Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

VOCES DE NOCHIXTLAN

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  01-08-16)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

   

Realmente a nadie sorprende, se cumplió un mes y medio y las investigaciones como de costumbre no avanzan. Aun cuando los medios nos quieren vender la versión contraria, recordamos que el domingo 19 de junio elementos de las policías estatal y federal atacaron a miembros de la Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación (CNTE) y pobladores de la comunidad oaxaqueña de Asunción Nochixtlán, en la región Mixteca. Ellos exigían la apertura del diálogo en torno de la reforma educativa y mantenían cerrado el tramo de carretera que conecta a Oaxaca, la capital del estado. Durante la refriega, fallecieron por lo menos nueve personas y más de un centenar recibieron heridas de distintas magnitudes, la tragedia fue denunciada como un episodio de represión violenta en el cual las propias autoridades reconocieron el uso de armas de fuego por las corporaciones policíacas presentes.

Mes y medio y nada está claro, no se conoce una postura oficial que esclarezca lo sucedido y finque las responsabilidades correspondientes, prevalecen los “estamos investigando; el vuelvan mañana” y los improcedentes intentos de atajar la situación mediante versiones contradictorias y carentes de verdad, emitidas durante y después de las horas que siguieron al episodio violento. Algunas preguntas se quedaron archivadas junto con el silencio sepulcral que precede. ¿Por qué afirmó la Comisión Nacional de Seguridad en su boletín del domingo 19 de junio que los elementos de la Policía Federal enviados a desalojar el bloqueo de Nochixtlán “no se encuentran armados ni portan tolete”? 

¿Por qué dijo el gobierno que las fotos y los videos de la acción en la que se puede ver a policías armados y disparando “no correspondían” a ésta? ¿Por qué guardó silencio una vez que las agencias Ap y Xinhua divulgaron los metadatos de las cámaras, que validan que las gráficas fueron tomadas en el lugar y a la hora de los hechos? ¿Por qué, el comisionado de la Policía Federal, Enrique Francisco Galindo Cevallos, afirmó que los efectivos gubernamentales habían sido víctimas de una “emboscada” con armas de fuego? ¿Cuáles fueron los “grupos radicalizados” que supuestamente atacaron a balazos a las fuerzas del orden? 

A la apatía de los gobiernos federal y estatal y a la poca credibilidad y lentitud de las investigaciones oficiales, no abonan para nada la tardía atracción del caso (17 días después de los acontecimientos) por parte de la Procuraduría General de la República; ni que Roberto Campa Cifrían, subsecretario de Derechos Humanos de Gobernación, se apersonara en la comunidad casi tres semanas después para prometer y no cumplir su oferta de enviar brigadas médicas para atender a los heridos.

Llegaron únicamente cinco médicos, informaron a la comunidad que sólo iban a realizar un diagnóstico y se retirarían, con sobrada razón, los pobladores retuvieron a los galenos para que dieran atención médica, también para presionar a las autoridades federales a que envíen las brigadas prometidas sin tomar medidas en contra de los heridos, ya que el temor a represalias futuras ha hecho que algunos lesionados de bala tengan miedo de atenderse.

Que se envíen sicólogos y especialistas, ya que hay personas adultas que sufren delirio de persecución luego de lo acontecido, pero sobre todo por el daño mental que sufrieron decenas de niños, quienes temen una nueva incursión policiaca. Las voces de Nochixtlán  exigen ante todo, respeto y expresan la decisión de no permitir más impunidad. ¿Cómo confiar ahora en aparatos que están en manos de los propios criminales?  Adriana Linares, madre mixteca que pertenece a la comisión de diálogo con el gobierno, agrega con voz firme y tajante que las autoridades deben saber que la resistencia que antes era de los maestros, ahora es de los pueblos. “No negociamos con nuestros muertos… ¿Cómo reparar la pérdida de un hijo?... Queremos que el gobierno federal se vaya y al estatal que se haga a un lado, porque no saben gobernar al pueblo de Oaxaca.”

Por éstas declaraciones, Adriana y su familia sufren ya hostigamiento e intimidación. Las voces de Nochixtlán acusan que los funcionarios estatales presentaron un informe a modo a senadores y diputados federales, asegurando que todos los heridos ya habían sido atendidos y dados de alta. Es falso, la situación no ha sido solucionada, nada cumplen y aparentemente autoridades federales y estatales no tienen intención de resolver los problemas y daños derivados del enfrentamiento.

Ofrecieron una indemnización para familiares de fallecidos, lo cual fue desechado, ya que, más que el pago de dinero, buscan y exigen justicia, no la encuentran, por ello, se organizó una caravana con casi mil integrantes, encabezados por 157 presidentes municipales, además de autoridades agrarias de varias comunidades de la entidad, que se suman a las demandas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE): justicia, abrogación de la reforma educativa; liberación de los presos políticos del magisterio disidente y la destitución del soberbio e hipócrita Aurelio Nuño Mayer, secretario de Educación Pública que no los escucha y se saca de la manga un modelo educativo que engañosamente gestionó ante el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación SNTE. El delfín de Peña Nieto no entiende que es inaceptable imponer la misma educación, con normas homogéneas dictadas desde arriba, a comunidades y pueblos con culturas, lenguas y valores de profunda diversidad, que no pueden reducirse a un estándar que ya ni siquiera es nacional.  

Tampoco entiende que a partir de los trágicos sucesos de Nochixtlán, la caravana fue un recordatorio de que la justicia efectiva para las víctimas y la reparación del daño resultan de la máxima urgencia no sólo por el respeto debido a las garantías fundamentales de los afectados, sino para evitar que los acontecimientos de Oaxaca se sumen a la crisis que en materia de derechos humanos atraviesa por todo el país y que constituye un pendiente principal de la administración de Peña Nieto.

De las voces de Nochixtlan, llenas de valor y entereza, brotan otras tantas interrogantes: ¿Por qué se le permite a Nuño Mayer el pésimo manejo político del magisterio? ¿Se le deja de lado para evidenciar a Osorio Chong? ¿Cómo se relaciona el doloroso episodio de Nochixtlan con el jaloneo sucesorio dentro del régimen? ¿Está consciente el gobierno de Peña Nieto de que en materia de credibilidad, respeto a los derechos humanos y procuración de justicia, la figura presidencial se encuentra por los suelos?  

Y por último, ¿Por qué hacen todas estas estupideces? ¿Serán mal intencionadas, por descuido, por ineptos, por descontrol, por programa, por odio? Tal vez nunca se sepa, pero las voces valientes de Nochixtlan siempre estarán presentes.

 


 


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