Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

CIVILIZACIÓN TOTALMENTE CIEGA...

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  05-12-16)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

    

Esta navidad dejará de ser una ilusión. Nos encontramos ante un sistema mundo generador de una civilización que camina ciega, estúpida e incluso alegremente hacia el colapso, y que se está quedando sin mecanismos para evitarlo. El triunfo del fenómeno Trump expresa los límites de una sociedad moderna cada vez más carente de mecanismos de ajuste o salvación, ante las dos principales amenazas engendradas por ella misma: la creciente desigualdad o marginación social y el riesgo de perder el equilibrio ecológico del planeta.

Cincuenta millones de estadounidenses mostraron su simpatía por el diablo disfrazado de charlatán, y al hacerlo votaron por la muerte de su propio sistema y por el suicidio de una civilización que les enseñó a mirar solamente a unos cuantos metros de sus necesidades individuales, porque fueron convencidos de que el sentido de la vida es consumir. Creer que Trump era el candidato anti sistémico. Eso es otro invento.  

Este bufón convertido en presidente electo, es por lo contrario la versión descarnada de un sistema que no fue capaz de barnizar o maquillar lo que siempre logra ocultar. Se ha derrumbado buena parte de la parafernalia que crea la ilusión de que se vive el mejor de los mundos posibles, y ha caído especialmente en la escenografía de lo que (casi) todos consideramos el máximo logro de la modernidad: la llamada democracia representativa o electoral.  

La concentración despiadada y obscena de los monopolios y la acumulación de la riqueza del mundo en solamente el uno por ciento junto a los impactos del cambio climático, se ven ahora acompañados por un desgaste de la democracia electoral, la cual se ve cada vez más cuestionada. El desconcierto político acicatea el desconcierto social y ecológico, y éste a su vez inyecta más y más incertidumbre al primero.

El problema no fue Trump, sino los millones de habitantes del país más desarrollado o civilizado de la modernidad que votaron por un candidato anti todo, que representa la negación de los principales valores humanos: tramposo, mentiroso, altivo, fanfarrón, racista, belicoso, sexista, macho, ignorante. Peor, imposible.

La colocación de un mandril desquiciado (disculpas a la especie) en la Casa Blanca por una minoría de estadounidenses, fue posible por un sistema electoral regido por la falsa idea de que quienes son elegidos son representantes legítimos de quienes acuden a votar. Si se suma la abstención (45 por ciento) al voto en contra, Trump llega a la presidencia con sólo 27.5 por ciento del total, y esto se está volviendo cada vez más la regla, no la excepción. Quienes gobiernan por buena parte del mundo son ya usurpadores del poder político, y ello sin considerar que buena parte de quienes juegan el juego son simples administradores del capital. El caso Trump es similar a otros de las democracias modernas.

Los Mandela y los Mujica son cada vez más raros en los gobiernos del mundo. Lo que extraña es que se extrañen. Ahí está Berlusconi en Italia con sus actos mafiosos y sus orgías, elevado varias veces a la presidencia por los italianos. Y qué decir de Fujimori, en Perú, que terminó en la cárcel o los políticos locos de Paraguay y Ecuador. En México, la democracia ha llevado al poder a un sicópata como Vicente Fox, a un alcohólico como Felipe Calderón, y tiene en la Presidencia a alguien que dice que todo va bien, que invita a tomar Coca-Cola en un país en emergencia médica por obesidad y diabetes y que lo mismo roba frases para su tesis que encubre actos ilegales. ¿De qué nos extrañamos?

Lo que los defensores del sistema (explícitos e implícitos) no aceptan es que las masas ignorantes, superficiales, consumistas y banales que ha procreado la sociedad moderna no dan ya para elegir seres humanos cuerdos, decentes y sensatos. Lo que explica la elección estadounidense es el grado de enajenación de los votantes, el nivel de la anestesia lograda sobre los cerebros de las masas formateadas por la televisión, los medios, el consumo, el confort y la tecnología, en un mundo superfluo quebrado por el hedonismo y la banalidad. La sociedad insana vaticinada por Erich Fromm hace medio siglo se hace cada vez más evidente. Las estadísticas de la elección lo muestran patéticamente.

¿Cómo puede una mujer que se respete con un mínimo de dignidad dar su voto a un individuo misógino y machista que llamó cerda a una modelo latinoamericana, asquerosa a su contrincante y que presume de acosar sexualmente? Sin embargo, 53 por ciento de las mujeres blancas y 32 por ciento de las latinas (doblemente agraviadas) votaron por él. ¿Puede un ciudadano de raíces mexicanas directas o parientes latinos votar por alguien que los detesta y denigra? No obstante, casi 30 por ciento del voto latino (y 39 por ciento del de Florida) fue ganado por Trump. ¿Y las religiones y sus supuestos valores morales? ¿Puede un verdadero creyente apoyar a un candidato cuyo dios es el dinero, además de ser tramposo, mentiroso y agresor sexual? Sin embargo, 81 por ciento de los evangélicos y 52 por ciento de los católicos votaron por Trump.

