Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

CABALLADA FLACA...

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 03-04-17)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

De cara a la larga carrera electoral de 2018, las caballerizas en los partidos políticos han iniciado ya su mo­vimiento táctico y estratégico, logístico e ideológico, para tratar de dar respuesta a los desafíos de un México que cuenta con enormes activos humanos y físicos, pero también con inocultables asignaturas pendientes, algunas de verdadera dimensión histórica, en su relación con Estados Unidos, su principal socio comercial y más propiamente con el gobierno del republicano Trump más hostil y lesivo que nunca. 

En uno de los momentos más álgidos y definitorios, todos los partidos políticos, unos más que otros, despliegan sus recursos materiales y mediáticos para posicionarse en la contienda, ya con algunos trazos de propuestas globales que no contravengan la normativa electoral, como corresponde a una democracia representativa donde las ofertas se analizan, se aquilatan, se contrastan, primero en la opinión pública y luego en la jornada electoral: los electores son el fiel de la balanza.

Defender la soberanía del país con un nacionalismo inteligente y articulado, de suma de esfuerzos en la necesaria diversidad, se torna el desafío más grave, monumental, para enfrentar la mayor embestida contra la dignidad, el derecho y los intereses de los mexicanos, sólo con otro formato, desde la invasión territorial de 1914, cuando los marinos estadounidenses atacaron Veracruz. El partido político, y en su momento el candidato, que mejor entienda y encare este punto axial de nuestra historia, que incluye los temas sustantivos pendientes, estará pavimentando su camino al triunfo electoral. La tarea no parece fácil para nadie.

En la caballeriza de la izquierda, trota alegremente por todo el país el presidente de Morena, Andrés Manuel López Obrador, con la nota sobresaliente de que en todos los estudios de opinión, no sólo es quien se perfila como candidato, sino su propio partido, se ubica invariablemente en primero o segundo lugar de la tabla nacional, cuando se trata de una organización con apenas tres años de existencia formal, un hecho sin precedente en la historia política del país.

En el cada vez más revuelto Partido de la Revolución Democrática, (PRD) hay tres potros con trayectoria política y credenciales suficientes para resultar finalmente nominados: el jefe de Gobierno de Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera; el gobernador de Morelos, Graco Ramírez, y Silvano Aureoles, el gobernador de Michoacán. Este último, adulador del mexiquense Peña Nieto y promotor de sus iniciativas legislativas desde la oposición, se ganó la candidatura para gobernar el caliente Michoacán. Ahora, como mandatario michoacano, dice ir por la postulación perredista a la Presidencia de la República, en una maniobra de cuña contra la pretensión de Miguel Ángel Mancera de manejarse como aspirante sin afiliarse al PRD, con el beneplácito del demagogo general de división electoral, el jefe Enrique.

En el Partido del Trabajo, liderado por Alberto Anaya, no hay aspirante público a la candidatura presidencial todavía, pero se trata de una organización posicionada en el espectro de izquierda y con notable presencia en algunas entidades del país. Lo mismo ocurre con Movimiento Ciudadano, partido encabezado por Dante Delgado, que tiene una significativa presencia en el occidente del país y su participación podría ser decisiva inclinadas sus fuerzas hacia alguno de los bloques políticos.

En el Partido Acción Nacional (PAN) el partido conservador, aparecen atrapados en una lucha fratricida Margarita Zavala, esposa del expresidente Felipe Calderón, que se mantiene con una alta aceptación y el presidente del partido, el joven Ricardo Anaya en crecimiento constante desde el año pasado. La primera es más popular entre las bases panistas, el segundo domina las estructuras formales del partido. En un tercer sitio, y deseando que los dos rivales se destrocen, aguarda con tendencia al alza, Rafael Moreno Valle, exgobernador de Puebla, quien no goza de las simpatías de los ciudadanos pero tiene más dinero para financiar una campaña que sus dos correligionarios sumados. Pueden incorporarse otros prospectos, como el gobernador de Chihuahua, Javier Corral, de larga trayectoria política y parlamentaria.

Está también el Partido Verde, que sin aspirante público, propio o en alianza, tiene importantes activos entre las nuevas generaciones que buscan una representación diferente con acento en los temas ambientales y en importantes planteamientos ciudadanos, como salud y seguridad.

El Partido Nueva Alianza, con precedentes de porcentajes de hasta 5 por ciento en elecciones concurrentes con las presidenciales, puede ser nuevamente un factor para definir, en una eventual alianza con alguno de los partidos mayores, una elección que luce muy disputada desde ahora, en tres tercios que podría ampliarse a cuatro bloques competitivos.

