Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

ZONAS ECONÓMICAS ESPECIALES

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  04-07-16)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

   

El 27 de noviembre de 2014, Enrique Peña Nieto anunció la creación de tres Zonas Económicas Especiales (ZEE) para el desarrollo de la región sur del País. Estas son: el corredor industrial inter-oceánico del Istmo de Tehuantepec, municipios colindantes al Puerto Lázaro Cárdenas en Michoacán y Puerto Chiapas, cercano a la frontera con Guatemala. Seis entidades serán  incluidas en este esquema: Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Chiapas, Veracruz y Tabasco, que según él y sus paleros, cuentan con ventajas logísticas especiales y tienen alto potencial productivo.  

Tras 18 meses de letargo legislativo y de múltiples desequilibrios sociales y económicos que persisten en el país, por fin, Enrique Peña Nieto, el 31 de mayo promulgó en Lázaro Cárdenas, Michoacán, “la Ley de Zonas Económicas Especiales (ZEE) con la que se prevé generar un mayor crecimiento y productividad para revertir siglos de rezago”. Con números alegres sacados de la manga, espera que con estas zonas se tranquilice la inquietud sureña y se generen 115,000 empleos que la demagogia del discurso no aclara si son empleos formales y bien remunerados, o son empleos del peor es nada por su baja productividad.  

El mandatario federal con nariz de “Pinocho” dijo durante la promulgación de la ley, que en México las oportunidades de desarrollo deben estar al alcance de todos los ciudadanos (No manches). Giró diversas instrucciones a la Secretaría de Hacienda como crear un órgano desconcentrado que se encargará del establecimiento de las zonas y pataleo para que en junio se complete la legislación secundaria de esta ley, lo cual dudamos pues ya es julio y no hay noticias.

Videgaray (el palero mayor), dice que en su sueño guajiro, estas zonas de privilegio, “deben ser lugares donde familias mexicanas quieran vivir, donde exista educación, donde exista salud, opciones de entretenimiento y por supuesto, una vida segura”. Para ello, serán impulsadas con beneficios fiscales y laborales, financiamiento preferencial de la banca de desarrollo, un régimen aduanero especial, facilidades al comercio exterior y de trámites para las empresas interesadas, la obligatoriedad de un plan de desarrollo en el que se prevea toda la infraestructura que se requiere para que una zona económica sea exitosa y programas de apoyo  por medio del establecimiento de reglas de comercio e inversión diferenciadas que permitan combatir la desigualdad  y la inseguridad. En los artículos de la ley, se aprecia que se pretende formar zonas exclusivas para el capital, con excepcionalidad arancelaria, libres de impuestos, con tribunales autónomos y reglas laborales propias.  

Lo que el discurso oficial no dice, es que estas zonas son de las más marginadas del país donde el capital no corre riesgos, que son desiguales e inseguras donde prevalecen la pobreza, el trabajo no calificado, el desempleo, la ignorancia y la falta de respeto a los derechos fundamentales que generan actos de exclusión respaldados por el estancamiento económico y social. Con excepción de Michoacán, Tabasco  Veracruz, clasificados con grado de marginación alto, las otras tres entidades tienen grado de marginación muy alto. Chiapas, Guerrero, Michoacán y Oaxaca, contribuyen con 7% del PIB nacional, pero representan el 15% de la población nacional.  

Otros países en desarrollo han creado con éxito estas zonas desde hace más de 20 años, como es el caso de China y la India. En China por ejemplo, se originaron no con el fin de atacar la desigualdad sino con el proceso de apertura a Occidente y como parte de la política de transición desde el sistema comunista hacia un sistema de producción de economía de mercado. En China se ubicaron en las regiones costeras con acceso a los puertos y a las redes más importantes de transporte que comunican a centros económicos de gran relevancia económica. 

Estas zonas, además de contar con mano de obra barata y facilidad para el comercio exterior, ofrecían un paquete de incentivos de inversión a las empresas nacionales y extranjeras con el objeto de establecer plantas manufactureras modernas, esperando que el capital extranjero y la tecnología pudieran ser atraídos para acelerar el crecimiento y la promoción de exportaciones. Hoy, 36 años después, con rectoría definida, los chinos tienen ya la economía más grande del mundo, medida por paridad de poder de compra.

Pero México no es China ni la historia es destino. De manera que un proyecto como éste, aunque puede funcionar, no es de ninguna manera garantía de éxito, y en todo caso, no depende de una decisión, de un sentimiento u opinión gubernamental. Ojala el Ejecutivo tuviera la facultad de decretar lo que será económicamente exitoso, pero no es así. Las circunstancias de violencia, la corrupción y la impunidad en el país nos deben poner a dudar, pero sobre todo aquellas que están en el marco del discutido TLCAN y la postura de Trump al respecto.  

A pesar de los buenos deseos, en sus intenciones la idea de las nuevas Zonas Económicas Especiales (ZEE), es buena, pero de alcances muy limitados y con varios riesgos. Pueden convertirse en grandes elefantes blancos ya que en lugar de que sean los agentes económicos los que de manera libre decidan dónde se asentarán las inversiones viables y, en consecuencia, la infraestructura requerida, se pretende orientarlas por voluntad oficial con base en un juicio de valor: “hace falta desarrollar al Sur”. De eso no hay ninguna duda, pero el Ejecutivo es por completo incapaz de hacer esto por decreto, las fuerzas divinas del poder no lo permiten.  

