Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

LOS DUARTE DE CHIHUAHUA Y VERACRUZ

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  31-08-15)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

 

Quizá Manlio Fabio Beltrones y Carolina Monroy del Mazo, nunca se imaginaron que a tan sólo pocos días de ser investidos como presidente nacional del PRI y como secretaria general del mismo partido respectivamente, los asuntos más espinosos que tienen que resolver durante su dirigencia, no se refieren propiamente a la credibilidad y unidad partidista, tampoco al respaldo del cada vez más devaluado Peña Nieto, y mucho menos a la equidad de género y en su caso a la disciplina generacional.  

Nada de eso, los asuntos más álgidos al interior del partido se refieren a gobernadores, exgobernadores, presidentes y expresidentes corruptos y mafiosos que pertenecen o pertenecieron al tricolor, para muchos no es extraño que ellos radiquen en el extranjero gozando de su impunidad y riqueza indebida (Salinas, Zedillo, Montiel, Murat, Moreira, etc.), pero aquí, en el escenario político que le corresponde atender, se presentan dos pillos de cuidado que pueden causar mucho daño. Cesar Duarte es el primero de ellos, el accidentado gobernador de Chihuahua se consideraba predestinado y buscaba a toda costa ocupar el puesto que el sonorense Beltrones ocupa hace unos cuantos días. Ahora, lejos de representar una solución para el PRI nacional, éste controvertido sujeto se ha convertido en un fuerte dolor de cabeza y porque no, en un problema irresoluble que tiene más espinas que un nopal.

Este Cesar que aceptó de muy mala gana su derrota partidista, ni siquiera se tomó la molestia de asistir a la asamblea donde Beltrones fue proclamado candidato de unidad, esta notoria postura se torna más problemática porqué en la coyuntura de la sucesión de gobierno en Chihuahua, Duarte no va a desaprovechar ocasión para mostrar su descontento y tratará de hacerles ver que si lo excluyeron del tan codiciado cargo, en Chihuahua nada más él manda y lo que disponga el centro le vale madre. Como buen norteño, redoblará sus esfuerzos para imponer a su candidato a la gubernatura en 2016 y desde luego bloqueara a cuanto adversario interno encuentre. Así lo está haciendo con el ex alcalde de la capital del estado Marco Adán Quezada, aparentemente a la cabeza de los priistas en las encuestas y apoyado por el grupo de los nefastos y corruptos ex gobernadores Fernando y José Reyes Baeza, éste último nombrado como Director General del ISSSTE, ya forma parte del gabinete ampliado de Peña Nieto.

A Marco Adán Quezada, el Congreso del estado le cerró las puertas para buscar una candidatura independiente aprobando una reforma constitucional que priva del derecho a ese tipo de candidaturas a quienes hayan militado en un partido político hasta hace dos años. Asimismo, es muy posible que el Congreso lo inhabilite por el asunto del accidente del espectáculo aéreo en el que perecieron 13 personas en octubre de 2013, unos días antes de que dejara la presidencia municipal. El gobernador Duarte alega que sólo se está siguiendo una recomendación de la CNDH, misma que le viene como anillo al dedo a sus propósitos hegemónicos. Si el Chihuahuense se enterca en designar a su candidato Quezada, meterá al PRI y a su dirigencia en serios aprietos.

Con su postura se va a profundizar la seria división interna que ya ha causado en el tricolor chihuahuense y como carambola de tres bandas, va a transmitir a su delfín la ilegitimidad y el rechazo que todos los días se le manifiesta en la entidad que gobierna. Si cualquiera de estas circunstancias ocurre, entonces, Manlio Fabio se va a enfrentar a un teorema peor que el de Pitágoras, solo que en este caso, la suma del cuadrado de los catetos no será igual al cuadrado de la hipotenusa: si permite realizar la operación cicatriz y consolar a Cesar Duarte de no haber llegado al puesto que él ostenta, permitirá automáticamente conducir el proceso sucesorio estatal y precipitará a su partido aún más hacia el desbarrancadero para 2018. Si no lo permite, entonces Duarte puede reaccionar con acidez estomacal y hedor hepático al sentirse desplazado y traicionado por su dirigencia nacional. En ambas hipótesis se requiere una gran labor de operación política para que el PRI no se presente dividido a la cita electoral de 2016.

Beltrones tiene a la mano dos posibilidades para controlar a este Duarte: la primera es que si ya desapareció la sana distancia entre el PRI y el gobierno, puede gestionar con muy pocas posibilidades, un puesto más simbólico que efectivo en el gabinete de Peña Nieto y así deje de causar problemas que deterioran más al partido en Chihuahua y estados circunvecinos.

La segunda posibilidad es que el sonorense maneje como prenda de negociación la denuncia que desde septiembre pasado fue presentada por el licenciado Jaime García Chávez contra Duarte, la cual pronto cumplirá un año de estar siendo investigada por la burocracia de la PGR. Se trata de una denuncia por enriquecimiento inexplicable, por la compra de acciones del Banco Progreso por un total de 65 millones de pesos y por el ejercicio indebido de funciones y otros presuntos delitos.

