Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

LA FORMULA

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 17-08-15)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

 

Si usted considera que la raíz cuadrada de 16 es 4, está en lo correcto, como también es correcto el juego de equilibrios que se practica tradicionalmente en el PRI para integrar las fórmulas de la dirigencia nacional. En la búsqueda del binomio conveniente, es muy usual designar en la secretaría general de ese instituto político, a personajes de corrientes diversas a la del ganador del cargo principal. Al mexiquense César Camacho por ejemplo, le colocaron a Ivonne Ortega, la polémica ex gobernadora de Yucatán, quien mantuvo las formas de convivencia dentro del partido pero jalaba agua para su expansivo molino no solamente peninsular.  

 

En esta ocasión, en el contexto de la forzada cesión hecha por el grupo de Los Pinos, a Beltrones considerado como el intruso incomodo, le acompaña Carolina Monroy del Mazo, ella forma parte del puñado de familias que en el estado de México acaparan candidaturas y cargos, casualmente es prima del presidente de la República y como secretaria general del Comité Nacional Priista será una carta de garantía para Peña Nieto cuando sea necesario controlar los procesos internos y postulaciones, sobre todo durante las batallas abiertas que se esperan entre grupos y personajes priistas que critican en lo oscurito la conducción del país con la facción mexiquense-hidalguense como bloque del poder al frente. 

 

Este bloque, de ninguna manera alberga las intenciones de dar paso a opciones pendulares (como la que representaría Manlio Fabio) y está decidido a cerrar el paso a cualquier pretensión que quiera impedirle la continuidad en Los Pinos. Obviamente los que lo integran saben bien que dentro del organismo político hay intereses del más alto nivel que, estando en consonancia muy en lo general con el peñismo, aspiran a más ganancia y presencia teniendo como recaudador en jefe al ex presidente Carlos Salinas de Gortari uno de los principales beneficiarios de la llegada de Beltrones.

 

La fórmula de Beltrones con Carolina Monroy del Mazo está fríamente calculada por la mafia mexiquense, ella es la cuña y el relevo cantado en la dirigencia priista si el sonorense en circunstancias positivas (elecciones 2016) dejara la presidencia del PRI para asumir el rol de buscador abierto de la candente candidatura presidencial de 2018, con cercanía o con distancia de Enrique Peña Nieto. La cuña, es una pieza del arsenal mexiquense para contener y, dado el caso, enfrentar al intruso tolerado si su actuar contraviniera de manera grave las intenciones e intereses de la encopetada facción dominante.

 

Como el gabinete de Peña Nieto no sé mueve a pesar de los errores, con Beltrones finalmente se hizo lo que se tenía que hacer: colocarlo al frente del PRI jugando una carta, no sólo de unidad interna en ese partido, sino también de reconocimiento a su trayectoria y lealtad, sin embargo, la pregunta obligada después de que tome su cargo seguirá siendo ¿Qué hacer con Beltrones? Cuando quiere para sí, la candidatura presidencial.

 

En momentos en que la popularidad del Presidente de la República se ubica en su nivel más bajo desde el inicio del sexenio por los resultados políticos y en economía, al sonorense no le queda de otra más que bailar la danza del venado, con cautela tiene que mostrarse cercano a Enrique Peña Nieto, y disolver la percepción de que el Señor de Los Pinos no pudo imponer a su favorito Aurelio Nuño y tampoco Cesar Duarte el gobernador de Chihuahua era el bueno, para ello, se dedicará disciplinadamente y con insistencia a pregonar un apego exagerado y mediático a la figura del mexiquense en apuros.

 

Su retórica siempre cargada de elogios y piropos políticos, situará al mexiquense como fuente inequívoca de decisiones actuales y futuras, justificando con sus loas, solamente que hay circunstancias imperiosas que reclaman ante un presidente devaluado tales juramentos públicos de lealtad y adoración. Beltrones sin pena ni gloria ha dicho que acudirá cuantas veces sea necesario a consultar con Peña Nieto y seguirá insistiendo sobre lo que los priistas ya concretaron: pasos correctos en la dirección correcta, de tal suerte que las reformas que supuestamente están transformando a México, ahí ya están; la intención es mantenerse como la principal fuerza política en México y continuar sin sobresaltos el último tramo del actual gobierno.

 

El virtual dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional (PRI), además de apoyar el proyecto presidencial y actualizar la agenda política del Revolucionario Institucional para mantener un partido vigente, aspira a entregar buenas cuentas el año próximo cuando habrá doce elecciones para gobernador y en nueve de esos estados gobierna el PRI, pero hace seis años perdió ante alianzas del PRD con el PAN en Oaxaca, Sinaloa y Puebla y existen posibilidades serias de que esas coaliciones se repitan y amplíen en el 2016, e incluso de cara a la elección presidencial del 2018.

