Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

UN FENÓMENO DE APELLIDO TRUMP

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  09-05-16)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

   

 

Después de ganar las etapas primarias por amplio margen, Donald Trump tiene el camino despejado para obtener la nominación del Partido Republicano, además de que sus últimos contrincantes, John Kasich, gobernador de Ohio y el senador Ted Cruz abandonaron la desequilibrada batalla. Seguramente los más sorprendidos son los expertos que habiendo examinado con claridad y conocimiento los vaivenes de la vida política de ése país, hoy se encuentran sin explicación alguna, en la más desconcertante oscuridad.

 

Para la mayoría, la movilización de opinión que ha llevado a Trump al primer lugar en la competencia por la candidatura de su partido es un fenómeno hasta cierto punto inédito, no se explican el progreso y el empuje del magnate, que ha barrido de manera implacable a los demás precandidatos republicanos y ahora es el presunto candidato presidencial, lo cual genera no sólo preocupación entre las cúpulas políticas y económicas, sino mayor temor entre inmigrantes y musulmanes alrededor del mundo, y representará un mayor desafío para México ante sus amenazas de construir un muro, retención de envíos de dinero a nuestro país, y sus ataques contra el Tratado de Libre Comercio.

 

El discurso y la postura del multimillonario convertido en político, se caracteriza por la ignorancia, la vulgaridad y la provocación, se apoya sin ocultar sus actitudes racistas y sexistas, en el enojo de grandes segmentos del electorado de bajos ingresos y poca escolaridad, que no ven en su futuro nada que los libere de la triste condición en que se encuentran. Las palabras altisonantes del precandidato para ese electorado rencoroso y dolido son una liberación y la ventaja es que cuando él toma el micrófono, habla como si instituciones, leyes y normas no existieran, y toda acción gubernamental estuviera en manos de ese presidente omnipotente que sus simpatizantes imaginan. 

 

Como demagogo constructor de muros Trump es prueba fehaciente de que ni el régimen político ni los ciudadanos de Estados Unidos son inmunes a un mal que ha atacado a varios países de América Latina, de Asia y de África, muchos son los electores del país de las barras y las estrellas que se dejan seducir por el encantador de serpientes y sus promesas de grandeza, confunden un comportamiento insolente y soez con fuerza, determinación, liderazgo y claridad de intenciones y creen que para transformar la oscura realidad basta la voluntad del individuo extraordinario.   

 

Para entender el éxito de Trump no sólo hay que mirar a la sociedad estadounidense, crecientemente desigual en su composición, con fracturas internas y segregadas, atravesada por diferencias religiosas, culturales, económicas, políticas, raciales que son como redes sobrepuestas que atrapan a esa misma sociedad en una maraña de prejuicios, miedos y lugares comunes. También hay que asomarse a la disparatada coalición en que se ha convertido el Partido Republicano que abarca un mosaico de grupos que coinciden sólo en su odio a Obama y a Hillary Clinton quien por cierto, pide a todos tomar en serio las posturas que promueve su casi seguro rival por la presidencia. 

 

Los republicanos no lo dicen, pero muchos de ellos llenos de prejuicios y odios apoyarían la tortura, el envío de tropas a países considerados enemigos, políticas punitivas contra todo aquel que fuera percibido como un costo para Estados Unidos. Al igual que Trump, la mayoría de los republicanos cree en la mano dura, en el enemigo emboscado, en el uso de la fuerza, pero no lo pregonan. Según parece, la diferencia entre unos y otros está en que mientras uno grita, los otros insinúan.

 

¿Cómo es posible que Trump logre imponerse en este país?, es la reacción en boca de millones, incluida la cúpula de su propio partido, gran parte de la clase política estadounidense y los expertos. Muchos coinciden en que el nivel de desencanto, hasta de ira, entre las bases republicanas contra la cúpula política es mucho mayor de lo que se pensaba, y Trump fue el mejor posicionado para darle expresión, como alguien a quien no se percibía como parte de esa cúpula y un no político. Además, su atrevimiento de desenmascarar la corrupción del sistema electoral, al no necesitar los fondos de intereses empresariales o de millonarios, ya que es multimillonario, resonó entre un amplio sector de las bases.

 

Lo único cierto es que la virtual victoria de Donald Trump en el flanco republicano, coloca en una situación difícil a México y al desplomado gobierno de Peña Nieto. A reserva de lo que suceda en la competencia final, a la que pareciera estar encaminada Hillary Clinton, son sombrías las perspectivas para nuestro país y para el equipo federal de desgobierno. Con Trump o con Clinton, el devaluado gobierno mexicano llegará postrado a reuniones y negociaciones ya que la reputación internacional del peñismo es pésima, sobre todo en función de las sistemáticas violaciones a los derechos humanos y de la creciente violencia criminal, la situación económica y sus eventuales desbordamientos en materia de protestas sociales preocupan a Washington y los intereses allí concentrados.

 

Para México y otros países del mundo, el fenómeno Trump dejó de ser una broma, ya no le da risa a nadie, y su candidatura republicana es más peligrosa que nunca.

 


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