Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

NO CUENTES CONMIGO

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 26-06-17)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

Desde hace buen rato, la diversidad de la sociedad mexicana, se ha caracterizado por profundas desigualdades sociales, regionales, económicas y culturales que disfrazadas de marginación, pobreza, desigualdad, inequidad, marginalidad, corrupción, impunidad, fraudes electorales y constante violación a los derechos humanos, le han dado forma al complicado y desorganizado desarrollo de México.  

Con cantidad de rezagos acumulados, muy pocos de los casi 40 millones de jóvenes en edad productiva pueden sortear los enormes retos que reducen prácticamente a nada, el umbral de las oportunidades de crecimiento que buscamos los mexicanos y particularmente los jóvenes. Por ahora, la ingobernabilidad, los engaños y los gobiernos corruptos les alteran las hormonas de la credibilidad y un buen número de ellos ya agotaron su paciencia cuando en búsqueda de trabajo, siempre escuchan lo absurdo “regrese mañana cuando tenga experiencia”. 

Y no es para menos, al 20% de ellos, es decir a unos 8 millones, se les ha llamado “ni-nis”, ni estudian ni trabajan, no se dedican a nada. El binomio globalización y desempleo, lo cambian fácilmente por falta de oportunidades y desaliento, la mayoría se sumerge en la profundidad de la indiferencia y quedan atrapados en la fantasía de los aparatos electrónicos de recreación y redes sociales que conllevan a la terrible obscuridad de “me vale madre lo que ocurre a mí alrededor, Guey”.  

Para los incomprendidos jóvenes, el entorno económico anula las ventajas relativas del pasado y tienden a igualarse como resultado de la apertura comercial. Para muchos, el término “globalización”, parece no tomar en cuenta las diferencias productivas y estructurales que enfrentan las nuevas generaciones y constituye un proceso irreversible que implica desempleo masivo y consecuentemente la falta de acceso a los servicios estatales de educación, recreación, salud y vivienda, que por incapacidad y raterías al por mayor, ya casi no los proporciona el Estado, sino la iniciativa privada, cuestionándose los resultados y altos costos. Para los jóvenes, carecer de estos servicios que influyen y determinan los complicados trayectos de vida de los individuos, hace que su camino cuesta arriba sea más resbaloso y su calidad de vida sea cada vez más cuestionable.

Hace años, al calor de la crisis internacional de la deuda, y de los subsecuentes programas de ajuste y cambio estructural, los países abrieron sus fronteras, al tiempo que redujeron sus aranceles de importación. Con la firma del Tratado de Libre Comercio para América del Norte, (TLCAN), el Gobierno Mexicano le apostó íntegramente a la globalización.  

Abrió sus puertas a la libre importación de mercancías, servicios, inversiones e, incluso, permitió el libre ingreso de trabajadores extranjeros encargados de administrar los intereses de las empresas a las que representan. Bancos, tiendas de autoservicio, empresas agroalimentarias, agroindustriales, farmacéuticas, de telecomunicaciones, de servicios, entre otras, tuvieron en nuestro país facilidades para ampliar su mercado sin restricción alguna, pasando por encima de los intereses de los sectores productivos que generaban la marginal riqueza de la población nacional. Los únicos que acumularon la riqueza, fueron los grandes corporativos, nacionales y extranjeros. Y lo siguen haciendo. 

Privilegiados por el Gobierno, generaron monopolios y en el menor de los casos oligopolios, así el país cuenta con pocas empresas que dominan las telecomunicaciones, los servicios financieros, los energéticos, los alimentos y los transportes, por mencionar algunas, quienes manejan a discreción la calidad y precio de los bienes y servicios que ofrecen. 

Con la ya inminente revisión y actualización de ese TLCAN, México, no debe dejar de lado a casi cuarenta millones de jóvenes, que son determinantes para el desarrollo del país, luchan por sobrevivir, pero a menudo ven reducidas sus expectativas y se conducen no al infinito ni al más allá, sino a una frustración que les produce serias consecuencias en los terrenos de la autoestima personal y el resentimiento social. He aquí algunos testimonios juveniles:

Gozamos de más acceso a educación, pero tenemos menos acceso a empleo; tenemos más información, pero menos poder efectivo; contamos con más expectativas de autonomía, pero poseemos menos opciones para materializarla; nos hallamos mejor provistos de salud, pero enfrentamos un vacío desde la perspectiva hospitalaria y la prevención de riesgos y enfermedades; parecemos ser más aptos para el cambio productivo, pero nos encontramos excluidos de éste, hemos expandido el consumo simbólico (mayor acceso a educación formal, medios de comunicación, mundos virtuales y a los íconos de la publicidad), pero hemos visto restringido su consumo material (la pobreza juvenil no se reduce y disminuyen las fuentes de generación de ingreso), finalmente, vemos que se produce en nuestro país, un contraste entre protagonismo, por una parte, y precariedad por otra. 

Los jóvenes mexicanos, saben bien que ser joven es formar parte de una etapa de aprendizaje y preparación para las responsabilidades de la vida adulta. Pero saben también que en la adversidad, se ven obligados a trabajar en condiciones insatisfactorias en la economía informal. Muchos no terminan la educación básica y miles son rechazados por el nivel de educación superior, también muchos que hicieron un largo recorrido por la escuela no tienen acceso a un empleo formal y automáticamente se les niega la protección social y el crédito para la vivienda, ampliándoles el panorama del futuro incierto

El gobierno de Peña Nieto ya no hizo nada al respecto, debemos confiar y exigir a quien llegue a gobernar a partir del 2018, que ponga mayor atención en los jóvenes, que genere oportunidades, que no les cierre las puertas del conocimiento y que reconozca que en el México actual, ya no se vale concebir como destino tradicional y dominante para llegar a la vida adulta, responsable y capaz la trayectoria “familia-escuela-empleo-participación social”. Este frágil circuito sin darnos cuenta, se ha quebrado totalmente.

Bajo este precedente, los jóvenes de hoy con toda razón afirman: no cuentes conmigo y los de mañana, ignoramos realmente que dirán.

 


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