Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

EL PARTIDO EN EL PODER

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  10-08-15)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

Llámese como se llame, fiesta, huateque, jolgorio, pachanga, celebración, el asunto es que la plana mayor del priismo celebró el hecho de contar con una mayoría legislativa que, aun cuando apenas roza el 30 por ciento del voto emitido representa para el partido político en el poder, la legalidad suficiente para aprobar, sin mayores contratiempos, los programas complementarios y sin rumbo del sexenio de Peña Nieto. Ese mínimo e imperceptible porcentaje ha sido motivo suficiente para infundir en la cúpula partidista de clase, una sensación de renovado espíritu de cuerpo.  

Sin importarles mucho, enfundados en sus chamarras rojas, los militantes del partido político dejaron durante el festejo los certificados infortunios del período temporal que han gobernado: inseguridad creciente, inestabilidad económica, ralo crecimiento del PIB y volatilidad del peso garantizadas, fugas de capital y de criminales como el Chapo Guzmán, impunidades notorias, violaciones constantes a los derechos humanos, actos de corrupción, abandono del campo, manifestaciones y vandalismo de la sección 22 de la CNTE, asesinatos múltiples y fosas comunes, ridículas ineficiencias en la Procuraduría General de la República, daños ambientales, robo de gasolinas, actos irresponsables de la milicia y otras tantas lindezas por el estilo.  

Como de costumbre, nada de esto intimidó a la cúpula partidaria, con todo y acarreados mexiquenses, hasta les sobró vergüenza para arropar y apapachar al señor de los Pinos y mapaches que le rodean. Las realidades y sus avatares quedaron suspendidos o francamente desterrados de las mentes y las ambiciones de los ahí presentes.

Lo notable y a contrapelo de la celebración corrió a cuestas de los más de dos millones de nuevos pobres que previamente al festín, fueron bien documentados por el Coneval basado en la encuesta del INEGI sobre ingresos y gastos de los hogares mexicanos. Esta cifra alcanzada en tan sólo dos años (2012 a 2014) es un indicador por demás elocuente, del inexistente alegato de las élites nacionales que se encargan de conducir el desarrollo del país, que siempre pasa por incontables promesas (algunas ante notario público) pero a la hora de la verdad, a medio camino se frustra repetidamente por causa de sus lentos, tramposos e inconvenientes resultados.

El análisis de nuestra enraizada y creciente pobreza junto con las pérdidas de ingresos para las mayorías nacionales, mostró una serie de molestas evidencias que no empañaron y menos contuvieron los cánticos y loas al positivismo responsable del partido político en el poder. El contraste de tan evidente realidad respecto del ánimo de la celebración partidista, no pudo ser más discordante, quedó consignado el enorme hueco de las desigualdades imperantes.

Fue quizá por ello que se le desterró del discurso presidencial. La subsiguiente prédica contra el populismo quedó así ensartada en una historia, de más de 30 años, que entreteje constantes promesas de paraísos inminentes terciados con valientes decisiones y reformas dolorosas pero necesarias. La sensación que flotó en el ambiente, contravino la expresa consigna de postergar la ya desatada carrera sucesoria con vistas a 2018. Y, aunque Peña Nieto, el priista invitado de honor, reclamó para sí el designio de tiempos y candidatos, los augurios de problemas mayores por venir no presagian tersuras y obediencias en esa ruta.

El griterío y los aplausos corrían por dispares rumbos: favorables ciertas veces, pero, en otras ocasiones, provocadores de vengativos celos entre los priistas mismos, sin embargo, recayeron, a pesar de todo, sobre sus personajes predilectos que, con discreto temor, los arroparon en sus inquietas vanidades.

Ellos han creído gobernar durante la mayoría de estos decadentes años que van, de inicios de los ochenta del siglo pasado (sólo cortados por la irrupción, digna de olvido, de los panistas Fox y Calderón) hasta el presente. Lo han creído porque, salvo raras excepciones, no han tenido cabida en el diseño de tan cruentas políticas económicas y sociales de acumulación desmedida. En sus núcleos, llamados estructurales, se han impuesto las visiones e intereses de los centros mundiales de poder ataviados con los de la preponderancia interna. Son esas políticas y prácticas las engendradoras de tan brutales realidades para el bienestar del pueblo que el priismo de nuevo sello celebratorio, ha hecho suyas. Por ejemplo:

Como Batman y Robín, Videgaray y Carstens los superhéroes de la economía mexicana, heraldos de buenas digestiones teóricas pero de amargos desastres prácticos hacen esfuerzos inútiles para explicar a los mexicanos las razones técnicas por las cuales no debería ser conceptualmente tan grave lo que cotidianamente los bolsillos y la bolsa del mandado sufren en lo concreto. Ambos personajes, al igual que en las caricaturas, se han quedado estupefactos ante la profundidad del túnel (poco más que el del Chapo) por donde se han estado escapando las expectativas que tenían de cierta estabilidad económica.

