Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

QUE SE VAYAN PARA SU CASA

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 19-06-17)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

Después de lo ocurrido en los comicios estatales de principios del mes, realizados en Coahuila, estado de México y Nayarit, así como en los municipales de Veracruz, resulta inevitable concluir que los procedimientos y los organismos electorales que regulan la contienda, están muy lejos de la normatividad democrática. Y es que lo que pasó no queda ahí en el anecdotario de las atrocidades de la democracia prostituida, sino que promete que esa, la que vimos y vivimos en el estado de México, se convierta en el protocolo de la competencia electoral del 2018, donde ganar o perder, nada tendrá que ver con el proyecto de gobierno que proponga un candidato, ni de la solvencia política de los partidos que los postulen. En el negocio del poder, como en otros muchos ámbitos de la vida actual, la chequera será la que mande. La fórmula es sencilla: tener dinero-comprar votos-adquirir el poder. En la ecuación sólo falta un elemento, pero no tiene mucha importancia, se trata de la gente, que ya no es factor en la guerra electoral.

Las razones salen sobrando, la izquierda perdió y será la gente la que sufra las consecuencias de otro gobierno del mismo signo en su entidad. Eso fue lo que a nadie le importó. Juan Zepeda, de quien a final de cuentas dependía cambiar el rumbo de un destino que parece implacable, decidió optar por los intereses de su partido y le cerró la puerta al cambio. Pero es que no es tan fácil cerrar los ojos, ni los oídos, a las formas con las que se pedía a Zepeda unirse a Morena. Se trataba de entrega tus votos y humíllate, lo cual lógicamente, resultó inaceptable.

Si el Instituto Nacional Electoral se desentendió de los comicios estatales y los organismos públicos locales electorales exhibieron su incapacidad de poner orden en los procesos, si no es que su supeditación a los gobiernos en turno, son circunstancias que demuestran la necesidad de un rediseño de la institucionalidad vigente y obliga a poner la mirada en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), el cual, por lo que puede verse, tendrá abundante trabajo en las semanas próximas ya que allí, reside la última posibilidad de limpiar los comicios pasados y de restituir el incierto sentido de la voluntad popular expresada en las urnas, pero distorsionada de antemano por prácticas clientelares inadmisibles y, posteriormente, por procedimientos de conteo que no han cubierto las expectativas de credibilidad y transparencia.  

La aritmética electoral simple en las pasadas elecciones del estado de México, muestra a Morena y al PRD con casi la mitad de los votos recibidos en urnas, la otra mitad se los llevó la abstención. Esa pequeña base numérica, permitió a la pareja dinámica: Miguel Ángel Mancera y Alejandra Barrales, aprovecharse de la peculiar situación para exhortar al Peje lagarto Andrés Manuel López Obrador, a deponer su fantasiosa y temprana postulación virtual a la Presidencia de la República. La pareja dice que reconstruir una unidad de partidos y movimientos, sin definir hasta ahora al abanderado, puede dar viabilidad a un proyecto electoral de las izquierdas, que puede impedir el avance, real o fraudulento, del PRI para el 2018.  

Expresan además, la percepción de que la marca del sol azteca, ha subido en el mercado de valores electorales a partir de la buena actuación del candidato mexiquense Juan Zepeda. Por lo demás, cada partido, pretende endilgar a su contraparte la responsabilidad de no haber logrado alianzas en ocasiones anteriores y, marcadamente, en el proceso mexiquense.

En el escenario electoral de Coahuila, el desenlace adverso al PAN, aceleró la confrontación entre dos grupos, el de Ricardo Anaya, actual presidente del comité nacional, y el que encabezan Felipe Calderón y Margarita Zavala su esposa. El pleito entre estos grupos panistas tiene como referencia la postulación presidencial de 2018. El binomio Calderón-Zavala pretende que Ricardo Anaya, deje la condición de dirigente del partido para asumirse como precandidato en condiciones de suelo parejo. En el fondo, la pareja y su grupo tratan de apresurar definiciones, a sabiendas de que Anaya tiene el control estructural que podría darle la candidatura, ante lo cual en el ámbito conyugal antes mencionado se sigue barajando la idea de una candidatura independiente.

Mientras tanto en el PRI, el ex gobernador de Quintana Roo, Roberto Borge, fue puesto en escena panameña justamente la noche en que los resultados electorales mexiquenses acaparaban la atención pública. Las andanzas delictivas de Borge, fueron denunciadas con insistencia y siempre desatendidas por la administración peñista, cuyo titular llegó a presumir a Borge, Javier Duarte y Cesar Duarte, como parte de la nueva generación de su partido, del nuevo y modernizado PRI que nunca llegó. De los nuevos priístas presumidos cinco años atrás por el entonces candidato Enrique Peña Nieto, dos ex gobernadores han sido capturados (Javier Duarte y Roberto Borge), y el otro, anda prófugo (César Duarte).

El PRI que hoy existe y está en peligro de extinción, es la peor versión de su historia: mañoso, tramposo, falaz, rapaz, corrupto, manipulador de sus instituciones, capaz de intentar la eliminación de sus críticos y opositores a cualquier precio. En la elección para gobernador en el estado de México dilapidó recursos humanos (funcionarios públicos taloneando en busca del voto para su partido) y financieros en la compra del sufragio. Peña Nieto, Ochoa Reza, Del Mazo y sus compañeros de partido, deberían avergonzarse de que ni con ese dispendio obtuvieron en la votación los resultados imaginados y de que un partido con apenas tres años de fundado y sin esos recursos derrochados le dispute una victoria que ellos consideraban fácil.

Deberían avergonzarse también de que los Consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE) y su consejero presidente Lorenzo Córdova hayan admitido que las elecciones del pasado 4 de Junio, no fueron perfectas, como nunca las hay, pero calificaron de descabelladas las acusaciones de que hubo fraude, y negaron que exista una regresión a la prehistoria política. Pero los yerros del Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP), del conteo rápido o el robo de urnas y las anomalías entre el universo de electores y votos emitidos, incongruencias en la distribución de votos en las casillas urbanas y rurales otorgadas al PRI, aberraciones aritméticas o estadísticas, desinformación masiva, compra de votos, intimidación y violencia, atentados contra la lógica o el sentido común, demuestran todo lo contrario. 

Bastaría que los Consejeros electorales, hicieran una muestra representativa de esos procesos y revisarlos con lupa para pescar otras tantas irregularidades. De ello depende, en buena medida, que los procesos comiciales del futuro inmediato, y especialmente la elección presidencial prevista para el 2018, puedan realizarse con certeza y que los procedimientos democráticos vuelvan a ser un mecanismo de resolución de conflictos y no una fuente de ellos.

De no ser esto posible, mejor que se vayan para su casa porque la credibilidad y transparencia en el costoso Instituto y en los manipulados procesos electorales, están por los suelos.

 


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