Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

VERACRUZ...

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  14-03-16)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

En esta época de trastornos y violencias, el nivel de descrédito de Peña Nieto y su gobierno parece crecer día a día, a partir de sus constantes esfuerzos por minimizar la tragedia irresoluble de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, a la que recientemente se agrega la desaparición forzada de 5 jóvenes y el cobarde asesinato de un honesto mecánico en Tierra Blanca, Veracruz, ambas atrocidades cometidas por fuerzas de seguridad pública y por elementos oficiales del ejército mexicano, pero que sin duda son eventos que aparecen como efecto natural de los altos niveles de corrupción, de impunidad y de incompetencia, de falta de visión e insensibilidad, así como del desprecio por los derechos humanos y por el pueblo mismo, eslabón último de la injusta cadena al que no parecen comprender los gobernantes pero tampoco muestran la intención de hacerlo. 

Además de Duarte el impune gobernador veracruzano, hay otro pelo en la sopa: la opulencia para acreditar las reformas constitucionales y los múltiples viajes internacionales para colocar el petróleo, la energía eléctrica y las ofertas turísticas del país, reflejan que a la realeza de la política mexicana si les preocupa el futuro, en cada momento expresan su deseo inocultable de mantenerse en el poder por dos razones fácilmente comprensibles: una, mantener asegurado su acceso al patrimonio de la nación y los beneficios que ello implica y la otra, seguir gozando descaradamente de la impunidad, como lo han hecho hasta ahora, pero ¿Cómo evitar que el poder se les vaya de la mano, ante su desastrosa actuación? A dos años de las elecciones de 2018 ¿Será posible repetir el fraude de 2012? Con estas dudas en mente, el actual grupo en el poder ha puesto sus ojos en Veracruz como un posible campo de experimentación y caldo de cultivo político. ¿Por qué Veracruz? Varias son las razones:

Desde luego están, los altos niveles de corrupción ante el inocultable desvío de fondos de la administración de Duarte a la cual la Auditoría Superior de la Federación señala como responsable de irregularidades en el manejo de los recursos presupuestales por más de 38 mil millones de pesos (cifra parecida a la de Humberto Moreira en Coahuila), además de un endeudamiento por cantidades similares, sin que se sepa el cómo y el para qué se emplearon. Cabe señalar que Veracruz no es la única entidad donde se han cometido actos de esta naturaleza, pero el grado de descrédito del gobierno de Javier Duarte de Ochoa, es generalizado entre la población local, observándose que el nivel de rechazo es muy similar al del gobierno de Peña Nieto.

Una segunda razón, es la falta de respeto a los derechos humanos, asociada en el caso del gobierno federal a partir de Ayotzinapa y de otros muchos casos de desapariciones forzadas, pero igualmente repudiada en el caso de Veracruz, no sólo por lo sucedido en Tierra Blanca, sino por las tantas ejecuciones de periodistas críticos al gobierno estatal en franca y contraria respuesta al derecho de la libertad de expresión.

La educación es la tercera razón, éste tema que se ha convertido en dolor de cabeza para el gobierno federal, con un Aurelio Nuño Mayer incapaz de predecir los niveles de rechazo a su proyecto privatizador, propuesto por los personeros de Televisa (Mexicanos Primero) ni el retroceso en los resultados de las pruebas Planea de 2015 a los niveles de hace seis años, motivado por el virtual abandono de los estudiantes, en virtud del tiempo que los profesores han utilizado preparándose para las humillantes y deshumanizadas evaluaciones a que están siendo sometidos, sin mayor explicación que de no evaluarse, serán retirados de sus puestos docentes y en un abrir y cerrar de ojos estarán de patitas en la calle engrosando las estoicas filas del inmisericorde empleo callejero.

En esta materia, el gobierno de Duarte se ha distinguido por su menosprecio a la educación pública, una verdad oculta que recientemente se conoce a escala nacional e internacional a raíz de la demanda presentada por la Universidad Veracruzana (UV), que además de reclamar el pago de 2 mil 76 millones de pesos, rechaza la reforma al artículo 98 de la Ley de Pensiones y exige con conocimiento de causa que la iniciativa de autonomía financiera que analiza el Congreso local estipule que la UV reciba cada año 5 por ciento del presupuesto estatal, no 3 por ciento, como propone el déspota gobernador que durante su mandato se ha encargado de que Veracruz deje de ser el rinconcito donde hacen su nido las olas del mar como lo dice el maestro Agustín Lara.

