Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

RESCATANDO A PULIDO

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  06-06-16)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

   

¿Usted sabe quién es el actual gobernador de Tamaulipas? A menos de tres días de que se elija a su relevo, muy pocos mexicanos y sobre todo pocos tamaulipecos lo saben. Egidio Torre Cantú es su nombre, actuó generalmente en lo oscurito, se mostró siempre blindado, elusivo, ajeno a los planos nacionales, sus propósitos mediáticos confinados a lo local, tachado por lo menos de omiso ante la supremacía de los cárteles en la entidad, su figura decorativa de color grisáceo se considera equiparable a una subgerencia modesta dentro del organigrama gubernamental. 

El pasivo Torre Cantú ha visto pasar durante casi un sexenio, sin mover siquiera una de sus pobladas cejas, la historia de horrores cometidos por el crimen organizado, entre sus vertientes y contra la propia población, comenzando por el asesinato de su hermano Rodolfo, a escasos seis días de las elecciones de 2010, tragedia ejecutada por un comando de alta precisión asesina, de todo lo cual Egidio no logró avanzar ni un milímetro en el esclarecimiento y castigo. 

De pronto, a menos de tres días de que se elija a su relevo, el gobernador de un estado siempre gobernado por el PRI, que está en desesperada guerra sucia contra otro personaje del elenco oscuro norteño, el panista Francisco García Cabeza de Vaca, fue el principal personaje en el escenario correspondiente a la auto liberación del futbolista internacional Alan Pulido (exjugador de Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León y actualmente delantero del Olimpiacos de Grecia). En la historia que las redes sociales difundieron, Cantú apareció en su papel de personaje justiciero y en grandes sectores de la sociedad tamaulipeca, comenzó a mencionarse como alusión cinematográfica con el nombre de “Rescatando a Pulido”, que seguramente competirá en la cartelera con aquella de “Atrapen al Chapo”.  

El guion de la película va más o menos así: La fuerza policiaca tamaulipeca, que una gran parte de los tamaulipecos considera absolutamente penetrada por el crimen organizado y marcialmente puesta al servicio de éste, había realizado el rescate del deportista internacional. El procurador estatal de justicia explicaría contradiciéndose que sus agentes ya rondaban la casa donde Pulido había roto el vidrio de una ventana buscando salir. Virtualmente era un éxito de la policía tamaulipeca, coordinada con la Federal y el Ejército. Al final, se concedía al gobernador Torre Cantú el infrecuente privilegio de ser la figura central de las primeras estampas de Pulido en libertad, y no los mandos federales y militares.

La hazaña de auto liberación de Pulido también es excepcional. Tamaulipas es líder nacional en secuestros y hay miles de familias en espera de algún dato que indique que los desaparecidos siguen con vida. La mayoría de esos familiares han vivido situaciones traumáticas al escuchar telefónicamente a los delincuentes torturar a las víctimas, cercenarlas e incluso violarlas, como método salvaje para apresurar pagos. Muchos han muerto aunque se hubiera pagado el rescate.

Al inhumano dolor causado por los mafiosos explícitos se suma la confirmación de que el aparato gubernamental que debería atender y proteger a esos familiares y a esas víctimas está organizado para retardar burocráticamente todo trámite, comenzando con el del propio inicio de la búsqueda, cómplices de los cárteles muchos policías, agentes del Ministerio Público, funcionarios gubernamentales y políticos con poder, beneficiarios económicos de los botines.

Los ingredientes del relato chocan con la percepción largamente construida entre tamaulipecos y mexicanos, pues no suele suceder que los bárbaros secuestradores permitan mínimas posibilidades de escape (vendar sus ojos, amarrarlos y a veces encadenarlos, y advertirles a golpes iniciales de lo que les pasaría si ven a los ojos a los captores o si intentan huir, son el ABC de esos infiernos).

Pulido, en cambio, luciendo sus cualidades de futbolista asociadas a las de Rambo, pudo enfrentar a uno de ellos, golpearlo, quitarle la pistola y un celular, hacer una llamada al 066 (número de auxilio que no se distingue por su rapidez y contundencia), dar la dirección donde le retenían, romper el vidrio de una ventana porque la puerta principal estaba con llave y toparse (esto, según la versión del equipo del gobernador) con los policías y soldados que ya estaban a punto de rescatarlo.

Ante los hechos, sería injusto pretender el olvido de que la maquinaria política y gubernamental de México ha desarrollado una especie de industria de la simulación y la fabulación, que ha pasado por los casos de la francesa Florence Cassez y del entrenador argentino Rubén Omar Romano, ambos con montajes preparados por el máximo jefe policiaco en turno, Genaro García Luna, para acomodar la difusión de los hechos a guiones a conveniencia de las autoridades.

En el gobierno de Peña Nieto, ha habido ficción oficial en torno a un incendio en oficinas centrales de Pemex, la guardería ABC y otras tantas. En el caso de la verdad histórica respecto de los normalistas de Ayotzinapa, la masacre de Tlatlaya y últimamente las fosas clandestinas de Tetelcingo, Morelos, la ficción ha sido convertida en escándalo internacional y la figura presidencial se debilita cada vez más ante los hechos enunciados.

Las 24 horas del futbolista secuestrado sirvieron para que reaparezca el agazapado gobernador Torre Cantú, que aprovechando el humillante proceso electoral busca desmarcar al candidato priísta Baltazar Hinojosa (quien demandó rápidas investigaciones y anunció que en su eventual mandato combatirá a fondo los secuestros y demás catálogo criminal conexo) y para que el denso ex gobernador Manuel Cavazos Lerma, que actualmente es senador, enderece acusaciones contra el panista García Cabeza de Vaca por una presunta colusión en el plagio del futbolista Pulido.

La película termina  con la captura del autor intelectual del secuestro, Osvaldo Velázquez García, de 29 años de edad, quien es esposo de una prima del futbolista y es quien planeó y ordenó su secuestro. El futbolista descansa en los Cabos relajándose con su novia, misma a la que dejaron libre los delincuentes.

Lo malo es que el caso ha generado demasiadas sospechas y todavía más suspicacias, ya que en un parpadeo todo pasó de ser una noticia desagradable a convertirse en motivo de burlas por la forma en que terminó el asunto. Se presta a una más de las tantas cosas turbias donde los políticos literalmente hacen lo que sea para sacar ventaja y dorarle la píldora a la población, que no descarta para nada una simulación o un montaje, o como quieran llamarle, finalmente, jamás tendremos certeza de lo que ocurrió, y nos quedaremos con la versión oficial que enaltece el proceder de las autoridades.

Total, ni a quién creerle.



 


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