Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

GOBIERNO DE MAYORÍAS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 12-06-17)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

En el estado de México, el más poblado, más rico y paradójicamente uno de los más pobres de esta República de discursos, no hay nada nuevo bajo el sol. Con múltiples fisuras y contradicciones que apuntan claramente a un fraude electoral, la mesa de la nobleza política de Atlacomulco, está servida. A mediados de septiembre próximo tendrá como nuevo virrey a Alfredo del Mazo Maza, él desciende de la misma casa monárquica que Enrique Peña Nieto, es su primo, y presumirá que su gobierno de mayoría alcanzará para dar y repartir huesos. 

El candidato del PRI y sus rémoras del PVEM, de Nueva Alianza y Encuentro Social, se proclama vencedor de la contienda, aunque de entrada la verdadera ganadora fue la trasnacional española OHL, pues conocido el desenlace institucional sus ganancias en el mercado accionario se incrementaron cerca de 6 por ciento. Negocio garantizado, sólo falta el cajonero pronunciamiento del candidato oficial, en el sentido de que gobernaré para todos (amigos y socios) y la cantaleta de llamar a la unidad, a sabiendas de que todo está dividido. 

La aceitada maquinaria del tricolor –ilegal, desde luego– funcionó (sin menoscabo de la utilizada por los demás partidos, si bien con la misma ilegalidad, pero con menos rendimiento) y así, oficialmente, 33.7 por ciento de quienes participaron en los comicios dominicales (acarreo y compra de sufragios incluidos) votó por el primo Del Mazo, mientras 30.8 por ciento lo hizo por Delfina la profesora del diezmo, alrededor de 17.7 por el punk divisionista José Zepeda y algo así como 11.3 por ciento por la siempre exitosa vendedora de pinturas Josefina, el 3.2 por ciento se lo repartieron Oscar González (PT) y María Teresa Castell (Independiente), el 3.1 fueron votos nulos.

De acuerdo con los estrategas tricolores –meros porros de traje y corbata–, lo anterior es más que válido para presumir un gobierno de mayoría. Pero en la danza de las cifras, ¿realmente se puede cacarear un gobierno de mayoría, del color que resultara? De entrada, además de OHL, otra que venció una vez más, fue la abstención, pues sólo votó poquito más de la mitad de la lista nominal (52.5 por ciento), lo cual quiere decir que cerca de 5.5 millones del registro que tiene el padrón electoral mexiquense no participó, prefirió irse de compras, de paseo, hacer el amor, comer fuera o quedarse en casa viendo la  televisión, todo lo que sea menos acudir a votar.

Con base en la presunción oficial, el primo y la profesora, estas dos joyas de la política mexicana conjuntaron casi 65 por ciento del voto popular. Eso dicen, pero en realidad obtuvieron la mitad del sufragio electoral registrado, es decir, en el mejor de los casos Del Mazo obtuvo 17 por ciento del listado (incluidos PRI y las mulas de acarreo enunciadas, que se sumaron a su candidatura) y 15 por ciento, más o menos de los mexiquenses.

Cualquiera de los candidatos, como les llaman, estaría en la misma situación que el virrey Del Mazo, y en el caso de la profesora Delfina las cifras serían de 15 por cada 100 del listado y 12 por cada 100 de los mexiquenses. Para el punk divisionista y ahora famoso Juan Zepeda, las cifras sólo le alcanzan para 9 y 6.25 de cada 100, respectivamente. Y a Josefina ni siquiera le alcanza para representar a los expendedores de Comex en Naucalpan.

Aun en el imaginario caso de que Del Mazo, Delfina y Zepeda sumaran sus votos para armar un gobierno de mayoría, la realidad les impactaría los jugos gástricos y les hincharía el hígado, pues en conjunto apenas si representarían –es un decir– a cuatro de cada 10 votantes y a tres de cada 10 mexiquenses. Tal situación, desvanece totalmente el gobierno de mayoría anunciado por los tricolores, por el simple hecho de que la representatividad y legitimidad del nuevo virrey se reduce a sólo 17 de cada 100 mexiquenses con derecho a sufragar (compra de voto incluido) y a 12.5 de cada 100 si se considera el número total de habitantes en el estado de México, de tal suerte que esas proporciones, ni echándole muchas ganas, pueden ser calificadas de mayoritarias.

No se sienta sorprendido, no hay novedad, si usted no votó, no exija, el tipo de gobierno de mayoría que comenzará a mediados de septiembre próximo, será del mismo alcance y tamaños del que ahora encabeza nacionalmente el monarca mayor, el Tlatoani Peña Nieto, es decir, el mismo ejercicio que a lo largo de casi nueve décadas ha encabezado la familia mexiquense adoradora del “lugar entre pozos de agua”, Atlacomulco.

¿En serio hay algún iluso que cree que el primo Del Mazo lo hará distinto y que gobernará igual para la prole de Ecatepec, Chalco y Neza, que para los divinos y exquisitos pitufos de Huixquilucan, Valle de Bravo, Naucalpan y Atlacomulco?

O quizá en cambio, su gobierno será a imagen y semejanza del de su primo Enrique que desde Los Pinos, no supo gobernar para los jodidos, que si somos mayoría y seremos más.

 


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