Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

CORRUPTOS TODOS NOSOTROS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  13-06-16)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

   

Hace unos meses, cuando Enrique Peña Nieto promovía su iniciativa de ley anticorrupción, el sujeto que nos preside, aseguró con muy poca ética, que la corrupción es inherente a la naturaleza humana; es decir, que por sólo ese hecho, todos los seres humanos somos corruptos. T al vez, en aquel demagógico y distorsionado discurso preparado por la pluma de sus asesores, Peña, sin tener en cuenta la definición clara y objetiva del calificativo que se refiere fundamentalmente al mal uso del poder público para conseguir una ventaja ilegítima generalmente de forma secreta y privada, seguramente fue traicionado por el subconsciente y expresaba su posición personal.  

Del señor de Los Pinos, aún se recuerda su irritada reacción frente al impecable reportaje del equipo de investigación de Carmen Aristegui sobre la llamada Casa Blanca: el 18 de noviembre de 2014, el presidente, visiblemente molesto, estalló contra quienes difundían falsedades que no tienen sustento alguno. La absurda explicación que dieron Peña Nieto y horas después su esposa, Angélica Rivera, a muchos nos pareció una postura inverosímil como lo fue también la postura del palero secretario de la Función Pública Virgilio Andrade. Nada pasó ni pasará nos dijimos unos a otros, pero lo que si entendimos fue que para el Presidente de la República, secretarios de Estado y gobernadores corruptos e impunes, enriquecerse ilícitamente y recibir regalos millonarios provenientes de intereses privados, no es ilegal y mucho menos, es contrario a la ética moral del comportamiento humano. 

Una vez más, gobernadores, secretarios y la engañosa mancuerna conformada por Peña y Andrade, nos mintieron: la corrupción no es parte de la condición humana; ni de la naturaleza de los políticos, ni siquiera, de los presidentes de México, si bien el hecho corrupto es muy difícil de probar, la fortuna de un hombre público, sin justificación ni correlación con sus salarios e ingresos, además de ser visible, sí se puede mostrar. La casa blanca, Malinalco, contratos millonarios y otras mansiones lujosas lo demuestran.

En ese aspecto, observamos que dentro de la fauna política mexicana hay muchos casos ejemplares tanto del gabinete actual como de los postulantes a gobernarnos, por ejemplo: En las recientes campañas electorales, donde campeo el oportunismo del nuevo PAN y del nuevo PRD. El PRI, Peña Nieto y Beltrones, fracasaron el electorado les dio de patadas en el trasero en ocho estados que gobernaban y todo porque para variar no quisieron dejar de hacer lo mismo de siempre y postularon a políticos salidos de las catacumbas del régimen que prometieron la luna de miel a sabiendas que varios de ellos son dueños de fortunas inexplicables, garantes de la impunidad de sus predecesores e impulsores de las políticas entreguistas y engañosas del actual gobierno federal.

Así es el PRI y sus características corruptas. Pero, al revisar la lista y el perfil de los candidatos postulados por el PAN y el PRD, inmediatamente, nos dimos cuenta que todos son iguales que los del partido tricolor, porque muchos de ellos salieron de esas filas partidistas y no han querido comprender que el tema crudo que lastima a la sociedad mexicana, es el de esa corrupción desmedida que para sus líderes es inherente a la naturaleza humana.

Con oportunidad, los periódicos locales exhibieron los bienes inmuebles de Francisco García Cabeza de Vaca (PAN-Tamaulipas), y su total falta de relación con lo que el hoy virtual gobernador electo ha ganado, según su declaración fiscal. Antonio Gali (PAN-Puebla) posee una fortuna de 116 millones de pesos, amasada no con el sudor de su frente sino basada en antros, prostitución y otros giros similares, a la sombra del gobierno de Rafael Moreno Valle. De José Guadarrama (PRD-Hidalgo) se decía hace años que tenía una ficha sin desperdicio que mucho ha crecido. A Rafael Flores Mendoza (PAN y PRD-Zacatecas) lo han acusado de desvío de recursos; de José Antonio Estefan (PRD y PAN-Oaxaca) han exhibido cuentas millonarias en Texas…

Por supuesto, la joya de la corona es el siniestro personaje que va a gobernar Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares, no sólo porque lo postularon ambos partidos (PAN/PRD), sino porque su trayectoria va más allá de la fortuna mal habida a la que cada semana se le agrega un nuevo filón: muestra (como en el caso de Guadarrama) la represión y la violencia; exhibe (como en el caso de Cabeza de Vaca) vínculos con el crimen organizado (en el caso del veracruzano, la trata de menores). Promete eso sí, encerrar al corrupto Duarte de Ochoa que dejó temblando a la Universidad Veracruzana y desde luego vacías las arcas del estado que se llenaron de miseria y dolor. 

