Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

¿QUIÉN  DA MÁS?

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 02-10-17)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

Justamente cuando el sistema político pretendía llevar en sus términos acostumbrados una edición más de los procesos de convalidación denominados elecciones, la conjunción de temblores, inundaciones, corrupción e impunidad, todos ellos, factores negativos, explotaron cuando la intensidad del sismo ciudadano sobrepasó con creces el movimiento telúrico del 19 de septiembre y sobre todo, cuando la narrativa de los candidatos, las campañas y los comicios sonaron a broma de mal gusto ante la dimensión de las tragedias y la alta probabilidad de que los grupos en contienda sólo pueden ofrecer cambios cosméticos y provisionales.

Hicieron explosión justamente cuando mujeres y hombres se movilizaron con plena conciencia de las tareas inmediatas por emprender, haciéndonos ver la contundencia de su torrente solidario que arrasó a su paso la indiferencia, el egoísmo, la abulia y cualquier noción de aceptar un destino trágico, desatando un movimiento auténticamente democratizador que remueve anquilosadas estructuras políticas y sociales.

Ante los efectos del sismo ciudadano, las cúpulas de los partidos políticos que integran el sistema legislativo nacional, discuten sus propuestas para responder a la sociedad agraviada, por los excesos de quienes dicen representarla y pujan en una batalla simulada para ver cuál ofrece mayor porcentaje del presupuesto que les asigna el Instituto Nacional Electoral (INE) y que se destine a tareas de reconstrucción. ¿Quién da más? Porque cuando sobreviene un desastre natural, no son los peligros para la población lo que les preocupa, sino lo que realmente inquieta al poder es el desorden social y su ingrediente subversivo, aunque los vulnerables puedan morir o perder su casa. Los pobres serán desde ahora parte de la estadística de vulnerables y damnificados. Lo más apremiante no son sus necesidades y heridas, lo principal es regresarlos a la rutina de la subordinación, al fin y al cabo, la reconstrucción de la ciudad se llevará a cabo después y una vez que se regrese al orden social que existía antes de la catástrofe.

¿Quién da más? Porque lo cierto es que el monto del presupuesto nacional dedicado a los partidos políticos es oneroso y ofensivo, dado que buena parte puede reasignarse a mejores causas. Los partidos políticos que sacudidos por el sismo han renunciado a cierta parte de los millones que les canaliza el INE y quieren darle distintos cauces a su donativo, bien podrían reconocer la madurez alcanzada por la sociedad civil y entregar los millones a organizaciones de ésa sociedad para que ellas implementen y vigilen su uso.

¿Quién da más? Porque en otras palabras, el sismo ciudadano demanda reconfigurar los sistemas de protección civil federales y estatales. La sociedad de ahora ha respondido de manera más tumultuosa que su antecesora. Es más informada, crítica, tiene a su disposición medios informativos que resquebrajan los cercos oficiales y oficiosos (las redes sociales han sido vehículos informativos efectivos, y en su mayoría bien usados). Todo esto puede cimentar una nueva cultura de responsabilidad ciudadana democrática, que influya en todos los órdenes de la vida cotidiana.

¿Quién da más? Porque este sismo ha evidenciado en toda su realidad la mampostería del sistema político gubernamental y partidista, echó abajo la escenografía de cartón piedra para mostrar las ruinas, los escombros del modelo caduco que, mal gobierna el país y justamente, cuando las incontables brigadas surgidas por todos lados para organizar acopio de alimentos, medicinas, herramientas, casas de campaña, transporte, difusión informativa y acciones de salvamento en sitios derrumbados, reflejan energía social que prácticamente nadie vislumbró que estaba lista para hacer erupción.

¿Quién da más? Porque si le quitan a los ladrones y corruptos lo que se llevaron, el pueblo quizá podría dar menos ya que  después del trauma inmediato del desastre, la población dañada y sus amigos y familias van a permanecer en el lugar afectado. A pesar de lo largo y penoso de la reconstrucción, no se va a cansar, no presentará el síndrome de la fatiga y no se va a retirar.

En síntesis, ¿Quién da más? Porque la población afectada tiene un grado de compromiso con la recuperación, muy superior al de cualquier autoridad que aparece en la estela de un desastre natural. Eso explica por qué surgen tensiones entre los equipos de rescatistas locales y voluntarios, por una parte, y las autoridades que con el disfraz de ayuda, llegan desde el exterior a la comunidad sólo para ser abucheados y repudiados antes de la foto publicitaria.

 


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