Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

LIMOSNA SALARIAL Y LAVADO VERDE

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  12-10-15)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

El sector laboral realmente se puso a temblar cuando Alfonso Navarrete Prida, el titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), y Basilio González, el presidente de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, acompañados por dirigentes de las cúpulas empresariales, dieron a conocer que el salario mínimo se unificaba en todo el país, incrementándose la percepción básica en un peso con 82 centavos para quedar en 70.10 pesos diarios, (equivale a una comida corrida, a unos tamales con champurrado o a tres tacos de mixiote). Ambos funcionarios, que seguramente no conocen el hambre, aseguran que lo anterior significa una recuperación para lograr la mejoría de los salarios.

Su optimismo, no es nada justificable si cotejamos el hecho de que quienes perciben el salario mínimo se encuentran en situación de extrema pobreza: un ingreso medio mensual de 2 mil 103 pesos no alcanza siquiera para cubrir las necesidades de una persona, y no se diga de una familia. Por añadidura, el salario mínimo establecido por el gobierno de Peña Nieto es manifiestamente anticonstitucional. La Carta Magna señala que los salarios mínimos generales deberán ser suficientes para satisfacer las necesidades normales de un jefe de familia, en el orden material, social y cultural, y para proveer la educación obligatoria de los hijos (artículo 123, sección a, inciso VI).

El argumento de los políticos y los voceros empresariales para justificar esta circunstancia inadmisible es que muy pocos trabajadores ganan la mera referencia que significa el salario mínimo, aseguran que la mayoría recibe ingresos superiores. Tal alegato es doblemente falso: por un lado, la estadística oficial refiere que hay más de 750 mil empleados con ese nivel salarial; por el otro, el monto promedio de los sueldos en el país es desoladoramente bajo, y para demostrarlo basta compararlos con los ingresos en otras naciones. El mini salario en México equivale a:

20 por ciento del que rige en Argentina, 40 por ciento menos del correspondiente a los de Brasil, Uruguay y Paraguay, 70 por ciento del boliviano, 45 por ciento de Colombia, 30 por ciento del chileno, 20 por ciento del venezolano, 30 por ciento del costarricense, y es menor a los vigentes en cualquier nación centroamericana. En esta materia México se encuentra en niveles semejantes a los de Nigeria, Mauricio, Kazajstán, Indonesia y Botsuana. Y si comparamos con los salarios mínimos promedio vigentes en las entidades fronterizas de Estados Unidos (California, Arizona, Nuevo México y Texas), los nacionales son 15 veces inferiores a los del otro lado del río Bravo (4.13 dólares contra 63.6 dólares).

Esta limosna salarial tiene más de treinta años y deriva de políticas de contención salarial con la justificación de combatir la inflación, consecuentemente lastra negativamente al conjunto de la economía y condena al mercado interno a una permanente depresión. Con el tiempo, la devaluación deliberada de los salarios conlleva a una devaluación de la población en sí misma y coloca en el terreno del absurdo cualquier intento de disminuir la pobreza y los contrastes sociales cada vez más notorios.

El secretario Navarrete tiene que reconocer que en México las actuales políticas en la materia resultan insostenibles y que es imperativo desechar el marco neoliberal del que forman parte, ya es hora de que el gobierno emprenda una estrategia de rescate de la población asalariada para que ésta pueda conocer siquiera el significado del progreso que tanto alardean los gobernantes en sus discursos demagógicos.

En referencia al lavado verde, el escenario es prácticamente el mismo. El fenómeno surge en un momento en que la destrucción ecológica alcanza sus máximos históricos, en razón de los impactos ambientales adversos que producen los mismos agentes que hoy por medio de campañas verdes que se han incrementado inusitadamente, ofrecen compartir con nosotros, y por todos los medios, su encanto sin ocultar los instintos mercantiles. En un número especial dedicado al tema, la revista Expansión afirmaba en su portada que “los proyectos ecológicos han dejado de ser una moda, para convertirse en un buen negocio”.