Bajo la inclemencia de lluvia y neblina, en Xalapa, miles de personas marchan juntos bajo el paraguas e impermeables en defensa de la Universidad Veracruzana (UV) y la educación pública; marchan: universitarios activos, egresados, profesores, pensionados y ciudadanos en general, aplauden la postura de la rectora de la UV, Sara Ladrón de Guevara que en su relatoría reclama para sus jóvenes universitarios el derecho a soñar, el derecho a la esperanza de un mejor futuro, a la confianza en las instituciones, a una juventud sin miedos. Demanda justicia para los desaparecidos, la paz de los violentados y desde luego la tranquilidad de sus familias.

Lo que está en juego, no es tan solo la negativa de entregar la cantidad que se adeuda  al patrimonio universitario veracruzano, el meollo es el escamoteo de recursos a que constantemente ha sido sometida la institución académica y que pone en riesgo de suspensión de actividades a la educación superior veracruzana. Este no es un caso aislado, localmente se conocen las maniobras de anteriores funcionarios para desviar a otros fines los fondos destinados a la educación, entre otros, la compra de votos en las elecciones federales de 2012 y 2015 y para los comicios locales de 2013, así como a otros fines desconocidos por ahora, incluyendo muy posiblemente los propios bolsillos de funcionarios, con la complicidad de la Secretaría de Educación local.

En estas condiciones y siendo Veracruz la tercera entidad más poblada de la República, pero también una de las más pobres, extrañan las declaraciones recientes del líder del PRI, Manlio Fabio Beltrones, en las que pide cuentas al gobernador Javier Duarte y respalda al candidato de su partido (Héctor Yunes Landa) para la próxima mini gubernatura, extrañan porque constituyen un anuncio formal de que pese al desprestigio alcanzado por la actual administración, buscarán imponer contra viento y marea al aspirante de ese instituto político, con objeto de seguir controlando la entidad, aun con todo en su contra.

Aprovecharán al mismo tiempo para experimentar las estrategias y prácticas que habrán de usar en la campaña electoral de 2018, que como en otras ocasiones han utilizado al estado de México, aun cuando su candidato (Yunes Landa) ocupe ahora el tercer lugar en una encuesta realizada por el mismo partido, por debajo de las preferencias del aspirante de la alianza PAN-PRD (Miguel Ángel Yunes Linares) y del maestro Cuitláhuac García, del partido Morena, que encabeza el Peje López Obrador.

No es difícil suponer que en estas complejas circunstancias el PRI, en complicidad con el órgano electoral (INE), totalmente desprestigiado por quienes lo constituyen y presiden recurra como en otras ocasiones a sus peores prácticas, incluidos el acarreo de votantes comprados, el uso del miedo y la desinformación, así como la alteración de actas correspondientes a las zonas rurales veracruzanas en donde el hambre, él aislamiento y la pobreza extrema obligan a no acudir a las urnas, aun cuando se ofrezca la torta, la camiseta y el sombrero para la calor.

Por estos motivos, Veracruz como laboratorio, requiere con urgencia la presencia de observadores de comicios de la sociedad civil, como sucedió en las elecciones federales de 1994, cuando la sociedad toda estaba consciente de la capacidad del innombrable Carlos Salinas de Gortari para alterar los resultados, como lo había hecho antes en varios estados, luego de su propia elección. La importancia de contar con esa presencia civil en el proceso electoral veracruzano previo, reside en que puede abrir el camino para impedir un nuevo fraude electoral en 2018 con las graves consecuencias que ello tendría para la nación entera.

José Luis Rivas describe Veracruz a grandes rasgos: fue el espacio en el que se encontraron dos culturas, es una metáfora de la encarnación misma del Cuerno de la Abundancia, es tierra de tradiciones que con el paso del tiempo se ha convertido en atributo de la liberalidad, la felicidad pública, la ocasión afortunada, la diligencia y la prudencia, basamento en que descansan la equidad y la hospitalidad, rasgos, éstos, que distinguen a muchos estados de nuestra República pero que parecen particularizar al estado de Veracruz, un territorio amable donde puede verse, en principio, un largo cuerno de bondades naturales y humanas.

No hay duda, en esta época de trastornos y de violencia y muy a pesar de tus particulares tragedias y de tus gobernantes pasados, presentes y futuros, agregaría yo a esta descripción el profundo sentir del inmortal Agustín Lara: Para muchos mexicanos que hemos tenido la fortuna de conocerte, seguirás siendo el pedacito de patria que sabe sufrir y cantar.  

 


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