Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

MITOS DE LA ANTICORRUPCIÓN

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 15-05-17)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

No hay esperanza, la enfermedad es terminal, quiten los tubos, el oxígeno y el marcapaso, la corrupción nos invade, frena el desarrollo y representa pérdidas millonarias al año, sigue siendo un gigantesco malestar para el pueblo de México. Pero en torno a la nebulosa denominada Fiscal Anticorrupción, como lo dijera Peña Nieto, “no hay chile que nos embone”, ya se han construido mitos que nadie cuestiona. El primero, sin fiscal no se puede proceder por la vía penal en contra de la lista de tantos corruptos que andan sueltos y que todos sabemos quiénes son. Esta hipótesis es totalmente falsa, la Procuraduría General de la República (PGR) ha tenido desde hace décadas las facultades legales para hacerlo y cuenta con una Unidad Especializada en esta materia.

El segundo: Sin Fiscal, el Sistema Nacional Anticorrupción, (SNA) no podrá iniciar sus funciones. Hipótesis incorrecta, al menos en lo que hace al Comité Coordinador y al Órgano de Gobierno. La ley ordena que la instalación de estos instrumentos tiene que efectuarse dentro de los 60 días naturales siguientes a la integración del Comité de participación Ciudadana (CPC). Después de tres años, debido a la burocracia legislativa, esto no sucedió, entonces la ley regulatoria del SNA determina que, para que exista quórum, se requiere la presencia de la mayoría de los integrantes del Comité Coordinador y del Órgano de Gobierno, por lo tanto, con la asistencia de cuatro de sus miembros la validez de ambos actos estaría asegurada.  

Si al mes de abril pasado no tuvimos Fiscal Anticorrupción para perseguir los delitos de transparencia, rendición de cuentas, investigación de actos de corrupción, así como sanción y criminalización de los corruptos, no importa, la falta de un Fiscal no impide actuar en contra, entonces el único reto sería que el SNA dé resultados. La ciudadanía así lo reclama.  

Ante los hechos, felicidades señor presidente, finalmente se percató de que el hartazgo y la decepción son espacios muy difíciles de subsanar mediante medidas cosméticas. La Casa Blanca de su esposa la “Gaviota”, la crueldad de Ayotzinapa, la violencia en Tamaulipas, Michoacán, Guerrero y la fuga de Duarte de Ochoa, son los desatinos más importantes que marcan su gobierno, episodios inhumanos donde tuvo una respuesta demagógica y una reparación del daño extraordinariamente torpe. Desde entonces, no  ha podido recuperar, la confianza de su maltrecho pueblo, ni parece que pueda o quiera hacerlo. Su caída libre como ley de la Física es constante, permanente y cada vez con más aceleración, arrastra a su partido político y a funcionarios muy cercanos como Luis Videgaray y Osorio Chong.

 

Si Usted quisiera demostrar que va en firme la lucha contra la corrupción, entonces debería aplicar algunas medidas de mayor profundidad que van en la dirección de detención y procesamiento de todos los implicados en el caso Odebrecht a partir de Emilio Lozoya Austin quien fue director de Pemex; los casos de los exgobernadores Rodrigo Medina (Nuevo León), César Duarte (Chihuahua), Roberto Borge (Quintana Roo), Eugenio Hernández (Tamaulipas), Guillermo Padrés (Sonora), Ángel Aguirre (Guerrero), por citar solo los más relevantes y actuales, es decir de 2010 a la fecha.

 

Otros casos que se convierten rápidamente en emblemáticos son el de la empresa constructora OHL  que toca a Eruviel Ávila, Gobernador del Estado de México y a su secretario de Comunicaciones, Apolinar Mena Vargas; otro sería la empresa Oceanografía  del que salió libre bajo una fianza ridícula Amado Yáñez. En los anteriores casos de corrupción e impunidad no se ve por parte del Presidente la voluntad política para la aplicación de la ley y, mientras siga así, los efectos de medidas a medias tintas no harán cambiar nuestra percepción, por ello, “el chile no va a embonar”. Los ejemplos como el de Emilio Lozoya Austin, están a la vista.  

La Subcomisión de Examen Previo de la ineficiente Cámara de Diputados que nos representa, decidieron que Lozoya Austin, no debe ni puede ser sometido al juicio político que Rocío Nahle García, coordinadora de los diputados de Morena promovió en su contra por daño patrimonial y corrupción vinculados a los sobornos de la empresa brasileña Odebrecht. ¿Cómo fue eso? Simplemente los diputados de esa subcomisión, resolvieron que el procedimiento sólo puede iniciarse durante el periodo en el que el servidor público desempeñe su cargo y dentro de un año después, esto en términos de lo establecido en los artículos 114 constitucional y 9° penúltimo párrafo de la Ley Federal de Responsabilidades de los Servidores Públicos.  

Entonces Lozoya por fuera de tiempo (transcurrió un año y dos meses), ya la libró y, por tanto puede andar por la calle y en viajes de placer, sin preocuparse de los expedientes en los que se le involucra. Inadmisible pero lógico que PRI y PAN hayan dejado correr el tiempo para exonerarlo. El pillo, antes de llegar a la dirección de Pemex, estuvo en el Consejo de Administración de la transnacional OHL, empresa que llegó a México en 2003 como uno de los principales operadores en el sector privado de concesiones en infraestructura del transporte del país y que muy pronto, se convirtió en el mejor aliado de Peña Nieto durante su gobierno al frente del Estado de México. Gracias a Lozoya y al entonces gobernador mexiquense, la empresa pasó a ser la favorita del área metropolitana donde, tiene seis concesiones de autopistas mexiquenses de peaje, por donde transitan cuando menos 8.6 millones de propietarios de vehículos y, son justamente las que Peña Nieto mandó construir con elevados costos.  

La empresa española también es dueña del 49% en la compañía concesionaria del Aeropuerto de Toluca, una terminal con muchísimo tránsito empresarial. El paso del ex director de Pemex por OHL es justamente lo que genera tanta suspicacia, también lo es también el dicho de que hay “varios amigos” que ya laboran en la paraestatal petrolera cumpliendo la función de ubicar jugosos contratos por millones o miles de millones de pesos. De ahí que las dudas asalten.  

Lozoya Austin, nunca fue experto en manejar una empresa que desarrolla la cadena productiva del petróleo, su gestión parecía más bien la de un colocador de bonos bursátiles que hizo pensar que su posición era para ver la manera en que Hacienda podría cobrar menos impuestos a Pemex, “sanearla” y después ofrecerla al mejor postor con algo de la llamada “renta petrolera” con porcentajes muy altos y jugosos por pagar que nadie sabe en dónde y con quien están. 

La estrategia de los gobernantes en turno es muy clara: Se confeccionan cortinas de humo como las de: Duarte, Yarrington, Vieyra y otros tantos más, para dotar de impunidad a sus socios activos como Lozoya Austin quien debe estar muy agradecido con los Diputados que le permitieron continuar sus viajes de lujo alrededor del mundo, burlándose de la ineficiente justicia anticorrupción mexicana que ante los hechos y sin Fiscal, no puede dejar de ser un mito más.

 


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