Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

RETORNO A LOS PINOS...

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  05-12-16)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

    

Algo que en México debería mover a reflexión e incluso a cambios estructurales profundos y oportunos ha quedado de manifiesto durante las elecciones gringas: No es poca cosa que Donald Trump, el próximo inquilino de la Casa Blanca (imagen que es difícil de creer) se haya mostrado reacio a reconocer de antemano un desenlace que le fuera adverso y que haya hablado de manipulaciones en el proceso electoral estadounidense. Tampoco es poca cosa que, a pesar de esa fuerte descalificación a la idea romántica de una democracia ejemplar y limpia, la mitad de los votantes, entre ellos mujeres ofendidas y latinos insultados (según diversos estudios de opinión) mantuviera el apoyo a ese peculiar personaje insolente y desbocado, sin castigarlo por haberse atrevido a golpear la institucionalidad electoral. 

En México, la democracia fingida y los procesos similares gozan de deplorable fama. No sólo por los partidos políticos, los candidatos y las campañas que suelen moverse en terrenos de suciedad económica y política, sino por el contexto de su organización (el Instituto Nacional Electoral) y de su valoración (el tribunal electoral federal). En ambos organismos, a pesar de las carretadas de millones de pesos que se invierten en la búsqueda de credibilidad electoral, los resultados nos dejan muy insatisfechos a la mayoría de los mexicanos, y la siguiente estación importante en el 2018, parece estar prediseñada para colapsar esas estructuras y eventualmente para abreviar el hartazgo social en momentos específicos de inconformidad relacionados con las urnas.

Los tiempos electorales y violentos que se viven en varias partes del mundo no conmoverán al inamovible tiranosaurio electoral mexicano. Desde ahora como en el pasado, están presentes formas de engaño político: por ejemplo, Rafael Moreno Valle y Graco Ramírez, gobernadores de Puebla y de Morelos, respectivamente, se valen de trampas para promoverse en anuncios espectaculares por todo el país, al estilo de Andrés Manuel López Obrador y mientras los Calderón Zavala se pasean por Campeche, otros precandidatos utilizan los artificios de las encuestas de opinión por encargo para promover sus presuntas delanteras en las preferencias ciudadanas.

Son previsibles la repetición de vicios, problemas y distorsiones que a pesar de sus exagerados presupuestos disponibles no resuelven los órganos correspondientes, como si justamente lo que se buscara fuera la preservación de esas prácticas confusas y mezquinas, propicias para diversas adulteraciones como si fuera un mal tequila o un producto lácteo rebajado con agua, o quizá un frijol con gorgojo.

El curso electoral estadounidense visto desde diversos planos emocionales (de la enjundia anti Trump hasta el valemadrismo absoluto), permitió a Enrique Peña Nieto fingir preocupación y como si aún le restara tiempo políticamente útil, suelta tardíamente la idea de definir una agenda común y nos invita a la unidad nacional para establecer una política de Estado en materia de combate a la delincuencia y fortalecimiento de la seguridad pública.

Se muestra receptivo por los problemas que se han vivido en años recientes (entre ellos, obviamente, los casi cuatro que lleva como encargado del timón nacional) muestra total apertura para hablar con las organizaciones de la sociedad civil, con las distintas autoridades de los diferentes órdenes de gobierno, para poder establecer una agenda que se puede impulsar en los dos años que quedan a esta mala administración y nos afirma demagógicamente que la revisión del Tratado de Libre Comercio será para ganar y ganar.

El mexiquense dio cifras, estadísticas y consideraciones de todo tipo para argumentar que las cosas no están tan mal, pero a fin de cuentas aceptó que es necesario ir diseñando políticas más eficaces para lo que queda del sexenio e incluso más allá. Esa vocación de transexenalidad se agudiza conforme está por iniciarse el tercer tercio del periodo gubernamental peñista. Las hojas por arrancar del calendario son muchas de aquí a que el orgullo de Atlacomulco entregue el poder, sin embargo, su fuerza y eficacia políticas ya están en la sala de terapia intensiva, en fase terminal y gravemente disminuidas, se van gobernadores corruptos, llegan otros a limpiar la porqueriza y renuncia el del Banco de México, Agustín Carstens, la enfermedad es inminente, está en presencia de una temprana y delatora obsesión por el blindaje hacia el futuro, comienza por dos movimientos por demás extraños:

La pretensión aberrante de dejar durante nueve años como fiscal general de la República a su amigazo Raúl Cervantes Andrade, designado titular de la PGR, y el envío con propósitos blanqueadores (lavar ropa sucia en casa) de quien ocupaba esta fiscalía federal, Arely Gómez González, a la Secretaría de la Función Pública, que en términos muy teóricos se dice que combate la corrupción de la élite gubernamental. Peña Nieto está pensando en la manera de dejarle al sucesor las manos atadas en materia de policías y seguridad pública.

