Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

AGUAS TORMENTOSAS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 27-03-17)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

 

Las tormentosas aguas que provienen del norte parece que tienden a la calma debido a varias contrafuerzas: El liderazgo de la minoría demócrata del Senado amenazó a la mayoría republicana con paralizar el gobierno federal si colocan el presupuesto para el muro con México, deportaciones y otras “píldoras venenosas” en la ley de gastos. El dirigente de los demócratas del Senado, Charles Schumer, dejó en claro que si se incluyen esos temas no tendrán los votos que requieren de la oposición para mantener abierto el gobierno después del 28 de abril. Textualmente, dice que:

 

“Si los republicanos insisten en insertar píldoras venenosas tales como el financiamiento Planned Parenthood, construir un muro fronterizo o poner en marcha una fuerza de deportación, estarán paralizando al gobierno y dándole un duro golpe a la economía”. “Consideramos que sería inapropiado insistir en la inclusión de tal financiamiento en una ley de gastos que es necesaria para que la mayoría republicana en control del Congreso evite un cierre del gobierno tan temprano en la administración Trump”, indicaron.

 

La misiva, firmada por Schumer y los miembros del liderazgo demócrata del Senado, deplora que hasta el momento la administración de Donald Trump no ha detallado cómo planea utilizar el principio de “dominio eminente” para adquirir los terrenos privados donde sería elevado el muro fronterizo del sur. Algunos terratenientes de estados como Texas y tribus nativas del estado de Arizona han expresado su oposición a la venta de sus tierras para el muro en cuestión que de acuerdo con estimaciones independientes, el muro podría tener un costo de entre 13 mil millones y 21 mil millones de dólares.

Mientras tanto, otro tema álgido trata de encausar las aguas broncas ya que, durante una audiencia ante el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, el director de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), James Comey, como el titular de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA), Michael Rogers, asestaron dos fuertes golpes a la credibilidad del presidente Donald Trump. Ambos funcionarios señalaron que no existe evidencia para sustentar las acusaciones del mandatario respecto de que su antecesor Barack Obama intervino los teléfonos de sus oficinas durante la campaña electoral que llevó al republicano a la Casa Blanca. Los mismos funcionarios confirmaron que desde julio de 2016 hay una investigación en curso para determinar la presunta injerencia rusa para distorsionar los resultados de la elección presidencial del 8 de noviembre pasado. 

No parece que estos casos se encuentren aislados: en efecto, el reiterado rumor acerca del espionaje a la Torre Trump presuntamente ordenado por Obama tiene el aspecto, ante todo, de un intento mediático por desviar la atención de los graves problemas en que se ha metido el gobierno republicano debido a mentiras previas en el tema de la intervención rusa. En los expedientes, existen dos precedentes relacionados con la implicación del personal de campaña del magnate neoyorquino con la inteligencia rusa.

En menos de un mes de su gobierno, (el 13 de febrero) se dio el escandaloso despido del asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Michael Flynn, al demostrarse que como asesor de campaña de Trump tuvo contactos con el embajador ruso en Washington, Sergei Kislyak.

Con este mismo diplomático sostuvo reuniones el recién nombrado secretario de Justicia o (procurador general) de Estados Unidos, Jeff Sessions quien durante una audiencia con el Senado había negado bajo juramento estos encuentros. Para empezar, el ahora funcionario se reunió en secreto en dos ocasiones, cuando era parte del equipo de campaña de Donald Trump, justo cuando el país se veía sacudido por el escándalo de las intercepciones electrónicas de los correos de la candidata rival, la demócrata Hillary Clinton. Posteriormente se dio a conocer que Sessions había mentido ante el Senado al ocultar esos encuentros. Otra mentira que en la legislación estadounidense configura perjurio y amerita su destitución. Sin embargo, su insostenible permanencia en el gabinete de Trump, pone en evidente entredicho la confianza en toda la administración.

Ahora, paradójicamente, el secretario de Justicia, tendría que encabezar la investigación de presuntos ilícitos graves cometidos por él mismo: tanto los encuentros con un representante diplomático cuyo país era acusado por Washington de lanzar un ciber-ataque de grandes dimensiones sobre un ala de la institucionalidad política del país como su declaración chapucera (al estilo de Alejandra Barrales) ante la cámara alta del Capitolio.

Evidentemente, las conductas engañosas de Sessions no sólo lo inhabilitan para hacerse cargo de las pesquisas en torno a la supuesta interferencia de Moscú en el reciente proceso electoral estadounidense, sino que han demolido su credibilidad personal ante la sociedad y los miembros de la clase política de Washington. En tal circunstancia, el aún fiscal general, independientemente de su filiación republicana o demócrata, habría debido separarse de inmediato del cargo o ser removido por el presidente Trump quien por cierto se ha empeñado en sostener en el puesto a su impresentable colaborador. Con ello, el magnate republicano, en el incierto y grotesco arranque de su administración, corre el riesgo de unificar en su contra al Congreso y por descontado, al grueso de la opinión pública.

Las dificultades del presidente de Estados Unidos se hacen presentes. Si bien la estrategia de cubrir el daño de mentiras anteriores sumando nuevos engaños pareció arrojar saldos favorables a Trump durante su campaña electoral, ya en la Presidencia el afán por sostener a como dé lugar las falacias enunciadas genera conflictos de preocupante magnitud no sólo para su propio gobierno, sino para Estados Unidos. Ejemplo de las consecuencias funestas de esta línea de acción es el gratuito e innecesario roce diplomático generado con Alemania, aliada y socia comercial indispensable de Estados Unidos, por el chiste morboso que el presidente hizo en su reunión con la canciller Ángela Merkel al afirmar que ellos dos tenían en común el haber sido espiados por Obama.

La cultura política que existe en el país vecino, permite a los candidatos en campaña calumniar abiertamente a sus adversarios, práctica que se mantiene en nombre de la libertad de expresión como valor superior de la vida americana. A cambio, da por sentado que una vez concluida la competencia electoral el discurso volverá a sus cauces institucionales y se alejará de estridencias poco ortodoxas, norma que Trump con su comportamiento arrogante rompe de manera sistemática y peligrosa.

Por lo pronto, Trump no sólo se ha infligido un severo daño político, sino que, de paso, con sus mentiras y manejos torpes e inescrupulosos ha provocado un inocultable deterioro en el tramado institucional de Washington. Para encausar las aguas tormentosas, la pregunta está en el aire.

¿Hasta dónde, y por cuánto tiempo, demócratas y republicanos estarán dispuestos a tolerar esta manifiesta obra de destrucción de sus instituciones?

 

 


volver al homepage
HOMEPAGE


LINEA DIRECTA GERARDOREYES.COM DERECHOS RESERVADOS.   regg48@hotmail.com