Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

EL CHAPO, REFLEJO DE UNA CRISIS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD  27-07-15)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

Hecho inédito pero además bochornoso, vergonzoso e irresponsable, Joaquín Guzmán Loera líder del cártel de Sinaloa, a raíz de su segundo escape de una prisión de máxima seguridad, se ha convertido de la noche a la mañana en el más importante capo del narcotráfico a escala internacional y ha llevado a la prensa mundial a compararlo con el mítico narcotraficante colombiano Pablo Escobar. El reencuentro de este criminal con la libertad, ha dejado en evidencia tanto las carencias de seguridad en México como la enorme capacidad de corrupción que posee el narco en este país.

Para la DEA, el cártel de Sinaloa que en concreto opera en 48 países, es el grupo de narcotráfico más poderoso de América Latina, con presencia en Europa y Asia, y está en franca expansión, pues ha sabido encontrar nuevas rutas y mercados para las drogas y, a la par, ha construido una sólida estructura de influencia y complicidades en la clase política y en el sector de justicia y seguridad no solo en México sino que traspasa sus fronteras.

Recordemos que la leyenda del chapo, se escribe desde los años 80, cuando nuestro personaje, mantuvo una intensa rivalidad con Amado Carrillo Fuentes, líder del cártel de Juárez hasta su muerte en 1997, operando incluso para su detención y con ello tomar el control del trasiego de droga a territorio estadunidense. Su enemigo fue conocido como El señor de los cielos por transportar droga vía aérea, pero él por su parte comenzó la construcción de túneles para lo propio, iniciando el liderazgo y el inmenso poderío que ha mantenido durante tres décadas y media sin tener rival de por medio.

Los que lo conocen dicen que Guzmán Loera ha mantenido la fuerza de su organización criminal porque es una persona agresiva, sanguinaria, calculadora y vengativa que en combinación con su inteligencia, creatividad y su capacidad para sobreponerse a los ataques que le han generado sus enemigos y el gobierno, lo llevó a agudizar su astucia para construir su imperio.

Se dice también que desde 1990 a la fecha, autoridades mexicanas y estadunidenses han descubierto 170 túneles, la gran mayoría en los territorios controlados por El Chapo, es decir, las fronteras de México con Arizona y California. Precisamente la construcción de pasajes subterráneos fue la estrategia que utilizó el capo para escapar de las autoridades una semana antes de que fuera recapturado en Mazatlán el 22 de febrero de 2014, en un operativo realizado en una casa ubicada en Culiacán por medio de túneles que estaban conectados entre siete casas y el drenaje público.

A pesar de conocer todos estos antecedentes, ahora se sabe que las autoridades mexicanas lo mantuvieron recluido en la misma celda sin contemplar la posibilidad de que pudiera construir con la complicidad de arquitectos, ingenieros, trabajadores mineros, albañiles y equipos especializados, un túnel más sofisticado con sistemas de iluminación, ventilación y una extensión de centenares de metros para obtener su libertad, como finalmente lo concretó.

Lo que no podemos entender es cómo nadie previó e investigó quien formaba parte de su equipo de constructores, con la finalidad de adelantarse en sus pretensiones. En este y otros aspectos, es indiscutible que el trabajo de seguridad, defensa e inteligencia del gobierno mexicano falló de todas, todas aunque el agotado discurso de Osorio Chong y las conferencias de prensa de Peña Nieto digan lo contrario.

Como un cazador que espera pacientemente a su presa, agazapado en su celda número 20 (la más cercana a la colonia Santa Juana), El Chapo, aguardó el momento para dar su gran golpe, su fuga refleja que la organización criminal del cartel de Sinaloa, cuenta con una muy preparada área de inteligencia para una correcta toma de decisiones, así como la eficiencia de los encargados de operar los recursos financieros, materiales y tácticos, ya que no solamente consiguió su libertad, sino que asestó el golpe político más severo al gobierno, la noche en que el Presidente Peña Nieto junto con 11 de sus secretarios comenzaban una gira histórica por Francia.

Con su fuga exhibió la vulnerabilidad del gobierno, ahora existe una gran preocupación y alerta en los servicios de inteligencia nacional y extranjeros, no sólo por el hecho en sí, sino porque hay otros factores como el que posee armamento de última generación usado exclusivamente en la guerra de EU contra Irak, así como que estableció una alianza con el cártel Jalisco Nueva generación desde el pasado mes de abril.

 

Miguel Ángel Osorio Chong, el devaluado secretario de Gobernación, sostuvo que en el entramado que concluyó con la fuga de Joaquín Guzmán Loera, se consumó una traición desde dentro del gobierno, si esto es verdad, como creerle que van a caer los que traicionaron a las instituciones y con ello a la sociedad, lo único que va a suceder es que en esta investigación no habrá sanción para mandos superiores quienes faltaron a su responsabilidad, y, como siempre sucede, el hilo de la justicia se romperá por lo más delgadito en este caso los custodios.