Mientras tanto, Felipe Calderón y Margarita Zavala, su esposa, volvieron en plan político a Campeche, lugar donde el primero tejió una de sus más fuertes relaciones de complicidad, primero como candidato a la Presidencia de la República y posteriormente como ocupante ilegítimo de ese cargo. En esa entidad, con la familia Mouriño y particularmente con el joven Juan Camilo Mouriño Terrazo (JCMT), Calderón definió una ruta cuyos distintivos fueron el uso de dinero privado para financiamientos de proselitismo durante el tramo electoral y la abierta permisividad para la realización de negocios privados de esa familia con cargo a la riqueza pública, en compartido o cuando menos tolerado beneficio (comprobado) de los negocios de los Mouriño, relacionados con energéticos. El expediente Ivancar, dado a conocer por Andrés Manuel López Obrador en marzo de 2008, contiene datos de dos contratos firmados en 2003 por Juan Camilo Mouriño como apoderado legal de la empresa familiar, Transportes Especializados Ivancar, con Petróleos Mexicanos Refinación, justamente cuando el apoderado presidía la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados.

La fuerte relación política del michoacano con Juan Camilo Mouriño Terrazo (nacido en Madrid) hizo en su momento que pareciera decidido el primero a que el segundo fuera su candidato al relevo presidencial en 2012, pero un accidente aéreo (todavía inexplicable) le costó la vida mientras era secretario de Gobernación. La pérdida de quien consideraba su principal operador político y hombre de mayor confianza llevó a Calderón, en noviembre de 2008, a realizar desfiguros, como un magno homenaje póstumo en el Campo Marte, como si hubiera fallecido un héroe nacional.

Los Calderón Zavala, pasearon a bordo de un yate (con bandera estadunidense) de la familia anfitriona y se alojaron en alguno de sus conjuntos inmobiliarios. Recorrieron el desarrollo de gran lujo Campeche Country Club, pletórico de polémica y acusaciones relacionadas con abusos de poder, no sólo por la manera en que la influyente familia Mouriño se hizo de los terrenos comunales. Días atrás se había publicado que Javier Duarte de Ochoa, el veracruzano prófugo, “habría usado una empresa para adquirir terrenos ejidales donde se edificó parte del conjunto inmobiliario (Campeche Country Club).

La Procuraduría General de la República estaría investigando la presunta triangulación de unos 110 millones de pesos a la Inmobiliaria Cartujano, empresa administrada por Moisés Mansur Cisneros, quien habría elaborado un testamento para heredar a Javier Duarte de Ochoa todos sus bienes. Las parcelas relacionadas con el Campeche Country Club habrían sido adquiridas por supuestos prestanombres del ex mandatario de Veracruz por 10 millones de pesos”. 

En septiembre de 2012 la revista Contralínea, dirigida por Miguel Badillo, publicó un reportaje con este señalamiento: “El presidente Felipe Calderón sería uno de los inversionistas del Campeche Country Club, desarrollo inmobiliario-turístico propiedad de la familia Mouriño. Fuentes allegadas al proyecto aseguran que el mandatario es dueño de cuatro áreas exclusivas, donde se ubicaría una casa de descanso equipada especialmente para la familia Calderón Zavala. El complejo se localiza a 14 kilómetros del centro histórico de Campeche y ha sido señalado por la presunta violación de normas ambientales. Una playa ‘privada’, entre sus características”.

En tal contexto, en esa misma tierra campechana, se volvieron a tejer arreglos entre poderes económicos y políticos para fortalecer otra candidatura presidencial. La amenaza es Margarita la esposa de Calderón, quien acompañada por grupos panistas que conservan relación con los Mouriño, se dio el lujo de realizar en la ciudad de Campeche, un acto público de proselitismo desde su plataforma de lanzamiento, la asociación Yo Con México.

Como podemos ver, la impunidad sigue su marcha, lo bueno casi no se cuenta pero cuenta mucho, el activo michoacano y su esposa con engaños de toda naturaleza, pretenden regresar a Los Pinos para finiquitar sus negocios colaterales.

 


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