No debemos extrañarnos, en todos los tipos y niveles de gobierno los actos de corrupción política son susceptibles, pero en el nuestro, los lazos familiares o de amistad aún perduran con más presencia conforme se desciende en la pirámide burocrática. El nivel de corrupción tiene mucho que ver con la manera en la que se comporta el sector privado en conjunto con los sistemas políticos y con el sector público, ambos son cómplices que se escudan en el uso ilegítimo de información privilegiada, el tráfico de drogas, el patrocinio, los sobornos, las extorsiones, los fraudes, la malversación, la deslealtad, el caciquismo, el compadrazgo, la cooptación, el nepotismo, la impunidad, y el despotismo. Todas son formas de corrupción que facilitan a menudo otro tipo de hechos criminales como el narcotráfico, el lavado de dinero, y la prostitución ilegal; aunque no se restringe a estos crímenes organizados, y no siempre apoya o protege otros crímenes. 

En el sector privado, la corrupción incrementa el costo de los negocios y actividades empresariales ya que a éste hay que sumar el precio de los propios desembolsos ilícitos, el costo del manejo de las negociaciones con los cargos públicos, y el riesgo de incumplimiento de los acuerdos o de detección (Ferrocarril Querétaro y Aeropuerto Cd. De México). En el sector público, genera distorsiones al desviar inversiones públicas a proyectos de capital en los que los sobornos y mordidas son más abundantes. Los funcionarios pueden incrementar la complejidad de los proyectos (tiempo y costo) para ocultar o allanar el camino para tales tratos, distorsionando de este modo todavía más la inversión.

La corrupción tiende a frenarse cuando se dan aumentos extraordinarios en la cantidad y la calidad de los medios de producción, y también si se diera una economía internacional basada en un sistema estable de intercambio de valores, bienes y servicios. En países como el nuestro donde la transparencia de las cuentas públicas y de las adquisiciones, concesiones y similares es muy reducida o incluso inexistente estamos más expuestos a estas acciones, pero si además los medios de información no son transparentes al informar a los ciudadanos o se ven coartados en la posibilidad de hacerlo o simplemente manipulados, el proceso de corrupción será más complicado de erradicar y juzgar.

En materia ambiental, por ejemplo, México tiene formalmente una legislación destinada a proteger el ambiente, pero no puede ser ejecutada si los encargados de que se cumpla son fácilmente sobornados como es el caso de la verificación vehicular en la Ciudad de México, la tala inmoderada de bosques y selvas, los desarrollos turísticos en áreas naturales protegidas, el mal uso y aprovechamiento de aguas y suelo, etc. Lo mismo puede aplicarse para los derechos sociales, la protección laboral, la sindicación y la prevención del trabajo infantil. La violación de estos derechos legales permite a los países corruptos ganar una ventaja económica ilegítima y corrupta en los mercados internacionales.

Es obvio que la represión y la sanción en relación a los actos de corrupción deben existir y fortalecerse cada vez más, el fenómeno tendrá tendencia a disminuir si a nivel institucional y en la justicia se tiene una posición firme y atenta respecto de los distintos tipos de corrupción, en caso contrario aumentará. El narcotráfico por ejemplo así como ciertos sectores corruptos enquistados en la política, han llegado a tener tanto poder y a ejercer tanta presión, que difícilmente podrán ser combatidos.

Quizá la clave para en alguna medida frenar la corrupción se encuentre en el fortalecimiento del tejido social-institucional. En este sentido la educación en valores puede llegar a ser uno de los pilares, así como procedimientos menos abiertos y más transparentes en relación al manejo del dinero y a la implementación de las transacciones financieras sin base material anónima que permite el cómodo seguimiento de largas y confusas cadenas de transacciones.

Por cierto, señor presidente, con el voto adverso a su partido, la sociedad mexicana harta de tanta porquería, demanda a usted y su iniciativa de ley, menos impunidad, la transparencia de las instituciones ante el uso de recursos públicos, mayor independencia de los medios de comunicación y la revisión legal de las normas que se relacionan con el poder judicial para lograr una mayor independencia del poder ejecutivo y legislativo, sólo así, dejaremos de pensar que todos nosotros somos corruptos.

Finalmente, le recordamos que el término opuesto al de corrupción, es transparencia, un valor tal vez ético que hemos perdido de vista durante décadas pero que definitivamente ha desaparecido durante la administración que nos ocupa. Basta ya de tanta inmundicia.


 


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