Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

EL GASOLINAZO SI ES LETAL

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  02-01-17)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

    

Tómelo a cuento pero tengo que advertir que en la novela original del italiano Carlo Collodi “Las aventuras de Pinocho”, Pinocho es un ingrato, una criatura inhumana, frío, desagradable, que a menudo repele simpatía, entonces, cualquier semejanza con el presidente Enrique Peña Nieto y sus mentiras es mera coincidencia.  

Hace casi dos años, Peña Nieto anunció a los mexicanos el fin de los gasolinazos, nombre popular que se dio a los aumentos en los precios de las gasolinas que el gobierno federal impuso cada mes desde el sexenio del panista Felipe Calderón. Dos años después, ante una economía totalmente maltrecha por diversos factores, entre otros, la caída del precio del petróleo y la devaluación del peso ante el dólar, el letal gasolinazo aparece de nuevo con su irremediable cauda inflacionaria que pone de cabeza a todo un país que no hace mucho tiempo se encontraba entre los principales productores petroleros del mundo. 

¿Qué fue lo que pasó? Lo que sucedió es que de repente en 2012, apareció una marioneta no de madera sino de carne y hueso, no llamada Pinocho sino Enrique, y no tallada por un viejo carpintero llamado Geppetto, sino que llegó a ser presidente bajo el amparo de un proceso electoral adulterado que en el juramento constitucional le advierte que si demuestra ser «valiente, generoso, veraz, honrado y desinteresado» puede convertirse en un presidente de verdad.  

Traído tramposamente a la vida presidencial, el títere Enrique no hace caso a la advertencia, engaña a su pueblo y empieza a contar mentiras, dice que todo marcha bien y no es verdad, lo que hace que su nariz crezca más y más y que su popularidad tienda a la baja pero a él no le importa. En su afán de poder, muy pronto se ve rebasado e involucrado en actos de corrupción, desapariciones forzadas, injusticia, crimen organizado y mal gobierno, entre gobernadores, legisladores y miembros de su gabinete, se rodea de gente de mal vivir como el veracruzano Javier Duarte de Ochoa, prófugo de la justicia que defraudó al pueblo que gobernaba. 

Desesperado por su ineptitud, Enrique hace cambios en su gabinete y designa para lavar su conciencia y seguir engañando a su pueblo, a “Pepito” (José Antonio Meade Kuribreña), como el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). A “Pepito” le ordena hacer público otro engaño más, el gasolinazo letal que aplicará a partir de enero de 2017.

Los precios por litro son: Magna a 15.99 pesos, Premium a 17.79 y 17.05 para el diésel. En su discurso, “Pepito” anuncia que el aumento en el precio de las gasolinas no debe asustar a los consumidores mexicanos; que el nuevo esquema del mercado de combustibles se alejará ya de las políticas tributarias, y que se irá ajustando lisa y llanamente conforme se vayan dando las condiciones del precio del petróleo.

Que estos precios se ajustarán al alza con mayor frecuencia el 4 de febrero, el 11 de febrero, y a partir del día 18 de ese último mes aumentarán y variarán diariamente hasta que cada una de las 90 regiones que abastece la infraestructura de almacenamiento y distribución de combustibles de Pemex (siete en la zona fronteriza del norte del país y 83 al interior) sea liberalizada y el monto de venta al público lo determinen los factores de mercado, transición que se  completará el 30 de diciembre del año entrante. Que en las zonas ubicadas en la frontera con Estados Unidos, el precio máximo se establecerá en un entorno de importaciones libres y apertura de mercado donde habrá gasolinas distintas a las de la empresa paraestatal, lo cual podrá limitar la diferencia en precios entre las ciudades mexicanas y las estadounidenses.

Que las cotizaciones máximas regionales se determinarán mediante una fórmula donde se sumaran tres componentes: Uno, los precios de referencia internacional de cada combustible (representa el costo de adquirirlos en el mercado internacional). Este costo es común para todas las regiones del país, excepto por el ajuste por calidad que aplica para cada zona específica, de acuerdo con las normas ambientales aplicables. Dos, los costos de transporte, internación, flete y distribución de Pemex. Estos costos, aprobados por la Comisión Reguladora de Energía, varían para cada región. Tres, los impuestos aplicables y el margen comercial para las estaciones de servicio. Ningún rubro considera incrementos en los impuestos aplicables a los combustibles.

Nervioso, “Pepito” explicó que de cara a todo lo que viene, es necesario fortalecer las finanzas públicas y que una de las razones para la apertura del sector se pensó que llegarían cuantiosas inversiones para crear la competencia en estaciones de servicio, almacenamiento y creación de infraestructura, lo que hasta ahora no ha ocurrido con la velocidad esperada ya que, frente a una demanda interna de gasolinas que ha venido creciendo a una tasa anual promedio de 3.4% debido al incremento del parque vehicular, la infraestructura de Pemex Refinación ha permanecido sin cambios durante casi dos décadas.

Tiene, hoy día, una capacidad de procesamiento de crudo de un millón 540 mil barriles por día, cuenta con seis maltrechas refinerías que mantienen constante su oferta de refinados, se localizan en; Cadereyta, Nuevo León; Ciudad Madero, Tamaulipas; Minatitlán, Veracruz; Salamanca, Guanajuato; Salina Cruz, Oaxaca y Tula, Hidalgo. México construyó su última refinería en 1979 y además, en 1991 se cerró la de Azcapotzalco. Como resultado, en 2008 las importaciones de gasolina alcanzaron 340 mil barriles diarios, 42.5% del consumo nacional, porcentaje que aumenta en la administración de Pinocho Peña Nieto. Las mentiras con las que el gobierno federal vendió la reforma energética puso en duda la confianza que pudieran tener posibles inversionistas en venir a México, porque Pemex ya no tiene la obligación de garantizar el abasto de combustible.

El incremento al precio de las gasolinas va a impactar con mayor fuerza a los sectores más vulnerables de la población, repercutirá de manera inmediata en la inflación, que podría llegar a 5 por ciento a mediados de año; el crecimiento del producto interno bruto sería limitado entre 1.2 y 1.5 por ciento, cifra por debajo del de por sí menguado promedio de los años recientes. Las clases medias y populares, resentirán la merma de la capacidad adquisitiva de sus ingresos en un momento en que ésta ya se encontraba afectada por la caída ininterrumpida en el valor del peso. El costo de productos y del transporte aumentará, anulando directamente los posibles beneficios del incremento de siete pesos al salario mínimo establecido en diciembre.

En dicho contexto, resulta inevitable que la llamada liberalización de los precios de los hidrocarburos se traduzca en un nuevo motivo de descontento social a la conducción económica de “Pinocho” Enrique Peña Nieto. Quisiéramos desearle lo mejor para un nuevo año, pero lamentablemente el 2017 será sinónimo de inflación y de gasolina escasa y cara. No cabe duda, lo único que nos queda a los mexicanos, es renovar el ánimo para soportar más mentiras, recobrar la confianza y fortalecer la esperanza.

 


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