 

Ante el reto que representarán esos comicios, a los priistas ya con la dirigencia de Beltrones no les debe quedar ninguna duda: serán ellos, las bases a plenitud, los que determinen quién o quiénes serán sus representantes populares en todos los niveles; no habrá dedazo ni imposiciones, esto lo garantizó su fórmula Carolina Monroy, aunque se ve  difícil que los priistas se lo traguen, ya que ella misma llegará por esa vía al CEN del Partido Revolucionario Institucional.

 

La responsabilidad de enfrentar esos comicios será el desafío de la formula Beltrones - Monroy, pero esa responsabilidad no es solo suya. La operación partidaria es importante, sin duda, pero debe ir de la mano con los resultados del  gobierno tanto federal como estatal y municipal, las grandes reformas aprobadas en los meses pasados en materia de educación, competitividad, telecomunicaciones, justicia y energía, por mencionar las más conocidas no terminan de germinar, recuperar la seguridad sigue siendo un capítulo pendiente y la incierta economía está lejos de refrendar las expectativas de la gente.

 

Esas variables que pueden alterar cualquier fórmula, son las que al final marcarán las posibilidades de cualquiera de los aspirantes priistas, incluido Beltrones que sin ser el favorito de Los Pinos, el juego de los destapes de cara al 2018 lo ha ubicado en esa carrera junto con Osorio, Videgaray y Nuño, más los que se sumen, como el chiapaneco Velasco. Pero para esas definiciones falta mucho y, para llegar a ello, el PRI con el mando de Beltrones tiene que recorrer un largo camino que no es sencillo.

 

Hoy en las encuestas de popularidad política ninguno de sus dirigentes y funcionarios, tampoco de sus gobernadores, está en los primeros lugares de las preferencias. Esto explica, el acuerdo entre Los Pinos y el coordinador de los diputados del PRI que deja la coordinación de diputados priistas en San Lázaro. Nadie como él cumplió la encomienda, sus compañeros de partido presumen que es el único que le entregó buenas cuentas al presidente Enrique Peña Nieto en la Cámara de Diputados, pero también en las elecciones del 7 de junio cuando el priismo en alianza con el Verde (y con Nueva Alianza) ha podido refrendar la mayoría en la Cámara de Diputados.

 

Para muchos, lo importante de la designación de Beltrones en el PRI es que el presidente Peña apostó por la trayectoria y ascendencia del sonorense para conducir al partido en esta etapa difícil que está viviendo el oficialismo, también abrió los espacios a personajes que no son parte de su equipo más cercano y que ello le permite tener una visión más amplia del panorama general para comenzar la inevitable búsqueda de preservar para su partido la Presidencia de la República. Seguramente, alguien le aconsejó que colocando en el PRI a un hombre como Beltrones se fortalecen él y cualquiera que sea el aspirante para entonces. La simbiosis entre Enrique Peña Nieto, gobierno y el PRI será total.

 

Beltrones está dispuesto a la sana cercanía, aunque dentro del PRI algunos temen se convierta en peligrosa cercanía. Tampoco se puede negar que el sonorense ha sido recibido como un salvador por sus correligionarios, lo cual atenúa la crítica - expresada por personas que no son miembros del tricolor- de que fue impuesto desde Los Pinos.

 

Sin embargo, su llegada a la antesala del infierno, también es una señal de que al PRI le está costando mucho trabajo el cambio generacional, seguramente su dirigencia le apostará a la incorporación de las nuevas generaciones que sumadas a la experiencia de otros militantes permitirán mejores resultados. En ese sentido, Beltrones ha vivido la experiencia de dos fracasos: la de los jóvenes tecnócratas que llegaron de la mano del presidente Miguel de la Madrid y se hicieron del poder en el lapso 1988-2000; y la más reciente, la del grupo que se formó en torno del entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto. Ambos experimentos han sido malogrados no han podido dotar al PRI de aires nuevos, ni aun con el cambio climático.

 

Nada meteóricas han sido las carreras de priistas como Beltrones, ascendieron pacientemente los peldaños del poder, hicieron méritos como lo habían hecho varias generaciones de priistas a diferencia de muchos jóvenes que, en años recientes, alcanzaron secretarías de Estado y gubernaturas sin realizar demasiado esfuerzo, en este grupo juvenil se impuso la visión de que estudiar un posgrado en alguna universidad del extranjero daba derecho a saltarse varias etapas de la formación política.

Hoy el PRI apuesta por la experiencia, por un político que conoció el lento ascenso al poder y es por lo menos, una década mayor que el promedio de sus antecesores. Lo que está por verse es si eso es suficiente para curar los males de los que adolece la República.

 

Mientras la fórmula del PRI se acepta, el PAN cambia su dirigencia y el PRD ordena sus filas, nosotros los mexicanos ya muy devaluados, seguiremos esperando pacientemente que cualquier partido político que quiera el poder, además de impugnar la actuación de consejeros electorales que perdonaron el registro del Verde Ecologista, nos garantice un país con prosperidad, seguridad, crecimiento económico y en paz. Aun cuando no sea igualito al que nos han prometido tantas y repetidas veces.

 

 


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