Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

VERGÜENZAS Y CONTRASTES SOCIALES

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  05-10-15)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

A pesar de todos sus esfuerzos, el representante de México ante la ONU, Jorge Montaño, no pudo contrarrestar el ambiente de desolación que imperó en el salón de sesiones de la Asamblea General de la ONU cuando el príncipe de Atlacomulco, Enrique Peña Nieto, sin ápice de vergüenza tomó la palabra para decir nada que llamara la atención de la burocracia internacional reunida en el magno auditorio neoyorquino. Ante el riesgo de audiencia escasa a la alocución de un jefe de Estado en un foro de esta naturaleza, uno se imagina a veces, cómo son estas cosas: los subordinados, con cara de preocupación, se dedican a seducir en los pasillos y a implorar presencias aunque sea de segundones para que al menos se llenen las primeras filas de butacas.

Para ser honestos, la pieza oratoria del príncipe mexiquense sirvió para suponer que el vocablo multilateralismo ha de estar meditando la pertinencia de interponer una denuncia por tortura en contra del Estado mexicano luego de que Peña se esforzó de manera sostenida por desquiciarlo. Al ser mencionados los ideales de la humanidad, uno podía imaginarse por ejemplo, cómo en el auditorio se conmovían, lloraban y se felicitaban unos a otros. También es concebible, que los pocos escuchas del gobernante mexicano hayan tomado nota de la advertencia y se encuentren a estas alturas cabildeando en sus respectivos países, para organizar una próxima Cumbre Mundial enfocada a Erradicar el Populismo, como casi lo pidió el orador sin que nada ni nadie le empañara el gesto.

Parece ser que Peña Nieto anda con la pesadilla del fantasma populista desde que, en su fiesta privada del 2 de septiembre, le dedicó una disparatada embestida. Desde luego, el coco implícito en estas injurias es el Movimiento de Regeneración Nacional y su principal dirigente, Andrés Manuel López Obrador. Pero si aquella mención ya era desvariada, el llevar su animadversión a una formación opositora a la Asamblea General de la ONU constituye una pasmosa muestra de debilidad y hasta de paranoia que, para colmo, se contrapone con su protesta de respeto a la pluralidad política.

Ante lo vergonzoso del caso, llama la atención que los asesores de Peña hayan considerado adecuado llevarlo a la máxima tribuna de la comunidad internacional sin un discurso mínimamente coherente, en una circunstancia histórica en la que su gobierno enfrenta un descrédito mundial sin precedente por corrupto, frívolo y violador de los derechos humanos. Que acaso no se dieron cuenta que hoy el mundo asocia a México con una sola palabra: Ayotzinapa. Y esa palabra nunca fue pronunciada, ni siquiera aludida, en el discurso ante la ONU. Lo más próximo fue una frase tremendamente disociada que daría risa si no estuviera redactada sobre un trasfondo tan trágico: “México es una nación plenamente comprometida con la ley, los derechos humanos y la paz”. 

Lo malo del orador en turno es que su gobierno está plenamente comprometido con la ilegalidad, el atropello y la violencia, y que tales palabras fueron dichas a unas horas del primer aniversario de la barbarie de Iguala tras la cual, Peña y sus colaboradores han hecho todo lo que han podido para ocultar la verdad de lo ocurrido en esa localidad guerrerense, donde la opacidad y la impunidad de Estado ha sido vergonzosamente en beneficio de los culpables de un crimen de Estado.

El collar de perlas ofrecido a la Organización de las Naciones Unidas, quedó completo cuando señaló: respeto para los migrantes (expresado por el jefe de un gobierno que los agrede todos los días), respeto para las mujeres (dicho por quién ha pretendido esconder bajo la alfombra oficial de Los Pinos, la epidemia de feminicidios en su natal Estado de México y en el país en general), respeto para todas las razas y religiones (el jefe de un grupo que no puede reprimir sus frecuentes expresiones de racismo y clasismo) y, sobre todo, respeto a la dignidad humana, plasmado este último en la humillante compra de votos entre los más pobres, la violencia sistemática contra los más débiles y el deliberado desgajamiento y agotamiento de la población. Ni qué decir de la alusión a los individuos que, carentes de entendimiento, responsabilidad y sentido ético, optaron por dividir a sus poblaciones y a los que siembran odio y rencor con el único fin de cumplir agendas políticas y satisfacer ambiciones personales. Como que se proyectó el señor.

Otra vergüenza más, son las rondas de simulación y demagogia que ofrecen los funcionarios en sus comparecencias ante el Congreso, referidas al contenido del tercer Informe peñista de labores del que poco hubo en su momento para recordar y, ahora, menos. Miguel Ángel Osorio Chong, es un ejemplo de lo señalado, el funcionario, sin dar respuesta a las circunstancias de incredulidad institucional que vive el país, se atrincheró en discursos demagógicos y complacientes para enfrentar los múltiples puntos rojos del mapa nacional. Desvergonzadamente practicó la gustada suerte sexenal de la apropiación de banderas populares para hacernos creer que las autoridades reclaman junto a los ciudadanos lo que en realidad deberían cumplir como funcionarios: Ni perdón para los culpables, ni olvido para las víctimas, dijo el secretario en uno de esos arrebatos de activismo opositor desde Gobernación.