Videgaray sabe muy bien que en economía no se deben confundir causas con efectos. Si para una empresa o proyecto resulta rentable instalarse en algún sitio, así lo hará, y es ahí donde debe llegar la infraestructura que demandan. Si, en cambio, para los empresarios no resulta rentable, así les ofrezcan cero impuestos nunca pondrán ni la primera piedra. Si esto último ocurre a gran escala, como es probable, el gasto que se haya hecho en las ZEE para carreteras, gasoductos, instalaciones, o lo que sea, habría sido un recurso tirado a la basura.  

De las brechas entre el discurso presidencial y las diversas entrevistas en las que se ha escuchado al secretario de Hacienda, Luis Videgaray, se desprende que más parece una propuesta sacada de la manga que una decisión bien pensada. ¿De dónde saldrán los recursos para las ZEE?, Videgaray asegura que ya todo está incluido dentro del Plan Nacional de Infraestructura que nadie conoce. Lo que parece ser cierto es que las franjas de desarrollo propuestas se enmarcan en una visión estratégica en la economía global que, en lo interno, impulsará el desarrollo regional y hacia el exterior permitirá el acceso preferencial a las 12 economías más importantes del planeta a través de la Alianza del Pacífico y el Acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica.  

Al respecto, dicen los especialistas que lo que necesitamos los mexicanos es un “País Económicamente Especial” y no zonas receptoras de privilegios. Coincidimos. Se tendría un incentivo mucho mayor y general para beneficio de los mexicanos, si, por ejemplo, ventajas como las de una tasa de Impuesto Sobre la Renta de máximo 12% para personas físicas y 16% para personas morales se aplicara en todo el país. Claro que bajar los impuestos de manera muy importante sería sólo el primer paso, después, se tendría que empezar por recortar el gasto gubernamental, lo cual duele demasiado a nuestros políticos, quienes, a pesar de los pésimos resultados, siguen teniendo fe en que su gasto deficitario “estimula” el crecimiento económico y, de paso, les ayuda a comprar votos.

En México contamos con ejemplos concretos de éxito en sectores sumamente productivos, reconocidos por su elevada competitividad y altos estándares de calidad. Las industrias automotriz, aeroespacial y la maquila de exportación instaladas en el norte del país son ejemplos de industrias que generan empleos bien remunerados y potencian el desarrollo regional, y se originaron como parte de una política pública específica para su impulso. En el extremo, para la zona sur del país no es novedad la actividad exportadora que llegó para aprovecharse del entorno natural y perpetuar la precariedad y la pobreza extrema, cualquiera que conozca un poco sobre la región cafetalera del Soconusco (donde se sobreexplota la fuerza de trabajo y se despoja de tierras a los pueblos indígenas) se podrá  desconfiar del discurso de progreso que cobija al proyecto de las ZEE.  

En esta región, que genera riqueza en unos cuantos y pobreza en muchos, se emplea mano de obra infantil y migrante, así lo sugieren 88.9% de hombres y mujeres guatemaltecos(as) que se transforman en un conglomerado de seres invisibles, extranjeros, expuestos permanentemente a la precarización laboral y exclusión social, pierden la posibilidad de desarrollar capacidades que les permitan responder ante situaciones de alto riesgo o acceder a posibilidades que mejoren su calidad de vida ya que nadie se responsabiliza de su bienestar por tratarse de un contexto transnacional. 

Los antecedentes nos dejan sin aliento, suponen al contrario, un proyecto que profundizará el subdesarrollo de la región y utilizará la mano de obra precaria como el motor principal del crecimiento, la ganancia y la exportación. La forma de hacerlo ya la conocemos: se ofrece el territorio al capital extranjero por medio de una excepcionalidad arancelaria, se garantiza una geografía estratégica con infraestructura pagada por los mexicanos, se subsidian los servicios y se oferta una mano de obra barata dispuesta al mejor postor.  

La idea alentada por políticos y empresarios que promueven las ZEE como proyectos de desarrollo para la zona sur del país, resulta evidentemente falsa. Que nadie lo dude. El concepto de las ZEE, en realidad, fue una ocurrencia que nace del descontento que impera en los estados del sur: gobiernos corruptos, economías precarias, miseria, impunidad, tragedias terribles e impunes. Si queremos impulsar a México hace falta mucha acumulación de capital nacional y atracción de externo. Se necesitan más empresarios serios y menos planificación gubernamental. Las ocurrencias con buenas intenciones terminan saliéndonos muy caras, recordemos que no puede haber paz social mientras existan desigualdades tan profundas. Así que ¡cuidado con las ZEE!  

¿Acaso estas vendrán a renovar ese modelo poniéndole más gasolina al motor de la explotación y el despojo o realmente serán la realidad con la que sueñan unos cuantos? Usted que opina estimado lector.


 


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