Acaso es válido que un universitario o profesionista vote por un candidato ignorante o falseador que niega la existencia del cambio climático y del impacto del mundo industrial sobre el ecosistema del planeta. Lo que vemos con Trump es el derrumbe de la ilusión de un mundo moderno que se supone democrático, justo y en equilibrio con el planeta y la vida misma, y que está formado por ciudadanos sanos, informados, cultos e inteligentes.

Lo que se está viviendo es el derrumbe de una civilización ciega y el nacimiento de otra que ya no utiliza para tomar sus decisiones el sistema de democracia ficticia, sino nuevas formas de gobernanza, y cuyos ciudadanos se comportan y viven a partir de otros principios y valores. Las declaraciones subsecuentes a su triunfo como presidente de la hasta ahora mayor potencia económica global no hacen más que confirmar que Donald Trump es un peligro para el mundo. Decir que el gobernante no tendrá nada que ver con el candidato, es perder un valioso tiempo para tomar medidas de fondo que vayan más allá de la sola asesoría legal a nuestros connacionales indocumentados.

Desestimar la magnitud de la amenaza es perder desde ahora la batalla por la defensa de los mexicanos de allá y los mexicanos de acá, los que viven de los empleos creados al amparo de las reglas de un libre comercio internacional, que al menos en los sectores manufacturero y de servicios ha sido fructífero y rentable.

En México, tenemos que prepararnos en todos los terrenos. El triunfo de Trump no deja de ser una amenaza que ya ha tenido resultados inmediatos y concretos, antes incluso de que tome posesión del gobierno, con la caída de las principales bolsas de valores del mundo, la devaluación de las monedas de los mercados emergentes, la revisión a la baja de las previsiones de crecimiento en todas partes, economías industrializadas y economías en proceso de desarrollo, y los anuncios oficiales de cancelación de negociaciones para firmar importantes acuerdos internacionales de libre comercio en todos los puntos cardinales.

No sólo está en riesgo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que agrupa y potencia a las economías de Estados Unidos, México y Canadá, y que si bien reportó para nuestro país en 2015 un superávit comercial frente al vecino del norte de 50 mil millones de dólares, para la economía estadounidense significó una exportación de bienes y servicios a nuestro país por más de 236 mil millones de dólares.

También ha sido afectado el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), impulsado precisamente por Estados Unidos en respuesta al creciente peso económico y político de China, que nació en 2005 como acuerdo suscrito entre Brunéi, Chile, Nueva Zelanda y Singapur. Ahora que estaba en vías de reunir a 12 países y abarcar el 40 por ciento de la economía mundial, ya no podrá ser así, porque el Congreso estadounidense ha suspendido el proceso de ratificación ante el umbral de una administración abiertamente hostil a ese tratado.

Otro damnificado es el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones (TTIP), un acuerdo comercial entre la Unión Europea y Estados Unidos, que pretende equiparar las normas de ambos bloques económicos para dar más mercado y competitividad a sus productos. Ángela Merkel, el canciller alemán, ha declarado que ante las nuevas condiciones económicas anunciadas por el presidente electo Donald Trump, las negociaciones de esa alianza quedan suspendidas. Esa misma suerte correrán otros instrumentos de libre comercio, al calor de una ola conservadora que pretende cerrar las economías para defender a sus connacionales, lo que a mediano y largo plazos hará perder a todos, según los expertos y aun quienes con visión global no son especialistas en la materia.

Ante el fenómeno Trump, la pregunta obligada es qué ocurrirá con movimientos de extrema tendencia como el de Le Pen en Francia y el propio Ku Klux Klan en Estados Unidos, ahora que la xenofobia, la intolerancia racial, la misoginia y la discriminación de las minorías en general están adquiriendo cabal ciudadanía en la que fue capital de las libertades públicas, la democracia liberal y la defensa de los derechos civiles. Tal posición obliga a preguntar:

¿Qué ocurrirá con los conflictos en Medio Oriente? y en otros lugares, donde una política de contención y diálogo será suplida por una política exterior estadounidense agresiva, buscando la restauración de una grandeza por caminos más que cuestionados. ¿Qué ocurrirá con la economía mundial, si lo que hoy es una desaceleración se convierte en una recesión y una crisis mundial, sin vencedores, pues todas las economías nacionales sufrirían el costo del regreso a un tribalismo trasnochado e inviable.

En México, tenemos que comenzar por reconocer el tamaño del desafío. Subestimar el reto es comenzar perdiendo en el diseño y la ejecución de la nueva política exterior ante nuestros principales socios comerciales y aliados estratégicos. ¿ Y usted que opina?

 


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