Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

EJEMPLOS DE DESAPROBACIÓN

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  12-12-16)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

    

La desaprobación al desempeño del presidente Peña Nieto se encuentra en niveles lamentables y decadentes, algunas encuestas indican que sólo veintitantas personas de cada 100 le dan calificación aprobatoria. En términos económicos, la ecuación es muy sencilla: La desaprobación está ligada a la cotización del dólar y ésta a su vez ligada al petróleo; como subió el precio del crudo, pudiera ser que el mini peso ganara peso para hacer feliz la ilusión navideña, sólo así, soplarán vientos a favor del gobierno ¿Lo entendió Usted?

En términos sociales, la situación económica del país no cuenta aunque cuenta mucho y no es el único factor de desaprobación, valores y aspectos socioculturales son importantes. Ante la crisis, aquí hay dos ejemplos de ese síndrome maligno:

Primer ejemplo: Aurelio Nuño Mayer, el arrogante secretario de Educación Pública, con el pretexto de mejorar la educación en el mundo agrario y gastar con más eficiencia y equidad los recursos que mal administra, pretende liquidar una de las más importantes experiencias pedagógicas mexicanas: la escuela rural, es decir, pretende desaparecer escuelas pequeñitas que se localizan en zonas pobres de gran dispersión geográfica donde asegura el funcionario federal que obviamente se obtienen los peores resultados académicos. Propone para resolverlo, una nueva barbaridad: un programa de reconcentración de 100 mil escuelas con infraestructura completa y suficientes maestros bien preparados, que en la práctica significa que miles de alumnos de preescolar, primaria y secundaria serán enviados fuera de sus poblaciones de origen y agrandar con esta medida la enorme falta de equidad y la inmensa falla sistémica que existe en la educación pública de nuestro país. 

El retraso está a la vista, si usted recorre el inframundo de la marginación educativa mexicana (entre otros indicadores), se dará cuenta que se requieren muchos recursos para las escuelas en zonas rurales y para las de los barrios pobres de las grandes ciudades. Mejorar la infraestructura, dotar a los alumnos de uniformes y desayunos, instalar bibliotecas, televisión abierta, internet, es urgente. Allí deben enseñar los mejores maestros, no jóvenes haciendo prácticas. Se necesitan materiales escolares en lenguas indígenas y métodos de expresión similares.

Es falso que la reconcentración escolar anunciada por la SEP vaya a servir para mejorar la educación rural. La vía para combatir esta desigualdad no es fundar aldeas estratégicas escolares, como si fueran parte de un proyecto pedagógico para sacar del agua al pez de la resistencia indígena y magisterial. En los hechos, va a desplumar a la educación rural de su elemento más vital: la cercanía de las comunidades donde se imparte. Por supuesto, hay experiencias de reconcentración exitosa de alumnos. Es el caso de las normales rurales con sus internados y de algunas preparatorias. Pero una cosa es salir de las comunidades como joven para cursar estudios superiores y otra dejar el hogar como niño para asistir a clases de preescolar, primaria y secundaria.

En nuestro país, los proyectos de reconcentración de poblaciones campesinas han sido un fracaso. Por ejemplo, las ciudades rurales sustentables en Chiapas, construidas por el gobernador Juan Sabines, para concentrar localidades dispersas y facilitar la dotación de servicios básicos de calidad y alternativas productivas con empleos dignos y remunerados, hoy son pueblos fantasmas. Sus casas tuvieron servicios unos pocos meses. Al poco tiempo de inauguradas quedaron convertidas en ruinas. Hoy están abandonadas o, en el mejor de los casos, sirven de bodega o patios para secar sus granos y semillas.

El asunto huele a estiércol porque Nuño Mayer sabe que sin consultar a los padres de familia ni a los maestros, la reconcentración escolar es una brutalidad concebida solamente en las oficinas de algún tecno burócrata neoliberal o de organismos como la OCDE. Sabe que el cierre de miles de escuelas construidas, sostenidas y gestionadas por las comunidades que le dan a su maestro un lugar donde vivir y la forma de alimentarse, significa el despido o reubicación de un ejército de maestros y el traslado o internado de centenares de miles de niños y niñas lejos de sus familias con la idea de que estudien mejor. Que poca madre, pretender cerrarlas es una afrenta, un despojo y una injusticia.

Su estúpida acción pretendida, provocará enorme malestar, tanto en las familias rurales e indígenas como en el magisterio y de paso va a levantar una ola de inconformidad social de pronóstico reservado. La palabra reducción viene del latín reducti, que significa llevados. Eso es lo que se va a hacer a los estudiantes de las pequeñas escuelas rurales, muchos de ellos indígenas: llevarlos a las ciudades y establecerlos allí. Esta medida aberrante, afecta las costumbres, la estructura familiar y la economía doméstica ya que muchos de esos niños y jóvenes desempañan un papel muy importante en su sostenimiento. Arrancarlos de allí tendrá un costo no menor para ellos y sus familias y mucho mayor para el erario federal.

