Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

DESNUDOS Y TENDENCIAS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  28-11-16)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

    

A quienes tenían dudas de que ha nacido una nueva derecha, el triunfo del republicano  Donald Trump en las elecciones de Estados Unidos debería convencerlos de lo contrario. Estamos ante un mundo nuevo donde la derecha machista y racista recoge la rabia de millones de trabajadores perjudicados por el sistema neoliberal. Una derecha nostálgica de un pasado que no volverá, en un periodo de decadencia imperial pero que cuenta con amplio apoyo popular, sobre todo entre las clases medias vapuleadas por la crisis de 2008 y los efectos de la globalización.  

¿Que desnudaron las elecciones estadounidenses? Entre otras cosas, la fractura interna que vive la sociedad, el empobrecimiento de las mayorías y el enriquecimiento obsceno de la elite estadounidense, unos cuantos. Desnudaron también el papel vergonzoso de los medios de comunicación, empezando por los respetables The New York Times y The Wall Street Journal, que no tuvieron empacho en titular que Trump era el candidato del ruso Vladimir Putin. Robert Parry afirma que el otrora respetable Times ha perdido su senda periodística, convirtiéndose en una plataforma de propaganda halagüeña de los poderosos.

Las elecciones desnudaron también la poca credibilidad de instituciones tan vitales como la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), que fue fracturada internamente por las presiones de la demócrata Hillary Clinton para que no investigara sus correos. Con Trump perdieron Wall Street, el complejo industrial-militar, la arquitectura internacional fraguada por Estados Unidos desde 1945 y el 1% de la elite gringa, que apostaron fuerte por Clinton. Ahora los perdedores halagan y rodean al vencedor para condicionarlo, algo que no les va a costar mucho trabajo porque pertenecen a la misma clase de bichos y defienden los mismos intereses.

Después de la elección, muchos nos preguntamos si acaso es probable que los negros como la noche, musulmanes pálidos y latinos tirándole a pintitos sufrirán más con un gobierno de Trump. Pero, ¿acaso ahora lo pasan bien? Nadie puede afirmarlo. Bajo los gobiernos de Barack Obama las muertes de afro estadounidenses a manos de la policía crecieron de modo exponencial, la brecha de ingresos entre latinos y afro estadounidenses respecto a los blancos creció a consecuencia de la crisis de 2008. En 2013 la renta de los blancos era 13 veces mayor que la de los afro estadounidenses y 10 la de los latinos, mientras en 2004 era siete veces superior en los primeros y nueve en los segundos.

Será que la situación de los migrantes mejorará si fortalecen sus organizaciones, las extienden y se movilizan contra el 1%, no por lo que decida la Casa Blanca. La política de los demócratas consistió en cooptar a pequeñas élites de las minorías raciales para usarlas contra las mayorías negra y latina, y para exhibirlas como trofeos electorales. Lo mismo hicieron respecto a las mujeres: un feminismo para blancas de clases medias altas, las demás no merecen respeto, son horribles, artríticas y Trump las llama perras.

Pero no fueron el racismo ni el machismo lo que irritó al 1%, sino las propuestas de Trump hacia el sector financiero y en política internacional. Propuso aumentar los impuestos a los corredores de fondos de alto riesgo, los nuevos ricos sumisos a Wall Street. Defiende una alianza con Rusia para combatir al Estado Islámico y auspiciar salidas negociadas en Medio Oriente. Frente al intervencionismo descarado, propone concentrarse en los problemas domésticos. Otra cosa es que lo dejen, ya que sin guerra el 1% puede venirse abajo.

Desde América Latina, el triunfo de Trump puede ser entendido como un momento de incertidumbre en la política imperial hacia la región. No debemos aventurar pronósticos. Bajo la administración Obama (iniciada en 2009) hubo golpes de Estado en Honduras y Paraguay, la destitución ilegítima de Dilma Rouseff en Brasil, la insurrección derechista en Venezuela, incluida la profundización de la guerra contra el narco en México, iniciada por su antecesor George W. Bush. Peor no nos pudo ir con el progresista en la Casa Blanca. Para América Latina las cosas pueden tender a cambiar, en varios sentidos.

Primera tendencia: el discurso machista y racista de Trump puede alentar a las nuevas derechas y facilitar la profundización de los feminicidios y el genocidio de los pueblos indios y negros. La violencia contra los pueblos, principal característica de la cuarta guerra mundial (acumulación por despojo), puede encontrar menos escollos institucionales, mayor legitimación social y silencio de los medios monopólicos. No es nada nuevo, sino más de lo mismo, lo que de por sí es grave. Será más difícil contar con paraguas institucionales de protección y, por lo mismo, los represores se verán con las manos más libres para golpearnos.

Segunda tendencia: el sistema pierde legitimidad cuando se disparan posturas como las que encarna Trump. Este proceso ya se venía perfilando, pero ahora se produce un salto adelante con la pérdida de credibilidad popular en las instituciones estatales, que es una de las cuestiones que más temen las élites del mundo.

Tercera tendencia: la división entre las clases dominantes es una tendencia global que debe ser analizada con mayor profundidad, pues tiene efectos desestabilizadores para el sistema y, por lo tanto, para la dominación. Hay quienes apuestan todo a la guerra contra los pueblos y otros que creen que es mejor ceder algo para no perderlo todo. Que los de arriba estén divididos es una buena noticia, porque la dominación de los de abajo será más inestable.

Cuarta tendencia: Se avizora mucho sufrimiento en el horizonte, los de abajo lo vamos a pasar peor. En este periodo la inestabilidad y el caos son tendencias estructurales, no coyunturales. Es doloroso, pero es la condición necesaria para poder cambiar el mundo. Sufriremos más represión, estaremos en peligro de ser encarcelados, desparecidos o asesinados. El capitalismo se cae a pedazos y los escombros pueden enterrarnos. Muchos dejarán de creer que la única forma de cambiar el mundo es votar cada cuatro o seis años y como en los juegos del hambre, devolver el poder al pueblo.

La victoria de Trump no es una tendencia ni sorpresa. Nunca fue una broma. Tratarlo como si lo fuera sólo lo fortaleció. Es una creación de los medios, y los medios nunca lo reconocerán. Es un hecho. La única razón por la que es presidente es por una idea arcaica y demente, del siglo XVIII, que se llama Colegio Electoral. En tanto no cambie ese proceso, Estados Unidos continuará teniendo presidentes que no elige el pueblo y consecuentemente los rechaza.

Trump sabe muy bien que los estadounidenses viven en un país donde la mayoría de los ciudadanos han dicho que creen en el cambio climático, creen que las mujeres deben recibir el mismo salario que los hombres, quieren una educación superior libre de deudas, no quieren que se invadan países, quieren un aumento del salario mínimo y un sistema universal de salud pagado por el Estado. Nada de eso ha cambiado. Lo único que falta es el liderazgo liberal necesario para que eso ocurra. ¿Será Trump esa tendencia o tal vez esa desnudez? Pronto lo sabremos.

 


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