Ni perdón ni olvido, fue la proclama oratoria que enarboló uno de los responsables de impulsar la verdad histórica y el ocultamiento de información clave (Bucareli notificó que los militares de Iguala no podrán ser entrevistados por los expertos internacionales para no afectar el debido proceso legal). Eso sí: todo en la misma línea de emisión de frases justicieras que ha utilizado Peña Nieto para postular en público (como en la asamblea de Naciones Unidas) lo que en casa no se cumple o, aún peor, se deshonra.

En ese juego de vergüenzas y apariencias sabidamente fallidas que pretenden hacer como que las cosas van bien en el país y se pondrán mejor, Peña Nieto firmó una iniciativa de Ley Federal de Zonas Económicas Especiales que enviará a la Cámara de Diputados. Según el discurso oficial, la iniciativa busca propiciar nuevas condiciones de crecimiento incluyente, que supere los esquemas del asistencialismo y permita el desarrollo económico que distribuya ganancias y dé prosperidad a los habitantes del atrasado sur del país.

El problema de iniciativas como la señalada, no está en los considerandos y la sarta de buenas intenciones, sino en la política generalizada de aprovechamiento faccioso de programas, incentivos y recursos, colocado todo en manos de políticos y funcionarios viciosamente adheridos a prácticas de corrupción (el diez por ciento para cuentas personales) y un empresariado que con gusto o porque no hay de otra ha de entrarle a las maniobras oscuras para ganar contratos. Y, claro, en la élite política se hacen cálculos alegres respecto a las posibilidades de control electoral que ofrecen estos nuevos planes anunciados.

En otro escenario vergonzoso, la Secretaría de Relaciones Exteriores  (SRE) determinó suspender la emisión de pasaportes de manera temporal debido a ‘‘problemas informáticos al interior de la dependencia’’ y posibles fallas en el servicio del proveedor contratado para la implementación del nuevo sistema de expedición de este documento por Internet. Es decir, se cayó el sistema que se tenía programado iniciar en octubre, y esto afectó también el trámite tradicional de este documento, que se realiza por medio de cita.

En abril de este año, al dar a conocer el veredicto de la licitación para la modernización de los pasaportes, la cancillería detalló que el proceso se había dado por un sistema de ‘‘porcentajes’’ y que el consorcio de empresas (Veridos Identity Solutions, Caelum, SeguriData, Informática el Corte Inglés, Giesecke & Devrient y NEC), había obtenido el más amplio puntaje; cumplió con los criterios técnicos para garantizar la protección de datos y las nuevas medidas de seguridad que deberán contener estos documentos, además señaló que el nivel técnico de la empresa había decidido esta adjudicación, es decir, lo que pintaba como un avance en el diseño del trámite para solicitar ese documento, en la realidad sólo resultó una mala privatización disfrazada de la SRE que deja afuera a los empleados actuales de la dependencia.

El contrato de la cancillería estipula que el consorcio tiene que emitir 7.5 millones de pasaportes en el plazo de octubre del presente año a junio de 2018, ofrecerá el servicio de captura de datos, ensamble, procesos de calidad, digitalización de documentos y control de insumos en todas las delegaciones de la cancillería a escala nacional en una primera etapa e internacional en unos meses. A cambio, recibirá un pago de 81 millones de dólares por los servicios prestados, además de un ‘bono’ por cada pasaporte emitido.

La empresa Vangent México, que era la que tenía el anterior contrato,  perdió la licitación a pesar de presentar la oferta económica más baja. Presentó un amparo con el argumento de que no hubo claridad en la forma en que se había calificado el concurso y la puntuación que había obtenido cada participante. Vangent logró que un juzgado le otorgara una suspensión provisional, pero luego perdió el caso.

Lo más vergonzante: El titular de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), Alfonso Navarrete Prida, y el presidente de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami), Basilio González, acompañados por los dirigentes de las cúpulas empresariales, informaron sobre la unificación del salario mínimo en todo el país, la percepción básica se incrementará en un peso con 82 centavos para quedar en 70.10 pesos diarios (equivalentes a una comida corrida, a unos tamales con champurrado o a tres tacos de mixiote de Hidalgo). Seguramente, Navarrete Prida y su compañero del ridículo salarial, no conocen fondas económicas ni mercados populares y les vale madre el hecho  de que quienes perciben el salario mínimo se encuentran en situación de extrema pobreza: un ingreso medio mensual de 2 mil 103 pesos es a todas luces insuficiente para cubrir las necesidades de una persona, y no se diga de una familia.

Como si fuera relato bíblico, éste panorama de desastre, engaños y vergüenzas no sólo se ha traducido en un drama social intolerable y peligroso, sino que lastra negativamente el conjunto de la economía, por cuanto condena al mercado interno a una permanente depresión. A la larga, la devaluación deliberada de los salarios conlleva a una devaluación de la población en sí misma y coloca en el terreno del absurdo cualquier intento de disminuir la pobreza y los contrastes sociales.

 


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