Segundo ejemplo: Aun cuando por todos los rumbos se escuchan llamados a la unidad nacional y a dejar a un lado las diferencias, como si la salida fuera otro Pacto por México, según cálculos serios, en diez años han muerto más de 200 mil personas, desaparecido 25 mil y hay 280 mil desplazados. Imposible medir los daños colaterales y los homicidios de inocentes, la destrucción de familias y de pueblos enteros. El gobierno de Calderón nunca pudo detener el tráfico de armas ni prever lo que sucedería cuando el Ejército y los narcos entraran en contacto con población inerme. Es improbable que Calderón no hubiera previsto la tragedia que iba a provocar, pero es imperdonable que Peña Nieto siguiera la vergonzosa ruta de la secuencia.

Aunque un poco tarde, el general Salvador Cienfuegos, titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), en un balance crítico de la década pasada, en la cual las autoridades civiles, involucraron sin objetivos precisos a las instituciones castrenses en la lucha contra la delincuencia organizada, señaló que en ese periodo ocurrieron muertes del lado que sea que no debieron ocurrir; las corporaciones policiales estatales y municipales no han sido reconstruidas y siguen incumpliendo su obligación de perseguir a los delincuentes y proteger a la ciudadanía de delitos como homicidios, extorsiones y asaltos; la inseguridad y la violencia no se pueden resolver a balazos; el nuevo sistema de justicia penal no está funcionando porque no están en la cárcel todos los que deberían estar y no se puede tasar igual a quien roba para comer que a un criminal; 2016 no ha sido un buen año, pues los índices de violencia e inseguridad han repuntado, Guerrero es un ejemplo.

Cienfuegos señaló que la función constitucional de las fuerzas armadas ha sido desnaturalizada por su empleo en tareas de seguridad pública que no le corresponden y que deben corresponder a la Secretaría de Gobernación: regular y encabezar las actividades de seguridad interior, no es función de las fuerzas armadas, por ello, apremió a los legisladores a formular un marco legal para la operación de los militares en labores de seguridad interior y dijo que ante la ausencia de reglas claras nuestros soldados ya están pensando si le entran, por el riesgo de ser acusados de violar derechos humanos.

La rotunda inconformidad expresada en voz del titular de los militares es por demás justificada, ahora que el Legislativo duerme placenteramente su dieta navideña, urge que a la brevedad actúe a fin de reforzar el sentido y el espíritu de las disposiciones contenidas en la Carta Magna para el Ejército y la Marina. Urge que pongan coto al empecinamiento de los gobernantes civiles en recurrir a ambos institutos armados para resolver problemas que deben ser atendidos mediante las corporaciones policiales, los organismos de procuración de justicia y el Poder Judicial.

Desde hace tiempo, el gobierno federal ha adulterado el estatuto constitucional de las fuerzas armadas, ha convertido lo que habría debido ser un recurso excepcional en una práctica permanente. El resultado ha sido desastroso para la sociedad, pero también para las propias instituciones, incluidas las castrenses, por eso y muchos más casos es la desaprobación a la figura presidencial.

Si los poderes civiles han sido incapaces de escuchar el clamor nacional e internacional que demanda sacar a los uniformados de las labores de seguridad pública, que escuchen, al menos, a los propios militares que en voz de su comandante señalan al jefe supremo.No pedimos estar aquí; no nos sentimos a gusto; no estudiamos para perseguir delincuentes”. Agregaría yo: los oficiales y soldados de nuestro ejército se han formado con los siguientes valores:

Honor: Es el sentimiento que nos impulsa a cumplir nuestros deberes; representa el respeto hacia uno mismo, su base está en nuestro corazón, como soldados leales, dignos e íntegros, inalterables en el cumplimiento de nuestro deber. Lealtad: Es la devoción sincera, voluntaria e infalible hacia una causa. Patriotismo: Es el amor a la patria, a México, a sus tradiciones, historia y valores. Es el respeto a la bandera y al himno nacional. Valor: Es el ánimo que rige al soldado mexicano en todos los actos de servicio; Abnegación: Es anteponer el servicio a los intereses particulares, es el sacrificio por la Patria; Es el cumplimiento del deber sin esperar recompensa alguna, solo la satisfacción del deber cumplido.  

Los mismos valores aplican para el jefe supremo de las fuerzas armadas. Señor Peña Nieto, cúmplalos y hágalos cumplir y si quiere cambiar su calificación desaprobatoria, saque con abnegación al ejercito de las ciudades y pídale la renuncia a Nuño Mayer y a otros tantos secretarios que por ser civiles carecen de los valores señalados.

 


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