Ante la devaluación inminente del peso y para ver si en algo frenan la fuga cambiaria, decidieron lanzar en subasta doscientos millones de dólares al día, de las reservas que tanto se han presumido, durante dos meses para tratar de saciar la voracidad de los tiburones de la volatilidad que a la par del difícil escenario internacional han acercado el dólar a los 17 pesos. De hecho, el peso mexicano, está considerado como la segunda divisa más depreciada en la canasta de principales cruces frente al dólar.

Videgaray, no encuentra palabras para explicar que no se busca defender en sí al peso (como un perro, diría José López Portillo en las turbulencias de 1982), sino de un propósito diferente: asegurar que el mercado funcione con liquidez y en orden. Como se puede ver, entre más confusa y pretenciosa sea la palabrería oficial debemos suponer que mejor se enmascara la realidad existente más allá de los despachos gubernamentales y que, lo único cierto, palpable y comprobable es que durante la administración peñista se ha producido una imparable devaluación de la moneda nacional, sin que las grandes promesas correctivas y reformadoras hayan entregado hasta ahora indicios esperanzadores.  

Al contrario, algunos aspectos fundamentales hacen más sinuoso el camino: 1) La riqueza energética es un botín cuyo primer reparto tramposo alcanzó a la nómina familiar del personaje que siempre asoma en los peores momentos de la historia patria, Carlos Salinas de Gortari. 2) La retoma de control del gremio magisterial (mal llamada reforma educativa) ha mantenido al país en una tensión constante, para su manejo se gastan enormes cantidades de dinero en policías y soldados en tareas de contención invasiva como sucede en Oaxaca. 3) La corrupción e impunidad practicadas en los tiempos que corren hace del presupuesto público un barril sin fondo, una chequera de despilfarro eterno, justo en tiempos de apreturas y recortes para las mayorías pero, obviamente, no para una clase política parasitaria. No es sólo lo externo, siendo tan fuerte. No son solamente las tasas de interés de E.U. en cantada ruta de probable aumento ni la incertidumbre de la economía del rector país vecino. Es la acumulación del saqueo, la consecuencia de una sostenida política económica nacional de beneficio llano a las élites y de castigo a la colectividad, la generalizada falta de credibilidad en los gobernantes y las instituciones. Es la tormenta internacional que alcanza con más fuerza a una frágil embarcación que ha sido sistemáticamente desmantelada.

Es también el robo, el crimen organizado y lo accidental. O al menos así suele explicarse cuando se incendia una guardería infantil, un asilo de ancianos, explota un tanque de gas en un hospital, o cuando a un camión de volteo se le daña el sistema de frenos y arrolla en Mazapil, Zacatecas, a cientos de peregrinos que participaban en las fiestas patronales del lugar dejando cuando menos 27 muertos y casi un centenar de heridos. El historial de accidentes de los años recientes advierte que ese presunto azar negativo es constante, en carreteras mal trazadas, mal conservadas y sin señalamientos adecuados, en inmuebles que no cumplen las normas, maquinaria o vehículos sin el adecuado mantenimiento, en unidades de transporte que no son vigiladas por las autoridades para que cumplan con sus obligaciones mecánicas y operativas.

Actos corruptos que arreglan todo y permiten que en el proceso de degradación nacional, se presten servicios privados de cualquier manera, en las condiciones que sean, por desastrosas y peligrosas que puedan advertirse a primera vista, objetados e incluso agredidos los ciudadanos que denuncian las anomalías y demandan que vida, propiedades e intereses no sean afectados por esta peligrosa mezcla de impunidad, corrupción y abandono acumulados a niveles federal, de los estados y municipios. No es que por infortunio explote un tanque de gas o que un camión de volteo se quede sin frenos: es que el país entero está gravemente descompuesto, con expresiones trágicas un día sí y otro también.

Enrique Peña Nieto, muy quitado de la pena entrego menciones honoríficas a miembros de 25 unidades del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea. El secretario de la Defensa Nacional, general Salvador Cienfuegos Zepeda, plenamente solidario con las reformas emprendidas por la actual administración, proclamó que el camino está trazado y el rumbo es el correcto. Ahora, tenemos la encomienda de sumar esfuerzos en aras del bienestar social, la velocidad de marcha depende de todos. La rapidez en la materialización de cada una de las reformas, depende de nuestra unión, de nuestra competitividad y de nuestra voluntad. Estos buenos mexicanos en uniforme han cumplido y cumplido bien y la crítica carente de prueba, la intriga, los juicios infundados y la difamación no fueron factores preponderantes ni distractores que les impidieran cumplir con su deber. Duras acusaciones contra destinatarios no identificados e imperiosas encomiendas del general secretario:

Desterrar juntos la impunidad, la corrupción, los intereses mezquinos individuales o de grupo; superar la intolerancia, la agresión y la violencia; extirpar la traición, la deslealtad y el deshonor. Discrepo con usted mi general, es su deber saber que el quehacer gubernamental no contempla los verbos: desterrar, superar y extirpar. Tampoco unión, competitividad y voluntad, están en el cotidiano quehacer de los mexicanos y mucho menos considerados en la reforma educativa que sin soldados entrenados (maestros), a paso veloz, sin armas ni herramientas adecuadas podrán vencer a la ignorancia y la inconformidad social que crece diariamente.

 

 


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