Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

LIBROS IMAGINARIOS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  30-11-15)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

Se dice que los personajes que se dedican a la política cuentan con un catálogo básico de ética y comportamiento que aconseja que todo se puede hacer menos el ridículo. Esto precisamente es lo que varios miembros del grupo que maneja al país desde Los Pinos, no han dejado de hacer, comenzando por el propio jefe de ellos. Hasta hoy, tres años han transcurrido desde aquellos tiempos en que el joven candidato Peña Nieto, aturdido y confundido (apendejado dice la voz popular) hubo de asumir que no podía referir los nombres de tres libros que hubieran marcado su vida.  

Hoy como presidente, en tan corto tiempo, él y su corte malévola en medio del ridículo, se han dado el lujo de generar múltiples libros que enriquecen su contenido con una cascada llena de desatinos que no esperábamos: reformas constitucionales que carecen de leyes reglamentarias, evaluaciones magisteriales mal aplicadas, fraudes electorales, delitos ambientales, matanzas inexplicables, violación de los derechos humanos, inseguridad y fugas espectaculares, robos, impunidad, diezmos y premios inmobiliarios y otras tantas cosas que si en un principio fueron generando explicables profusiones de humor ácido, ahora han llegado a niveles altamente preocupantes por cuanto confirman de manera escandalosa, amarga y vergonzosa, el abatimiento de niveles mínimos en cuanto al oficio político, el reinado de la improvisación, la impericia e incluso el cinismo. 

En tales circunstancias, con todo mi respeto para quienes si saben escribir libros, en tan amargas circunstancias, he querido imaginarme para esta línea directa, a un Peña Nieto que escribe, muy cerca de su ocaso, en un rincón acogedor de la casa de Chapultepec o quizá en la de las Lomas, una saga de tres libros imaginarios, he aquí la narrativa:

 

Libro 1: La Nación Imparable

 

Un libro hasta cierto punto aburrido donde Peña Nieto repite lo mismo y describe mecánica y demagógicamente que México “está destinado a ser una nación imparable”. En su fantasía escrita, trata de dibujar un país donde hay bienestar, tranquilidad, paz, amor y cero marginación, donde la sociedad mexicana es una sociedad plural, informada y más participativa y donde los pesos y contrapesos de los diferentes niveles de gobierno funcionan bien sustituyéndose la subordinación por la coordinación.

 

Con un lenguaje rebuscado, el autor refrenda su total compromiso con la transformación del país y ofrece “seguir dedicando su energía, pasión y entrega”. Destaca que durante su mandato, se han creado y fortalecido instancias como el Instituto Nacional de Evaluación Educativa, la Comisión Federal de Competencia, el Instituto Federal de Comunicaciones, el INE, INAI, entre otros. Impregnado de falsedad, se jacta de que ha sido altamente respetuoso de la autonomía de estos órganos y de otros como la CNDH, el Banco de México y el INEGI”. Se puede leer entrelíneas que el gobierno es el primer interesado en que instituciones tan valiosas para el desarrollo nacional sigan siendo referentes de profesionalismo, seriedad e imparcialidad y cuenten con la confianza de la sociedad.

 

En “La Nación Imparable” el presidente Peña quiere hacerle creer a los mexicanos que “vamos en la ruta correcta”, y que su gestión ha actuado con decisión y firmeza para derribar las barreras que limitan el desarrollo pleno de la nación. En páginas centrales alude al plano económico y lo peor, afirma que México es hoy el principal motor de crecimiento económico de América Latina. Al lector que le apasionan los números y estadísticas podrá enterarse que en tan corto tiempo, la inversión extranjera directa ha sido de más de 91 mil millones de dólares; la creación de empleo formal supera las cifras de los cinco sexenios anteriores y la tasa de desempleo es la más baja desde 2008, existe la menor inflación desde que se lleva registro de la misma (ya no se toma tequila), y el consumo interno crece a un índice de 9.8 por ciento (tal vez de marihuana). En síntesis, estabilidad, visión de largo plazo, reformas, apertura al mundo, inclusión social y Estado de derecho “conforman una fórmula ganadora”. No es muy recomendable su lectura.

 

Libro 2: Justicia para Ayotzinapa, Tlatlaya y Apatzingán:

Un libro inexplicable de ciencia y ficción que tiene más de un año editado, inicia en una localidad llamada Iguala, donde en una noche de locura y barbarie pierden la vida 43 normalistas de Ayotzinapa; en sus páginas intermedias el lector encuentra la verdad histórica en voz de un personaje de apellido Murillo y sabe del desenlace macabro que termina en un basurero de Cocula. El lector estará siempre en suspenso debido a que la justicia no se encuentra por ningún lado, las autoridades no saben qué hacer y mientras tanto, en permanente recuerdo y reproche a la élite federal que le sigue apostando al paso del tiempo y a la retórica insustancial, los familiares de los 43 normalistas que fueron masacrados, se instalan en plantón a la entrada de Los Pinos. Aparece en segundo plano y de manera inesperada Jaime Rochín el titular de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas, éste personaje asegura que tienen registradas a 300 familias como víctimas directas e indirectas por el caso Ayotzinapa, para recibir reparación del daño, pero que la cifra puede crecer. Resalta que el caso de los normalistas masacrados es “una de las violaciones más graves a derechos humanos que se han cometido en los últimos años en el país y el Estado mexicano. Para el caso de Tlatlaya se contabilizan cinco reparaciones concluidas de por lo menos 14; y sobre los hechos violentos en Apatzingán “apenas se está haciendo el censo de víctimas”.

