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¿UN COBARDE EN LOS PINOS?

Por Gerardo Reyes Gómez (LD  07-08-2017)  

La semana pasada el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, calificó como "cobarde" al presidente mexicano Ernesto Peña Nieto. Desde su punto de vista, y no tan alejado de la realidad, el mandatario venezolano hizo uso de su libertad de expresión.

Muchos estarán de acuerdo con el calificativo utilizado por Maduro y otros no, pero es un hecho que "a palo dado ni, ni Dios lo quita". Sin embargo, los ciudadanos mexicanos informados tenemos la convicción de que el calificativo del presidente venezolano resulta justo, suficientemente claro y razonable, porque se refiere a la relación de Peña Nieto con su postura adoptada ante las agresiones diplomáticas de Donald Trump a nuestro país. 

No debemos olvidar que las recientes agresiones de la política diplomática estadounidense en contra de Venezuela conllevan a la descarada intervención de los Estados Unidos en contra del mayor productor de petróleo latinoamericano. Dentro de los planes de EE.UU. están presentes las aviesas intenciones del coloso del norte, para hacerse del control mundial del llamado oro negro y para lo anterior le ha sido muy útil la postura del presidente Peña, quien se deja impresionar fácilmente por los métodos comunicativos circenses de Donald Trump.  

Lo que no están evaluando los colaboradores de Peña Nieto es que esa política de presión diplomática, además de burda y descarada va contra de la más limpia herencia diplomática de México. La república que servía de muro de contención en contra de las agresiones del imperio, destinadas a socavar los principios de autodeterminación de los pueblos latinoamericanos. De eso ni Luis Videgaray tenía noticia y por ello no pudo ilustrar a su jefe del abierto intervencionismo que siempre ha desplegado EE. UU. en contra de los pueblos latinoamericanos el imperio. 

Existe un dicho muy mexicano, y dice bien, "no nos hagamos que no nos queda". Todos sabemos que los apetitos del imperio son insaciables, sean de Trump, o cualquier otro presidente estadounidense. 

Si estudiamos cómo se dio el asunto del intervencionismo, del imperio, éste se presentó ahora, como otras veces ha pasado, incluso en nuestra historia. No podemos aceptar ser tan estúpidos como para ignorarlo, solo porque al señor Trump, se le antoja. 

Así es que, si el presidente de los EE. UU. quiere hacernos quedar mal con el resto de nuestros hermanos latinoamericanos, no lo vamos a tolerar. Preferimos mandar al Diablo a los políticos que viven al norte el Río Bravo pero, eso sí, mantener el respeto de nuestros hermanos de sangre e historia. 

Si Peña alcanzara la estatura de un paladín, entonces otro gallo cantaría y hasta podríamos olvidar el calificativo con que lo describió Nicolás Maduro, porque llevar el mote de "cobarde", no es nada agradable, si en verdad es un tipo bien nacido, como tampoco lo es el aspirante a la Presidencia mexicana, Luis Videgaray.

 


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