Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

LA TORTUGA INMOVIL.

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 24-07-17)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

Para sorpresa nuestra, a menos que reciba órdenes superiores, la tortuga justiciera no se mueve por más que se le presenten indicios, testimonios y pruebas. Como sabemos, en todo México, sus centros de readaptación social están llenos de violencia, coyotes y tortuguismo. Duermen profundamente expedientes que procesan múltiples actos delictivos que no parecen merecer mayor esfuerzo de la maquinaria judicial para la sentencia definitiva. La realidad tan cruda y crítica como siempre, nos lleva a suponer que la diferencia entre tratar casos de agentes, funcionarios o políticos agredidos, y tratar casos del ciudadano común, proviene solamente de la voluntad política superior.

 

Ella, con instrucciones precisas o un solo clic, puede mover milagrosamente al quelonio y resolver casos que son del interés de quienes tienen mando, los casos comunes quedan rezagados en el dormitorio. Tenemos dos ejemplos claros: primero el del exgobernador veracruzano Javier Duarte de Ochoa, recién llegado de Guatemala y segundo el tremendo socavón del paso Express de Cuernavaca.

 

En el primero, antes de su extradición a México, el tribunal guatemalteco ya le estaba preparando la alfombra roja de las celebridades, le informaron que las imputaciones en su contra se fundaron en los señalamientos y declaraciones que realizaron sus amigos y ex socios: Alfonso Ortega López; Arturo Bermúdez Zurita, ex director de Seguridad Pública de Veracruz y Juan José Janeiro Rodríguez. El primero, aceptó colaborar con la Procuraduría General de la República (PGR) y comenzó a proporcionar detalles de las operaciones que se realizaron para desviar recursos federales y estatales que estaban destinados a educación y salud; el segundo, se encuentra sujeto a un juicio por enriquecimiento ilícito en el ámbito local; y, el tercero, otro prestanombres, hizo un trato con la PGR y aceptó declarar contra su amigo el 2 de febrero de 2017.

 

Ellos conformaron una pandilla de operadores financieros que para ocultar el desvío de recursos públicos, adquirían con recursos federales y estatales asignados al gobierno veracruzano, bienes inmuebles en diversas entidades del país. Pronto por su colaboración, la justicia e impunidad a la mexicana, los convertirá en testigos de cargo y automáticamente gozarán de la protección judicial para no ser encarcelados. A nombre de Moisés Manzur están los bienes inmuebles asegurados, pero se considera que pertenecen al innombrable Duarte.

 

Destacan varios departamentos en el condominio Torre Pelícano, en el municipio de Boca del Río, así como los ranchos Macedonia, en el municipio de Tres Valles, un predio rústico en el municipio de Cosamaloapan; el rancho Las Mesas, en el municipio de Valle de Bravo, en el estado de México. Se relaciona también la adquisición de 21 parcelas del Ejido Lerma, en Campeche y de igual manera, el aseguramiento de cuatro departamentos en el condominio Finisterre, en Ixtapa Zihuatanejo, en el estado de Guerrero, pero nada se mencionó acerca de 112 cuentas bancarias relacionadas con Duarte.

 

Tras escuchar los señalamientos acusatorios, el abogado guatemalteco Carlos Velázquez Domínguez dijo a los magistrados de ese país: ‘‘Consideramos que las acusaciones incluidas en la solicitud de extradición no logran demostrar en qué momento existe un vínculo de Javier Duarte con los señalamientos por los cuales se pidió su entrega a México. Simplemente no indican claramente cuál es su participación en los hechos’’. Agregó: ‘‘Hay una persecución política porque tratan de darle el matiz de que se trató de desvío de fondos, pero las personas que aparecen (sus ex socios y amigos) no son familiares y no demuestran que existió alguna vinculación de Javier Duarte con quienes cometieron los delitos. Ya en el clímax de lo ridículo, Duarte declaró:

 

‘‘He decidido allanarme a la solicitud formal de extradición con relación a los delitos federales por delincuencia organizada y operaciones, ya que no cometí tales delitos’’. ‘‘La prueba está viciada, en ninguna aparece mi nombre ni de mis familiares directos; no fui ejidatario ni soy ni pienso ser ejidatario en ningún punto de mi país.  ¡Qué bueno para los ejidatarios!

En el segundo ejemplo, las empresas Epccor y Aldesa, constructores del Paso Exprés en Cuernavaca, Morelos, y Gerardo Ruiz Esparza, el titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), han declarado que no tienen vela en el entierro y que el socavón que llevó a los señores Juan Mena López y Juan Mena Romero a su muerte fue ocasionado por la erosión de una alcantarilla afectada por el exceso de basura (cochinos ciudadanos) y una acumulación extraordinaria de agua provocada por las intensas lluvias. Ridícula y burda explicación, lo cierto es que lo ocurrido no tiene madre, no hay ninguna razón por la cual las bolsitas de Sabritas, cervezas vacías y botellas de plástico aventadas por viajeros puercos pero felices camino a Acapulco, tendrían que terminar en la muerte de dos ciudadanos ejemplares.  

Sabemos que él hubiera no existe, pero si en México tuviéramos instituciones que funcionaran honestamente, empresas como las señaladas jamás hubieran recibido el contrato multimillonario del Paso Express. Y, si por azares del destino, Ruiz Esparza y su institución de burócratas, hubieran supervisado escrupulosamente la calidad de las compactaciones y los escurrimientos hidráulicos de la obra entregada, así como dado un mantenimiento riguroso a las alcantarillas colaterales, la tragedia no hubiera ocurrido. Finalmente, si después de que las victimas cayeran al hoyo, alguna autoridad local sin negligencia: Graco Ramírez o Cuauhtémoc Blanco los hubiera rescatado inmediatamente, ellos no hubieran muerto lentamente de asfixia, casi dos horas después del accidente. 

Pero, mientras el fantasma de los socavones recorre México por carreteras mal construidas, los negocios impunes y las arbitrariedades de autoridades y constructores sigue en aumento. El socavón nace como nuevo símbolo que resume este problema: Una obra magna carísima, pero hueca, alcantarillas y coladeras llenas de basura institucional, sin auxilio de nadie, nos asfixian en el sumidero de la corrupción y la impunidad.  

Para que nos hacemos pendejos, Peña Nieto y sus colaboradores, no han querido entender que la justicia debe ser pareja para todos y que anticipar, planear y prevenir las consecuencias trágicas de los fenómenos naturales puede evitar la pérdida de vidas inocentes. Si no son capaces de cumplir con su trabajo la única salida es su renuncia inmediata. La tortuga justiciera no se mueve, algún responsable tiene que haber.  

 


volver al homepage
HOMEPAGE


LINEA DIRECTA GERARDOREYES.COM DERECHOS RESERVADOS.   regg48@hotmail.com