Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

POR MI RAZA HABLARÁ EL ESPÍRITU

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  23-11-15)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

Como nuevo rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Enrique Graue Wiechers, se comprometió a preservar a la máxima casa de estudios como un espacio abierto que no puede confiar en su tradición y sus inercias para responder a una sociedad que se reconfigura constantemente y que demanda una universidad conectada con el mundo exterior. Visto de esta manera, el oftalmólogo sabe que los retos son incalculables. 

Al tomar posesión del cargo dijo que la universidad es el resultado de una larga historia de esfuerzos realizados por los universitarios; es un legado de imaginación y de esperanzas; de defensa de los valores humanos y de la búsqueda constante de la libertad; de dedicación al trabajo académico y de la aspiración de un México mejor. La UNAM -con poco más de 342 mil alumnos y cerca de 39 mil académicos- se encuentra plenamente identificada con los problemas de México como nación y preparada para defender su condición orgullosamente pública, laica, plural e indeclinablemente autónoma.

Refiriéndose a las incertidumbres políticas, económicas y sociales que tiene México, dijo que una nación con insuficiente educación tiene ante sí un triste e incierto porvenir y aun cuando a la universidad por ser un espacio abierto también le amenazan las acechanzas de la inseguridad que en sus diferentes manifestaciones campea en el país, sería de extrañar que en nuestra casa de estudios, no existieran problemas de esta índole y señaló que la autonomía no significa impunidad

Lo dicho por el rector Graue tendría que ser analizado en un contexto nacional que se ha caracterizado, entre otras cosas, por serias y graves amenazas a la enseñanza pública y, en particular, a la máxima casa de estudios. La principal es sin duda la tendencia privatizadora de la educación media y superior que ha sido denominador común de todos los gobiernos y que en las administraciones de los panistas (Vicente Fox y Felipe Calderón) llegó a un grado de expresa hostilidad y calumnia contra la UNAM. Esa tendencia se mantiene en el gobierno de Peña Nieto, que con un discurso distinto pero igual de amargo, su ofensiva contra la educación pública la ha centrado, hasta ahora, en los mismos niveles educativos que por inercia tendrán que hacer esfuerzos y en su caso, acudir a la beneficencia pública para que los escasos recursos que se les asignaron rindan sus mejores frutos.

 

En educación superior, para nadie es extraño que la inversión está muy por debajo de los promedios internacionales, en este contexto la mayor dificultad que enfrentan los centros de formación de profesionales y de investigación de carácter público –de los que la UNAM es el principal exponente– es la falta de voluntad e incapacidad del Ejecutivo y del Legislativo federales para comprender la importancia estratégica que tienen para el desarrollo del país y que, en consecuencia, sepan darles prioridad a la hora de elaborar y aprobar los presupuestos de egresos.

No hay duda, para consolidar su condición de institución de excelencia la máxima casa de estudios y el conjunto de las universidades públicas requieren más recursos que los que reciben a la fecha, es el único camino que existe para incrementar su cobertura y ampliar y diversificar su oferta educativa. De no ser así, la universidad y el país entero enfrentarán el riesgo del estancamiento profesional y académico y, más grave aún en términos sociales, llegará el devenir de múltiples establecimientos educativos de élite, dada la creciente demanda de la inscripción escolar y la incapacidad de la educación pública superior para recibir a un mayor número de aspirantes.

Semejante perspectiva plantearía una contradicción trágica; los vínculos entre universidad y sociedad quedarían profundamente desvirtuados, tal vez esa sea la estrategia de un gobierno sordo y ciego, la universidad nacional poco a poco y sin darnos cuenta, ha ido perdiendo una de sus características fundamentales e irrenunciables: la de ser un mecanismo de movilidad social y de superación personal para millones de mexicanos.

Por el bien del país y de la propia comunidad universitaria, solo nos queda esperar que la rectoría de Enrique Graue Wiechers tenga la capacidad para que la UNAM continúe educando sin distingo de ideologías, preferencias o condiciones socioeconómicas, para que se profundice en nuevas tecnologías del conocimiento y se investigue con libertad y trayectoria ascendente y para que ante oídos sordos y actitudes absurdas, se consolide el nivel de excelencia de la institución para ofrecerla como perspectiva de vida a incontables jóvenes que hoy se encuentran marginados de la educación superior.

Ante los retos por venir, Don José Vasconcelos tenía razón, parece que llegó el momento de que Por mi Raza hable el Espíritu.

 


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