Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

LAS HERENCIAS DE MEADE.

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  19-09-16)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

   

 

Además de la extraña e inexplicable invitación a Trump, el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Videgaray deja de herencia en el despacho hacendario, un asunto igual o más siniestro que la volatilidad del peso ante el dólar, más que un precio inestable del petróleo, una galopante inflación, recortes presupuestales y una deuda tan pesada como la losa del pípila.

 

Sin duda, el indicador más contundente sobre la inefectividad de la actual estrategia de combate al crimen organizado es la buena salud hacendaria y fiscal que gozan los mecanismos de lavado de dinero en el país y en el mundo. Dicha actividad, constituye el momento culminante de una cadena delictiva que disfraza el origen ilegal del dinero para poder utilizarlo. Es decir, dinero maldito que vale mucho en lo oscurito.

 

En México el negocio de lavar dinero, ha avanzado hasta consolidarse en uno de los sectores más relevantes y sólidos de la economía, reconocido como tal por expertos en la materia y, así sea tácitamente, por las propias autoridades, particularmente las fiscales que comandaba  el inexacto Luis de Videgaray y que ahora reciben órdenes del mil usos José Antonio Meade que de un plumazo dejó el desarrollo social y heredó las complejidades propias de ponderar con exactitud el peso económico de una actividad que se desarrolla por canales clandestinos.

 

Los expertos afirman que las cifras sobre el lavado de dinero en México, reconocidas por la Secretaría de Hacienda y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, oscilan entre 15 mil y 50 mil millones de dólares al año. Otras estimaciones de carácter extraoficial señalan que los grupos delictivos envían al territorio nacional entre 19 mil y 39 mil millones de dólares. Este último rango, por cierto, es idéntico al que manejó el Departamento de Estado de Estados Unidos en un reporte difundido en 2013.

 

Pese a las disparidades, tales cantidades apuntan a decenas de miles de millones de dólares en los flujos de dinero ilícito que se introducen en la economía nacional. Esa magnitud, a su vez, hace inevitable suponer una considerable capacidad de infiltración de bandas delictivas en la institucionalidad encargada de detectar y combatir la entrada de dinero sucio a México, pues resulta inverosímil que sumas semejantes puedan ser lavadas sin el apoyo, omisión o complicidad de las autoridades.

 

De acuerdo con especialistas y compañías especializadas en seguridad financiera, el auge del lavado de dinero se ve incentivado en la coyuntura actual por la proliferación de nuevas modalidades de esas prácticas al amparo de las tecnologías de la información, que escapan a la regulación existente. El principal aliciente para que las organizaciones criminales sigan blanqueando recursos a sus anchas es la inacción, que raya en la falta de interés de las autoridades. Como ejemplo, recordemos que dos de los escándalos más relevantes en años recientes sobre episodios de presunto lavado de fondos en el sistema financiero mexicano (que involucraron a las instituciones HSBC y Banamex) fueron revelados por pesquisas de la justicia estadunidense.

 

Bonito asunto heredó Pepe Toño Meade, el relajamiento de las acciones gubernamentales en México para frenar el flujo de dinero ilícito en el país y su blanqueo en el sistema financiero ha resultado muy costoso para la paz social y en pérdida de vidas humanas. A fin de cuentas, sin el lavado de recursos procedentes de actividades delictivas las organizaciones criminales no podrían seguir operando, adquiriendo armas y corrompiendo policías, agentes del Ministerio Público y demás funcionarios. Es necesario, pues, que el combate a este ilícito además de ser visto como medida accesoria de la política de seguridad se convierta sin dudarlo, en la columna vertebral de la misma política fiscal.

 

Otra herencia desagradable que tiene que enfrentar él mil usos del régimen peñista, se refiere a la defensa de la propuesta del Proyecto de Presupuesto para 2017. El recorte presupuestal envía una señal de certidumbre. No hay espacio para un mayor recorte, como algunas voces reclaman. Miguel Ángel Mancera pregunta: ¿por qué le ponen cero en el Fondo de Capitalidad de la Ciudad de México? ¿Por qué no se apoya la ampliación del Metro y si el tren a Toluca?

 

Él sabe bien que se acaba el dinero y se acaba el amor. El largo romance político entre el gobernante chilango y Enrique Peña Nieto vive momentos tensos, con visos de ruptura, debido a los recortes presupuestales que Luis Videgaray le heredó a Meade y que serán discutidos en el Congreso federal. La capital del país, es una ciudad que requiere de muchos recursos para sostener sus servicios, hacer nuevas obras y dar mantenimiento a las existentes, hoy se topa con una política federal restrictiva, lo que metería a la administración mancerista en graves problemas políticos y sociales. Se habla incluso de que el PRD podría manifestarse y protestar en las calles.

 

Pero, como el espectáculo debe seguir, ya está en puerta el estreno de la obra política relacionada con la constitución de la Ciudad de México. Es una puesta en escena que no emociona al respetable, pues bien sabe la audiencia que los problemas reales de la capital del país no se solucionarán con nuevas y tal vez mejores reglas jurídicas, y que la realidad seguirá casi igual, más allá de los montajes palaciegos, de cambios de denominación (de Distrito Federal a Ciudad de México) y de constituciones (como si la federal de mucho sirviera y realmente fuera respetada).

 

El escenario constitucionalista al mando de Augusto Gómez Villanueva (Dinosaurio priista) no obedece ni responde a una necesidad popular, sino a pretensiones de élites políticas, sobre todo del futurismo mancerista que desea colgarse la medalla histórica de los cambios en la CdMx.

 

Por lo pronto, Mancera ha nombrado a sus seis representantes. Obviamente, va Porfirio Muñoz Ledo, en quien ha descansado una parte importante de la elaboración de las propuestas. También está en el paquete mancerista el senador Alejandro Encinas.

 

Ante la pregunta de Mancera y el reclamo a la sonrisa de la autoridad financiera, el secretario Meade respondió en forma sarcástica: Mancera dice que tengo yo mala sonrisa, mi mamá dice que la tengo muy buena. Cierren las puertas señores, el giro o el colorado.

¡Échate ese trompo a la uña, amigo lector!

 

 


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