En éste ancho panorama de negociadores verdes podemos encontrar a varios prospectos que nos seducen con su propaganda. Ahí están Cementos Mexicanos (Cemex) con su sello verde, Coca-Cola con su planeta te quiero, Monex con su eco-banca, Ford con su iniciativa ambiental, Volkswagen “Por amor al planeta”, Grupo México con su desarrollo sustentable, Wal-Mart con sus bolsas verdes, Telmex y Bimbo con investigaciones y premios ambientales. Todas ellas, lo único que representan es una pasarela de máscaras y contradicciones entre lo que se proyecta o aparenta y lo que realmente se hace. Acaso ¿Se puede dudar de quienes se dedican a la noble tarea de defender, restaurar o conservar a la naturaleza?

Cemex con presencia en 50 países, abraza el desarrollo sustentable como su eje estratégico,  desde hace dos décadas apoya la edición de libros científicos sobre el tema y edita un anuario detallado. Su propaganda anuncia un sello verde (Eco-operando) y la construcción sustentable, y su informe más reciente reporta acciones contra el cambio climático, el ahorro energético y por un entorno urbano sustentable. Contrariamente, la empresa cementera, ha sido reiteradamente acusada en varios países por la contaminación que generan sus procesos extractivos y ha logrado que Monterrey donde se encuentra su planta de origen se convierta, en la ciudad con el aire más sucio de Latinoamérica a causa de sus 64 pedreras la mayoría de las cuales abastecen a la corporación. Su mayor inmoralidad es la contaminación que provocan sus actividades extractivas, denunciadas en Nicaragua, Colombia y otros países donde opera.

La transnacional Coca-Cola, declara también su pasión por el planeta y realiza una campaña nacional de reforestación y cosecha de agua, ha convertido a México, junto con Pepsi, Danone y Nestlé, en el primer consumidor per cápita de agua embotellada del mundo según lo documenta el excelente libro “Apropiación de agua, medio ambiente y obesidad”, de Gian Carlo Delgado (2014). La empresa produce dos bienes contradictorios: por un lado el agua embotellada (más cara que el agua de llave) que publicita ligada a la vida sana, el deporte y la salud, y por otro, los refrescos que son fuente de deshidratación, malnutrición y obesidad, además de que generan millones de toneladas de basura plástica (PET). Y lo más grave, como sucede con la minería, el gobierno de México ha otorgado a Coca-Cola 172 concesiones que corresponden a 48 acuíferos de 28 estados de la República. 

Grupo Financiero Monex, se sospecha que el grupo que preside Héctor Lagos Dondé, pudo mover ilegalmente millones de dólares a la campaña de Enrique Peña Nieto. Para despistar creó el “Fondo Verde”, que dona una parte de las inversiones a la conservación biológica (¿cuánto, no se sabe?). 

Volkswagen de México: Su imagen emblemática es un auto de la marca bajo un arco iris y seis colibríes revoloteando en un paisaje de pinos y veletas eólicas acompañados de girasoles y animales silvestres al estilo Walt Disney. Con el eslogan “Por amor al planeta” la corporación automotriz instituyó en México un premio anual de investigación ecológica desde hace 10 años (pequeñas limosnas corporativas que le reditúan sustento científico) y lanzó una exitosa campaña que lo pintó de un verde intenso. Su máxima hazaña fue sumergir un automóvil de cemento frente a las costas de Tulum, como símbolo de su compromiso con los mares. Sin embargo, hace unos días, la empresa alemana cayó en desgracia y, lo más grave, ha hecho caer su imagen de ambientalista abnegada hasta lo más hondo de la tierra o de los mares. ¿Qué fue lo que sucedió? 

Trascendió la noticia de que la empresa falseó las pruebas de las emisiones de gases de sus autos con diésel (unos 11 millones circulan hoy por el mundo), según reveló la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, lo cual afecta al menos a medio millón de unidades. La trampa o artimaña supuestamente mostraba que los autos de la corporación generaban hasta 40 por ciento menos gases tóxicos al ambiente.