 

Por su parte, el comisionado general de la Policía Federal, Enrique Galindo Ceballos, no se quiso quedar atrás en el verbo y se comprometió a capturar “lo antes posible” y volver a presentar ante la justicia mexicana a Joaquín Guzmán Loera. Confiamos en nuestras instituciones para lograrlo lo antes posible. Que no quepa duda”. Otra barbaridad.

La única duda que deja su argumento es que ante situaciones críticas se abusa de las palabras. La sorpresa por el inexplicable hecho material del escape indigna, preocupa y aturde. La autoridad ante la ineptitud exhibida, más aturdida todavía, como lagartija apedreada, sigue dando vueltas persiguiendo su propia cola. La única explicación razonable y aceptable debería partir de que se admitiera que fueron los equívocos y las omisiones de gobierno los que causaron todo, al fin y al cabo, evadirse del penal no está tipificado como delito en la ley penal.

Lo sensato es pensar que la autoridad genero un coctel demoniaco cuyos alcances aún están por desentrañarse, los ingredientes del coctel son: 1) ausencia de inteligencia criminal, 2) falta de profesionalismo en los operadores del penal y 3) corrupción penetrante y generalizada.

Es obvia la ausencia de un plan de inteligencia diseñado y realizado específicamente para fortalecer el aseguramiento del criminal. Nada se supo de lo que se planeaba y se preparaba dentro del penal, ni de las pretensiones y ejecución de obras externas en un perímetro de seguridad siguiendo indicaciones del interior. No se usó, si es que se tuvo, el tráfico de comunicaciones del recluido, ya fuera dentro o hacia afuera del reclusorio. La ventanilla única de Osorio Chong con agencias estadunidenses no funcionó. Si esas representaciones supieron algo, como se asegura, decidieron callar.

Nada se conoció de flujos importantes de dinero, ni de compra y contratación de bienes y servicios; nada sobre extensas obras civiles que se ejecutaron; nada sobre el reclutamiento de cómplices y encubridores, la contratación de profesionales y de mano de obra especializada; nada sobre la disposición para la recepción, transporte y nuevo alojamiento del Chapo, a casi dos semanas de su reencuentro con la libertad, no se sabe nada y seguramente, nunca sabremos nada de nada.

2. La falta de profesionalismo de los cuadros directivos del penal no puede refutarse, tampoco la de los mandos medios e inferiores. Algunos provenían de otros penales o cuerpos militares o policiales. ¡Formación académica, ninguna!, la responsabilidad demanda, como todo lo delicado, una consistente profesionalización, pero, en México no existe una instancia para calificar a esos recursos humanos profesionalmente, eso los hace más accesibles a la corrupción.

3. La corrupción, que aun antes de demostrarse, es absolutamente concebible, y si lo decide el Presidente habría de llegar a niveles que hoy ya se suponen y alarman. No querer combatir ni la corrupción ni la ineptitud ha sido una constante en la forma tan peculiar de gobernar de Enrique Peña.

La evasión que ha asombrado al mundo, significa el quebranto de la autoestima de los mexicanos y una seria erosión de nuestra ya muy deteriorada imagen internacional. Significa la pérdida de legitimidad del Presidente para seguir gobernando. Significa la revelación de la crisis que hay en su aparato de gobierno –pleitos, discordias, mediocridad– y como resultado una clara ineficiencia. Dolorosamente significa también la prueba irrefutable de que el sistema de seguridad y justicia está en una quiebra total. Este es por hoy el saldo visible de la levedad, el personalismo, el autoritarismo, la tolerancia excesiva y la corrupción de este gobierno.

Seguramente a esta crisis de seguridad, se sumará el derramamiento de sangre por el ajuste de cuentas del Chapo sobre quienes traicionaron su confianza y por la embestida que dará para recuperar los territorios perdidos a raíz de su detención, se prevé que pueda presentarse otra en materia económica, lo que obliga al gobierno a repensar las acciones que se deben asumir para lograr el desarrollo, la estabilidad y la seguridad del país que tanto cacarean en sus discursos.

Se avizoran momentos críticos para México y los mexicanos, Peña Nieto nos debe una explicación desde el pedestal del jefe del Estado, no una propia de un Ministerio Público. La patria está dañada, que explique por qué y cómo la reivindicará. Hoy somos más vulnerables ante todo que lo que pudimos ser ayer.

 


volver al homepage
HOMEPAGE


LINEA DIRECTA GERARDOREYES.COM DERECHOS RESERVADOS.   regg48@hotmail.com