Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

TAPANDO BACHES

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  09-11-15)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

Ciertamente, las maltrechas calles de la Ciudad de México y de los municipios conurbados a ella, requieren urgentemente de un programa institucional de bacheo. Sin embargo, en esta ocasión, los baches son más profundos, de otra naturaleza y atañen a los indignados agricultores mexicanos, que reclaman a los Diputados en turno, incrementos en el Programa Especial Concurrente (PEC), un paquete que integra todos los rubros del Presupuesto de Ingresos de la Federación que se destinan al incipiente campo mexicano. 

A pesar de su reclamo, lo que tal vez los agricultores desconozcan, es que los baches, las dificultades y penurias seguirán aumentando por más que éste programa se incremente ya que el presupuesto no tiene ni pies ni cabeza y su discusión es sólo el punto de partida de una insostenible política económica y agroalimentaria del régimen de Peña Nieto. Los productores del campo y las cadenas productivas asociadas se encuentran ahora si en un laberinto sin salida:  

Han incrementado su productividad, pero los altos costos de producción y de operación consumen lentamente sus bolsillos, para colmo de males tienen que cargar con las pésimas políticas comerciales de un gobierno que gira todo en torno de un modelo económico que sigue de fracaso en fracaso con disparidad monetaria en crecimiento, inflación no controlada, bajos e inciertos precios del petróleo, desempleo y pobreza.

Esta absurda situación, ha convocado a cientos de productores del norte del país: maiceros, frijoleros, manzaneros, algodoneros, chileros, lecheros, transportistas, para manifestar su inconformidad con la manera en que el gobierno federal ha conducido al sector productor de alimentos que debido a la gravedad del problema, requiere de una cirugía mayor y no de simples paliativos de bacheo. La principal demanda de su inconformidad es que el gobierno de Peña Nieto en su infortunado quehacer debe detener por lo menos, la espiral inflacionaria de los costos de producción que golpean fuertemente a diversos sistemas-producto de la agricultura nacional y finalmente al consumidor.

El epicentro de los incrementos está en los altos costos de los energéticos y de los mecanismos de comercialización. La brigada de bacheo compuesta por Peña Nieto como jefe y como chalanes, los secretarios: Pedro Joaquín Coldwell (Energía); Luis Videgaray Caso (Hacienda), Ildefonso Guajardo Villarreal (Economía) y José Eduardo Calzada Rovirosa (Agricultura), tal parece que no se pone de acuerdo, engañan miserablemente al pueblo, no tapan él hoyo y agudizan él problema cada uno en su parcela. Las cifras que dan los productores son por demás contundentes:

El diésel agrícola en Estados Unidos cuesta el equivalente a 5 pesos el litro; mientras en México, 14 pesos con 30 centavos. La tonelada de fertilizantes, de acuerdo con el Banco Mundial, cuesta 200 dólares menos en el mercado internacional que en nuestro país. Comparan los precios actuales con los de 2002, en aquel entonces, con el barril de petróleo a 50 dólares, los agricultores le pagaban a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) 25 centavos por kilovatio/hora de energía para riego agrícola; el diésel costaba 5 pesos el litro, y la gasolina magna, 7 pesos. A la escalada ascendente de los costos de producción se tiene que agregar la persistente tendencia a la baja de los precios internacionales de los productos agrícolas y las materias primas.

Hoy, con el precio del barril de petróleo apenas llegando a 39 dólares, la CFE cobra el kilovatio/hora a 52 centavos, el doble que hace 13 años, el precio del diésel se ha elevado en más de 180 por ciento, y el de la gasolina Magna, en casi 100 por ciento. No sólo es el desproporcionado incremento de los energéticos, también afecta a los productores nacionales, orientados al mercado interno, la devaluación del tipo de cambio que se cotiza al día de hoy en 16.75 pesos por dólar estadounidense. Si tomamos en cuenta que buena parte de las semillas mejoradas tienen que importarse, pues ya no contamos con la estructura nacional para producirlas -fue impunemente desmantelada por los gobiernos neoliberales-, al día de hoy, con el mismo dinero los agricultores adquieren una cuarta parte menos de semillas, fertilizantes y agroquímicos que podían adquirir hace un año, lo mismo sucede con las refacciones y los implementos agrícolas que tienen que reponer.

Por si fuera poco, ASERCA (Agencia de Servicios a la Comercialización y Desarrollo de Mercados Agropecuarios), la instancia gubernamental que se dedica a la fijación de precios de referencia y de subsidiar la comercialización de alimentos básicos, se encuentra muy retrasada en el pago de subsidios tanto a productores como a comercializadores. Tan sólo en Sinaloa los productores de maíz reclaman que se les cubran 5 mil millones de pesos que se les deben por sus cosechas. En Chihuahua la agencia adeuda un total de mil 634 millones de pesos por coberturas de maíz, frijol, algodón, trigo y sorgo, así como apoyos a productores y a empresas comercializadoras.

Lo demagógico de esta postura es que tanto la Agencia como la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, (SAGARPA) elefante blanco ahora en manos del exgobernador de Querétaro, tampoco han podido cumplir con sus objetivos: apoyar e impulsar la comercialización agropecuaria mediante incentivos a productores y compradores de granos y oleaginosas; fomentar mecanismos de mercado y diseñar esquemas de negociación entre productores y compradores promoviendo las exportaciones, integrar las actividades del medio rural a las cadenas productivas del resto de la economía, y estimular la colaboración de las organizaciones de productores con programas y proyectos propios. Sin duda alguna, ambas dependencias han fracasado totalmente. 

Lo único que revela toda esta política de costos de producción a la alza, es que la SAGARPA, al igual que otras secretarías, no es más que una dependencia de la Secretaría de Hacienda, pues la lógica que prevalece no es la de producir más y mejores alimentos para el pueblo de México, sino cumplir con las exigencias tecnocráticas y financieras de quien maneja la política económica del país.  

Hoy, el sector agropecuario a pesar de tener las bodegas llenas, se encuentra totalmente desalentado y enfrenta un serio proceso de descapitalización debido a tres factores: 1) la escalada de costos de producción, 2) la equivocada política de precios y subsidios, y 3) la integración económica internacional subordinada promovida por el gobierno federal. La negociación del Acuerdo Transpacífico a espaldas de los productores del sector agroalimentario tendrá que impactar muy negativamente la producción nacional de alimentos básicos y con rumbo al colapso, generará aún más desempleo en el sector. Así lo vislumbran ellos. 

Concluyo en esta línea directa que tapando baches por todo el país y con brigadas en total desacuerdo, vamos seguramente a desmantelar el aparato productivo de alimentos y materias primas para hacernos todavía más dependientes de las importaciones que son tasadas con un dólar caro y compradas con un petróleo muy barato.

 


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