Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

EXTRADICIONES AL VAPOR

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 24-04-17)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

Nos referimos a la entrega de una persona refugiada o detenida en un país a las autoridades de otro que la reclama para juzgarla. México ocupa en este momento las primeras columnas informativas, dos expedientes con alerta roja ocupan el proceso. Tomas Yarrington Ruvalcaba detenido el 9 de abril en Florencia, Italia, y Javier Duarte de Ochoa detenido el 15 de abril en Guatemala. Ambos pillos disfrazados de gobernador estatal, hicieron ilícitamente lo que quisieron en sus respectivas entidades, Tamaulipas y Veracruz. En el caso de Yarrington, el primer pelafustán, los gobiernos de Estados Unidos y México acordaron solicitar que el ministro italiano de Justicia otorgue primero precedencia a la solicitud de extradición que presentó el país gobernado por el belicoso e infumable Donald Trump.

 

En Washington, los procuradores Jeff Sessions, y el mexicano Raúl Cervantes representante del también infumable Peña Nieto, dieron a conocer lo anterior y que buscarán la autorización del citado ministerio italiano para la re extradición del tamaulipeco a México de acuerdo con el artículo 16 del tratado de extradición entre Estados Unidos e Italia.

 

Sessions y Cervantes acordaron que una vez concluido el juicio en Estados Unidos, el personaje de marras, será cedido a México de manera temporal para que pueda ser presentado ante la justicia por las ofensas que se le atribuyen en territorio mexicano. En Estados Unidos, enfrenta cargos por narcotráfico, que alcanzan penas de dos cadenas perpetuas y 90 años de prisión los cuales son producto de actos criminales supuestamente cometidos en ambas naciones durante su mandato de 1999 a 2004.

Ambos países se comprometen a intercambiar información y colaborar las respectivas fiscalías contra Yarrington, utilizando todos los instrumentos legales disponibles con ese fin. Subrayaron demagógicamente que este arresto es un ejemplo más del compromiso compartido por los dos países para combatir la corrupción y el crimen organizado transnacional, desde luego sin consultar al irritable Trump que seguramente piensa todo lo contrario.

La decisión de extraditar a Yarrington Ruvalcaba primero a Estados Unidos muestra el grado de subordinación de la instancia mexicana frente a los planes y decisiones de su imperioso vecino, a México no le ha tocado más que aceptar. Peor hubiera sido si México hubiese maniobrado para quedarse con el tamaulipeco, pues eso habría significado eventuales sanciones menores y probabilidades de evasión o benevolencias operativas.

En tal caso, podría tener aplicación oportuna la picante y alburera frase “no hay chile que embone a los mexicanos”, que nos dijo el presidente Peña Nieto, al referirse al caudal de sospechas que ha rodeado la captura del ex gobernador de Veracruz, Duarte de Ochoa  y las consecuencias de las detenciones casi simultaneas de Yarrington y Veytia el fiscal nayarita. Será que nos falta confianza y seguridad en estos eventos o que no estamos acostumbrados a tal eficiencia judicial.

Después de seis meses de permanecer prófugo, Duarte será el huésped incomodo de Guatemala con residencia oficial en la cárcel de alta seguridad de Matamoros. En su primera audiencia judicial pública, el mexicano mostró rasgos de conducta infantil y desparpajada con la seguridad de que, el montaje teatral jurídico en su contra sólo ha de ser un circunstancial trago amargo, superable en el corto o el mediano plazo, en tanto cambian las condiciones coyunturales que le hicieron caer en el gusto por el dinero mal habido y en la desgracia. 

Duarte y sus abogados defensores, Óscar Patzán y Pablo Campuzano, notificaron al tribunal que en este momento no puede allanarse a la extradición sumaria, por no conocer plenamente el contenido de la solicitud formal del gobierno mexicano. Se reserva ese derecho hasta que su defensa pueda evaluar su contenido y conocer todos los cargos que le podrían fincar, antes de decidir si acepta entregarse para ser juzgado en territorio mexicano.

El magistrado guatemalteco César Adán García Cuc informó al incomodo Javier Duarte que en Guatemala no se le juzgará por ningún delito y que sólo se dará trámite a la solicitud que presentó el gobierno mexicano para que fuera detenido con fines de extradición, después pasará a la etapa de formalización y desahogo del juicio correspondiente. El mexicano aceptó que radica en Guatemala, desde hace seis meses, es decir, desde octubre pasado, mes en el que se libró la orden de aprehensión en su contra. La fiscalía pidió formalizar la detención de Duarte con fines de extradición y que se informe a México que cuenta con 60 días para entregar la solicitud para extraditarlo, así como las pruebas que acreditan la comisión de delitos cometidos por el ex gobernador de Veracruz.

Al término de la audiencia, Duarte salió del tribunal rodeado de policías, los presos guatemaltecos que estaban en las celdas de espera comenzaron a gritarle al ex funcionario mexicano: ¡Hijo de la gran puta!

No le faltan razones al ex gobernador para asumir posturas indolentes. La pandilla de colaboradores que le acompañó en su amarga gestión veracruzana sigue intocada en lo general, otros cómplices se mantienen políticamente vigentes y varios de ellos actúan disfrazados de diputados. También, Peña Nieto y varios órganos y personajes del poder ejecutivo federal, permitieron que en Veracruz se desarrollara sin freno una de las peores historias de abusos, saqueo, corrupción, impunidad y violencia criminal contra la sociedad veracruzana.

Al final de la película, Duarte habrá de acomodarse a las líneas tácticas que sus amigos le tracen: soltar la lengua contra Morena y AMLO antes de las elecciones del estado de México (que parece lo más probable), o pasando éstas y ya entrando en el escenario de lucha súper libre de la presidencial 2018. Es cierto, no es el único personaje de la fauna nociva que ha dado machetazos al PRI, partido político que lo encumbró a él y a su meritoria mujer que según ella, “se merece la abundancia”; aunque no hay precedentes de su deshonestidad y de la irresponsabilidad con la que dio rienda suelta a sus vicios y bajezas para alcanzar esa abundancia, tal vez en Inglaterra donde ya se encuentra con sus hijos y familiares cercanos.

Se dice que Javier Duarte, Yarrington, Veytia, han puesto el último clavo en el féretro del PRI, y que solamente les tocó terminar un trabajo en el que han participado muchos. Tal vez lo más ofensivo del comportamiento de estas personas es el descaro, la desvergüenza y la estupidez. En cuanto sean extraditados lo sabremos. 

 


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