Grupo México de German Larrea: es la compañía minera más grande del país y la tercera productora de cobre más grande del mundo. Por décadas ha explotado las riquezas nacionales, su portal hace un marcado énfasis en el cuidado del medio ambiente y de las comunidades aledañas, y su filosofía proclamada es el desarrollo sustentable. Su inmoral respuesta durante el accidente de Pasta de Conchos, junto al reciente derrame de 40 millones de litros de sulfuro de cobre y otros metales pesados en dos ríos de Sonora con el subsecuente abandono de la población afectada son muestra de la falsedad de su imagen como empresa social y ambientalmente amigable.

Wal-Mart de México, mientras hace el ridículo con sus bolsas verdes, sus cajas ecológicas y sus proveedores sustentables, también se la toma más en serio al calcular el número de árboles al año que se salvan por la captura de carbono que significa por ejemplo “situar más mercancía en menos espacio en las cajas de los tráileres”. Telmex, ha logrado conformar una estrategia de conservación y desarrollo sustentable de México, al apoyar proyectos de conservación junto con organizaciones de la sociedad civil, comunidades rurales e instituciones académicas como el Instituto de Ecología de la UNAM. Mientras tanto, las mineras de grupo Carso arrasan montañas y comunidades, adquieren extensas propiedades (Puebla, Hidalgo y Tlaxcala) y la fundación Carlos Slim apoya la investigación del maíz transgénico.

En comal aparte se cuece Bimbo por su desbordante campaña donde el osito níveo se pinta de verde: plantas sustentables, empaques degradables y vehículos híbridos, cuyos motores eléctricos se nutren de la energía del viento de un parque impuesto con violencia a las comunidades zapotecas del istmo oaxaqueño. La panificadora con “Reforestemos México” define a la sustentabilidad como sinónimo de competitividad y rentabilidad, al fin que nadie cuestiona.

Tras el disfraz de una cruzada en sublime devoción para salvar plantas, animales, bosques, ríos, lagos, naturalezas y el planeta mismo, para todos ellos la ecología significa la varita mágica de los negocios que trastoca y oculta el carácter depredador de las corporaciones que representan. El resto se deja a la propaganda, al bombardeo mediático, todo bien aderezado por científicos famosos, reconocidos, banales o frívolos y la puntual bendición de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales que nada regula y el nuevo secretario Rafael Pacchiano Alamán, y el Procurador Federal de Protección al Medio Ambiente, Guillermo Haro Bélchez, como el avestruz, sólo esconden la cabeza.

El fenómeno verde se vuelve trágico por cuatro razones: a) en complicidad con los gobiernos de todos los colores y de todas las escalas los proyectos de las corporaciones (mineros, energéticos, hidráulicos, turísticos, habitacionales, automotrices y biotecnológicos) han generado la más feroz de las devastaciones sobre la naturaleza y su ambiente; b) la resistencia a estos proyectos depredadores se reprime de manera brutal; decenas de verdaderos ambientalistas han sido asesinados y líderes y activistas encarcelados de manera ilegal; c) los corporativos han logrado cooptar a luminarias de la ciencia mexicana (biólogos, ecólogos, conservacionistas), además de organizaciones no gubernamentales y oficinas de gobierno dedicadas al tema, y d) las campañas verdes que buscan eliminar pecados y culpas corporativas esconden no sólo los impactos ambientales, sino también los escabrosos asuntos laborales y sociales.

Ante los hechos enunciados, surgen numerosas preguntas: ¿dónde quedó ese amor por el planeta? ¿Por qué autoridades ambientales y científicos mexicanos bien conocidos le hacen el juego, sin ética alguna, a las corporaciones? Será acaso que la ecología y su encanto terminarán desvaneciéndose y pasarán de un sueño construido a partir de una falsa conciencia, a la pesadilla inevitable de la realidad. Con estos tramposos, ¿Cuál es el futuro que realmente nos espera?

 


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