Para calmar las aguas, Don Beltrone (como le llama el gran jefe) podría ofrecerle al gobernador chihuahuense impunidad total a cambio de disciplina, es decir, se archiva o se pone en reserva el expediente de Chihuahua a cambio de que permita un proceso sucesorio depurado al interior del organismo político y una progresiva recuperación de imagen y transparencia hacia el exterior del partido. Las dos posibilidades implican para el chihuahuense la impunidad, la vergonzosa huida y el carpetazo indebido a la transparencia, como quien dice aquí no pasó nada.

Este es el desafío y laberinto sin salida que Manlio Fabio y su fórmula Monroy del Mazo tienen no sólo en Chihuahua, sino en todo el país: tienen que terminar con la complicidad eterna de la dirigencia de su partido con gobernadores y exgobernadores, particularmente los Duarte: el de Chihuahua y el de Veracruz. Si terminan con ellos y con otros tantos militantes que son acusados de corrupción y de autoritarismo, la continuidad y transparencia de su partido están bien aseguradas. En cambio, si no lo permiten, su partido perderá entonces la poca credibilidad que le queda y la sana distancia con el gobierno significará propiciar la impunidad a las trapacerías del Presidente de la República y de su gabinete. Lo más posible es que Don Beltrone eluda ese reto.

Lo paradójico de este asunto es que, superarlo sería la única vía para detener la caída libre que sin remedio los lleva a él y a su partido al abismo amenazador de 2018, cuando el fantasma de la crisis política aparezca como coyuntura para un verdadero cambio de régimen. Por lo pronto, el demacrado Peña Nieto moviéndole el tapete a la cúpula partidista reparte cargos en el gabinete para no dejar desempleados a sus amigos y colaboradores cercanos. El reacomodo de personal demuestra que la experiencia para ser secretario de Estado no importa ya que no hay rumbo definido ni la menor intención de nombrar a los mejores para los cargos públicos más importantes, es más, dejan en entredicho la hipótesis de la sana distancia entre el PRI y el gobierno.

Antonio Meade a Desarrollo Social (sin comentarios), Ruiz Massieu a Relaciones Exteriores (nunca ha trabajado en una embajada o consulado), Rosario Robles a Desarrollo Agrario, Ordenamiento Territorial y Urbano (sin la mínima experiencia), Aurelio Nuño a Educación Pública (que se puede decir), Rafael Pacchiano a Recursos Naturales y Medio Ambiente (pocos lo conocen, no hay experiencia que abone al sector), Enrique De La Madrid a Turismo (muchos viajes pero sin experiencia en el Ramo), Antonio Calzada para agricultura, ganadería, pesca y alimentación (tendrá que demostrar porque lo trajeron de Querétaro) y por si fuera poco en seguridad Renato Sales deja fuera a Alejandro Rubido García y el perfil de Juan José Guerra Abud, no califica para ser embajador.

 

El otro Duarte, es el de Veracruz, legisladores del PRD, dicen que Duarte de Ochoa desde que asumió el poder, ha violado los derechos humanos fundamentales de los ciudadanos caracterizándose por no respetar la libertad de expresión y no garantizar la seguridad de los veracruzanos, no cesan los crímenes, amenazas, amedrentamiento y desapariciones en especial de periodistas y defensores de derechos humanos, las cuales dicen alcanzan cerca de 120 en lo que va de su gobierno. Por ello, presentaron ante la Secretaría General de la Cámara de Diputados una demanda en contra del gobernador Veracruzano, por violaciones graves a la Constitución Mexicana.

 

Sin mencionar el endeudamiento que presenta la entidad, la demanda seguramente será turnada, archivada o perdonada por la próxima LXIII legislatura que entrará en funciones el 1 de septiembre, mientras tanto, “El grupo parlamentario del PRD estudia el caso y si lo amerita, promoverá una petición de juicio político al gobernador veracruzano, por el clima de represión contra los periodistas y la irresponsabilidad institucional para protegerlos”.

En el desmadre total y absoluto que nos caracteriza a los mexicanos, la bancada panista en la Comisión Permanente del Congreso de la Unión solicitó la comparecencia de Javier Duarte de Ochoa, para que explique las medidas que ha tomado su gobierno en los temas señalados. El senador de Acción Nacional Roberto Gil Zuarth, para no quedar fuera de cámaras se lanzó fuerte contra el mandatario y exige con sarcasmo su presencia no para tener oportunidad de crucificarlo políticamente, sino como un ejercicio democrático para evitar que otro periodista sea agredido o asesinado como es el último caso de Rubén Espinoza.

En defensa del veracruzano, el senador priista David Penchyna recordó que el asesinato del periodista Espinoza y otras cuatro personas no sucedieron en la jurisprudencia veracruzana, sucedió en el Distrito Federal, por lo que las autoridades de la capital del País (Miguel Ángel Mancera y su grupo) son las responsables de esclarecer los hechos pero ya sabemos que esto no va a suceder; dice que el juicio político no puede promoverse cuando aún se investiga la posible participación del crimen organizado en los hechos ocurridos en la colonia Narvarte de la Ciudad de México.

Sin necesidad de conocer la decisión que tome y sin invertir esfuerzo adicional en su demostración, lo cierto para Beltrones es que en Chihuahua, Veracruz y otras entidades de la República Mexicana que son gobernadas por su partido, predominan la desconfianza y la perplejidad ante el lento pero seguro desplome de las instituciones que representan al Revolucionario Institucional.

 

 


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