El Partido Encuentro Social irá por primera vez a una elección presidencial y su presencia en algunos estratos sociales, sobre todo segmentos críticos de clase media, podría también ser factor definitorio en una elección competida y cerrada. Y, claro, los caballos independientes; el más destacado, Jaime Rodríguez, El Bronco.

En el Partido Revolucionario Institucional (PRI), se ofrece el mejor ejemplo del adagio que afirma que el poder desgasta. Más de una decena de aspirantes disputa la candidatura en medio de una terrible incertidumbre, entre ellos, hay seis o siete militantes destacados y visibles, que no han hecho públicas sus aspiraciones, pero que están ahí, ejerciendo el poder en trayectoria política y administrativa y, en posicionamiento mediático se  promueven en fotos de prensa y columnas políticas. Todos ellos sin embargo, exhiben en sus corceles un pecado imperdonable, fruto del descrédito, el discurso engañoso, los errores, la ineptitud o el escándalo:

Uno tras otro, los posibles campeones procedentes del partido gobernante han ido cayendo. Luis Videgaray, se ha hecho el más impopular de los potros de Peña Nieto, luego de invitar a Trump a visitar Los Pinos y adquirir una casa de parte de un constructor favorecido por el Gobierno. Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, ha caído de la gracia del presidente a la luz de los altos índices de inseguridad y los codazos y zancadillas de sus rivales. Aurelio Nuño y José Antonio Meade, "los técnicos" del Gabinete, a cargo de Educación y Hacienda, respectivamente, resultaron eso: demasiado técnicos para una jungla política que se los ha comido vivos. En las encuestas de intención de voto perderían por amplio margen frente a López Obrador, el candidato “pura sangre” de la oposición.

Frente al desplome de los mejores caballos del presidente, la subasta se ha abaratado y ha surgido una constelación de aspirantes que hasta hace unos meses habría resultado poco factible. José Narro (secretario de Salud), Ivonne Ortega (exgobernadora de Yucatán), Manlio Fabio Beltrones (expresidente del PRI), Aristóteles Sandoval (gobernador de Jalisco) y varios gobernadores más de cartera abultada y corazón optimista. Cada uno de los miembros de esta caballada de suspirantes, necesita urgentemente enamorar al presidente, zancadillear a un enemigo, hacer alianzas, reducir cintura y hacerse de un rostro fotogénico. Cualquiera tendrá en su momento el apoyo de la mayor estructura territorial y organizativa en el país, con presencia en todas las entidades y municipios de la geografía nacional.

La izquierda, en cambio, no tiene ninguna duda de quién es su caballo campeón. No es que López Obrador sea el candidato de Morena, la organización que lo impulsa, sino que Morena es el partido de López Obrador. Tras 12 años ininterrumpidos de campaña política, el tabasqueño no tiene ningún problema de reconocimiento de marca, sin embargo, muchos ciudadanos lo asocian a los atributos que las campañas sucias le endilgaron a lo largo de los años. Su tarea, obsesiva en este momento, es desasociarse de tales estigmas: rijoso, intransigente, arbitrario, populista. Para este brioso corcel, es un momento privilegiado ser oposición. Pero en el verano de 2018, con la maquinaria del Estado a favor de su rival, tendrá que sostener su ventaja en el arrancadero donde ya le arrebataron el triunfo en el pasado.

Para el caballo ganador, el punto de definición de la contienda presidencial, no será un concurso de nombres, sino un contraste de ofertas, de respuestas sustentadas, creíbles y viables, a las asignaturas pendientes del país, las estructurales y las que suma el momento coyuntural de acoso, por no decir de abierta agresión, desde el exterior.

Entre esas asignaturas figuran, en una etapa de cambio estructural pero inconcluso, dos reformes constitucionales: la reforma para hacer productivo al campo mexicano, sobre todo en esta coyuntura de revisión de nuestra relación con nuestro principal socio comercial, pues a las inequidades y asimetrías actuales pueden sumarse otras. No olvidemos que mientras en nuestro país decrecieron los subsidios y apoyos desde la firma del TLCAN, en Estados Unidos y Canadá crecieron, así fuera de manera ­ subrepticia.

Está pendiente también profundizar la reforma indígena. Ya que es ahí, entre los pueblos originarios, donde se concentran los mayores pasivos y agravios, los indicadores más bajos y oprobiosos de desarrollo económico, de bienestar y calidad de vida.

Por último, está pendiente el combate serio a la corrupción y la impunidad, el encarcelamiento de los pillos que andan sueltos y desde luego fortalecer la dignidad y soberanía de México. Ya veremos de qué caballo salen más correas.

 

 


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