Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

RUMORES DESDE TIJUANA

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  08-02-16)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

En esta gélida y desarticulada ciudad fronteriza, no dejan de soplar los fríos vientos del norte y la violencia no se quiere quedar atrás de los indicadores nacionales; diariamente el peso en caída libre aparece más vapuleado frente al dólar y miles de migrantes deambulan con el sueño americano en sus rostros. Aquí, se corre el rumor que gracias a la manipulación de los medios televisivos y la apasionada entrega de periodistas corruptos (es solo un rumor), a 30 días de la segunda recaptura del hombre de las alcantarillas, Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, la campaña de intoxicación desinformativa no termina.  

En las tres últimas semanas de enero, la escritura del guion gubernamental que fue siempre alimentada con contradictorias versiones oficiales, declaraciones anónimas, montajes televisivos y filtraciones parciales y selectivas de presuntos chats, además de contar con la producción de un endeble cortometraje sobre la cacería de “El Chapo”, elaborado por la Agencia de Investigación Criminal a cargo de Tomás Cerón, el mismo de la verdad histórica sobre el caso Iguala, incluyó la morbosa persecución sexista de Estado contra la actriz Kate del Castillo (que acudió al amparo) y la legisladora sinaloense Lucero Sánchez (que goza del fuero).

Aquí en Tijuana, en la sobremesa de diferentes corrientes de opinión, se destaca que en estas grandes operaciones de intoxicación desinformativa se suele sembrar y diseminar imágenes y datos contradictorios que alimentan las especulaciones y los fantasmas de la prensa basura que contribuye a la puesta en escena de la trama. Junto con la noticia como espectáculo, el caso Guzmán exhibe el colaboracionismo de periodistas, comentaristas y medios con los servicios de inteligencia, y su supeditación a montajes mediáticos gestionados por el Estado, como parte de una red criminal que impone y administra la verdad sobre el narcotráfico según coyunturas políticas cambiantes.

La mayoría de la población regional, no se explica cómo en menos de 48 horas (además en un fin de semana), un periodista de Televisa Carlos Loret de Mola, pudo video grabar y transmitir en Primero Noticias y luego publicar en el periódico El Universal, una columna sobre la reaprehensión de Guzmán Loera con base en testimonios de marinos involucrados en la Operación Cisne Negro, videos de sus cámaras, información de inteligencia del Cisen que fue estratégica para la captura y la indagatoria de la PGR, todo ello, bajo el nada inocente título “En la casa del Chapo, 4 dvds de La Reina del Sur”.

De la confrontación de los videos que fueron difundidos por la Marina y Loret de Mola, se rumora que la cronología y la escena del crimen fueron alteradas con la siembra de evidencias (entre otras los capítulos de la serie La Reina del Sur), que marcaban una línea para la posterior incriminación y caída mediática de Kate del Castillo. A su vez, uno de los aspectos más ilustrativos del texto de Sean Penn para Rolling Stone es cuando narra que al ir a ver a Guzmán Loera, acompañados por un hijo del capo (Alfredo), se toparon en la serranía con un retén militar, y con sólo ver el rostro del joven, los soldados muy quitados de la pena, los dejaron pasar.

En su columna periodística, según el experto Jorge Fernández Menéndez, el retén los dejó seguir “porque los venían siguiendo desde que salieron de Los Ángeles (…) El objetivo no era impedir que se reunieran con El Chapo, sino permitirles que lo hicieran (…) para que llevaran a la ‘inteligencia mexicana’ (sic) al refugio del criminal más buscado del mundo”. Su aseveración contrasta con la del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien inmediatamente rechazó tajante la versión del actor y activista Penn que exhibió la corrupción del Ejército en casos como este. Entonces se preguntan los tijuanenses ¿A quién creerle: a Penn, a Osorio o a Fernández?

Entre la población fronteriza, durante la sobremesa, se corre el rumor también de que para los afanes patrioteros del régimen que nos ocupa y sus loros parlantes y mediáticos, no cayó muy bien la versión difundida en el portal Sofrep, de veteranos militares de las fuerzas especiales del Pentágono, en el sentido de que la captura de Guzmán fue un golpe de suerte. Según el editor del portal, Jack Murphy, el rastreo para detener a Orso Iván Gastélum, jefe de seguridad de Guzmán, pudo haber sido efectuado por uno o dos individuos sentados en un centro táctico de operaciones de los marshals en Estados Unidos. Con un agregado: en el terreno estuvo una unidad antiterrorista de élite del ejército estadounidense, la Fuerza Delta, que habría fungido como asesora táctica, pero que no participó directamente en el operativo.

Otras piezas como las presuntas conversaciones entre la artista del Castillo, El Chapo y su abogado para concretar un encuentro, difundidas por el periódico Milenio el 11 de enero, pueden ser también un montaje divulgado para generar un efecto similar al de la famosa computadora del ex comandante de las FARC, Raúl Reyes, asesinado por el ejército colombiano en un campamento de paz en Ecuador, en 2008.

La puesta en escena, el circo mediático y la oportunidad de la recaptura o entrega pactada de Guzmán Loera, además de ser un buen guión para una película interpretada por Sean Penn, podría tener que ver con una acción de distracción frente a los problemas reales de México, verbigracia la corrupción, la injusticia y la bancarrota económica del país, agravada por la devaluación del peso frente al dólar y la caída del precio del petróleo a su peor nivel desde 2003. Se  rumora que “la misión cumplida” fue un escenario montado ante embajadores y cónsules de la diplomacia mexicana para ser vocero de la noticia, aunque tal vez se trató de ocultar otras cosas. Por ejemplo, el editorial del New York Times del 4 de enero presionaba a Enrique Peña Nieto para que aceptara que el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes conversara con los soldados del 27 batallón del Ejército en Iguala vinculados a la detención-desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, a lo que sistemáticamente se ha negado el secretario de la Defensa Nacional, general Salvador Cienfuegos.

Cabe reiterar que aquí en Tijuana, donde Joaquín Guzmán pasó la navidad y tuvo una cirugía plástica en diciembre pasado (de lo cual se perdió la pista), al capo se le considera, simplemente, uno de los gerentes operativos necesarios pero prescindibles y desechables de la economía criminal, se dice que fue elevado a mito para encubrir la identidad de todos los políticos, militares, banqueros y empresarios legales, cuyos negocios forman parte de las cadenas productivas ligadas a las actividades ilegales y que tienen dinero invertido en ellas.

Con las contradicciones propias del capital: en el caso Guzmán mientras ciertos grupos de poder y del aparato de seguridad del Estado promovían su captura, otros sin meterse en las alcantarillas, lo ayudaban en sus fugas. Aquí en Tijuana donde el tiempo transcurre muy lentamente, todo son rumores, es decir, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

 


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