo los Millennials entienden la política: Sin  parloteo, democracia por objetivos y gestión directa, sin larguísimos discursos, solamente 140 caracteres para objetivos muy concretos y para imaginar lo que debe ser la economía, donde sus ideas tienen que ver más con la gestión directa que con los ritmos y jerarquías de una burocracia piramidal. Y ni qué decir de las cuestiones religiosas: un número considerable de Millennials católicos son muy distintos a sus antecesores de hace medio siglo: están en favor de los matrimonios gays, consumen sin mayores remordimientos la píldora del día siguiente y abominan las corridas de toros, las charreadas y los desfiles militares.

Pasan a la acción en cuestión de minutos y transitan con mayor rapidez y constancia por los corredores digitales que por las calles de cualquier ciudad. Son hijos de la aldea global. En estos momentos de angustia, ninguna marcha, plantón o antesala legislativa ha sido más eficaz para obligar a los partidos políticos a renunciar a los recursos públicos para destinarlos a los damnificados por los sismos, que las manifestaciones digitales de los llamados Millennials; no existe mejor estrategia contra políticos que intentaron medrar con la ayuda a damnificados que los reclamos publicados en las redes sociales hace unos días. Si al iniciar el siglo los grandes medios tradicionales de información desdeñaban a las redes sociales, hoy en buena parte se alimentan de ellas.

Es cierto que por las redes con frecuencia corren falsedades pero, por su estructura horizontal, el flujo de la información también se corrige con la misma rapidez. ¿Y no es cierto que la post verdad también se ha incubado notoriamente en los medios tradicionales? La rumorología anónima incluso tiene nombre: se le llama trascendido o información bajo reserva. En el centro de la tragedia, los Millennials fueron el mejor equipo de reporteros porque estaban en todas partes transmitiendo en vivo o dando cuenta de la tragedia. Fueron el mejor termómetro para medir la salud de una ciudad rota. Más que ayuda en general pedían herramienta de corte en algunas zonas, y en otras más, víveres, medicamentos y comida para mascotas.

Contra el centralismo y la burocracia los Millennials propusieron, con hechos, la horizontalidad como punto de partida para una sociedad más compleja. Han hecho del No su mejor política: No al centralismo autoritario en la vida pública, No al mito de la producción infinita como herramienta del progreso, No al maltrato contra los animales sean en rodeos, circos o sacrificados mientras comen como ocurre en los ranchos de leones, No a los feminicidios, No a la discriminación por las preferencias sexuales, No a gobiernos corruptos.

Para recuperar la confianza perdida, la clase política y las instituciones deben encontrar nuevas formas para integrar a los jóvenes a la vida pública y ver la posibilidad de un uso del poder realmente democrático. Su espontánea participación para rescatar pueblos y ciudades afectadas por los temblores debería ser el principio para la reconstrucción no sólo de una ciudad o algunas poblaciones sino para construir una política más cercana a las personas y más lejos de las estadísticas. Ya quedó claro que de nada sirve darles prebendas, espacios en medios electrónicos o integrarlos a esa política a la antigüita basada en el ejercicio del poder patrimonialista.

Stieg Larsson y el hacker Julián Assange nos hicieron ver hace unos años que no vivimos un cambio de generación sino de época por las nuevas tecnologías, donde las viejas formas no son el mejor camino para moverse por el mundo. La lucha generacional avanza, hágase a un lado o si lo prefiere oríllese a la orilla que las redes sociales han cobrado fuerza. 

 


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