 

En el imaginario libro, el personaje Miguel Ángel Osorio Chong como secretario de Gobernación, tiene una función decisiva en la historia que se relata, afirma que la justicia “debe escuchar, atender y juzgar sin distinción alguna por motivos de pensamiento, origen o condición, sobre todo debe garantizar imparcialidad, transparencia y apego a la ley en cada una de sus decisiones para que ningún inocente sea castigado y ningún culpable goce de impunidad. (como para morirse de risa).

 

La procuradora Arely Gómez González (PGR), personaje secundario cuya función en la historia es ayudar a cumplir la función decisiva, afirma al impactado lector que en una sociedad democrática, la transformación del sistema de justicia en México tiene como propósito dar a cada quien lo que le corresponde conforme a derecho, velando siempre por el debido proceso y por el respeto a las garantías de las víctimas e imputados. Los procuradores y fiscales generales de justicia del país son los personajes complementarios de la trágica historia narrada, son los que realmente llenan el contenido del libro, sin su presencia éste no tendría ningún sentido. Si usted busca emociones, incertidumbre y justicia se recomienda la lectura, en caso contrario no pasa nada.

Libro 3. La caída del Tucán Verde

Este es un libro lleno de intrigas y escándalos, realmente es una novela donde el principal personaje, Arturo Escobar ocupaba en la secretaría de Gobernación una notable subsecretaría encargada de prevenir la comisión de delitos cuando justamente el mencionado Escobar, y su matriz delictiva, el cártel autodenominado Verde Ecologista de México, habían practicado a la vista de todos  toda suerte de maniobras infractoras de las leyes electorales (ofensivos promocionales en las salas de cine, anuncios espectaculares, etc.) para hacerse de fuerza política (mayoría simple en San Lázaro). En el curso de la novela, el autor hace ver como Escobar resultó la antítesis exacta del cargo que de manera irresponsable y cómplice se le asignaba (por instrucciones del mando superior) y la administración peñista premiaba a sus aliados, dándole un cargo público a alguien que ya estaba sujeto a investigaciones por sus presuntos actos delictivos (un pago en especie, tal cual se ha entregado el botín de la ecología a esos verdes mercantiles, tanto en la secretaría federal como en las delegaciones estatales y en secretarías estatales del ramo).

En el fondo, la caída del Tucán Verde es un buen libro que hace referencia a una jugada magistral y de sacrificio como en el baseball. Te castigo, Arturo, para dar estabilidad al Peñismo y para que lo entienden los demás opositores acusables de infracciones electorales, por ejemplo alguna desenfrenada Morena y un desquiciado tabasqueño llamado Andrés Manuel. El autor piensa que sólo inmolando a los cercanos se podrá aspirar a un cierto grado de legitimidad para actuar contra los lejanos e incluso opositores.

Lo emocionante de la novela es que para el gobierno, Escobar es el instrumento para anunciar otras medidas correctivas, concediendo incluso al PAN el presunto triunfo de dar curso judicial a las acusaciones contra Escobar, con lo cual el partido conservador (el de blanco y azul) podrá sumarse con más gusto a los platillos de la reforma electoral que ya se cocinan en los fogones atizados con madera de pinos y con dedicatoria antipeje.

Desde luego que las primeras páginas de la lectura van en contra del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien cada vez parece menos presidenciable, tocado de muerte política desde la fuga espectacular de El Chapo y marginado en los cambios en el gabinete que fortalecieron al grupo de Luis Videgaray, con José Antonio Meade y Aurelio Nuño como jugadores inflados. Lo interesante de “La caída del Tucán Verde” es que el lector nunca podrá entender porque el presunto jefe de la operación política nacional no conocía los antecedentes de un personaje al que caricaturistas y algunos columnistas lo definieron desde un principio como un delincuente electoral congénito.

O que, sabiendo de su identificación negativa, lo hubiese aceptado como subsecretario y hubiera hecho una defensa de él que entonces y ahora lo colocaba en el ridículo, como a quien desde un nivel más alto hubiera decidido tal nombramiento. De cualquier manera, el lector sabrá que vendrán oportunidades de seguir premiando al Verde por sus servicios al régimen y podrá darse cuenta que el golpe busca crear condiciones para posteriores sanciones electorales por parejo.

No tarda en aparecer un libro lleno de suspenso, su autor es el agente Alfredo Castillo, quien fuera comisionado de seguridad en Michoacán y ahora comisionado del deporte. Este libro refiere el retraso y riesgo que tiene el deporte mexicano de no asistir a los juegos olímpicos de Rio de Janeiro, (el basquetbol ya fue suspendido) y exhibe a las federaciones deportivas que reclaman autonomía mientras que el organismo gubernamental (CONADE) alega cacicazgo en el deporte y exige la correcta comprobación de recursos, la guerra de los millones escamoteados a los deportistas sigue vigente. Esperamos su publicación y la renuncia del autor.

 


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