Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

DILEMA ELECTORAL

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 15-06-15)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

Concluidas las elecciones intermedias, muchas voces surgieron para festejar la civilidad de la jornada; entre ellas las del Presidente de la República, los consejeros y el presidente del Instituto Nacional Electoral, así como el ejército de comentaristas en favor del sistema. Su discurso elogiaba la masiva participación de sufragios, la marcada derrota de quienes pretendían obstruirla y el papel de los ciudadanos que ejecutaron el proceso. Parecería que la paz llegaba al corazón de los mexicanos y de la nación y que el país serviría de ejemplo al presentar un territorio aún más plural, juzgado por el número de partidos que participaron; pero esta apariencia resulta engañosa, el panorama completo de los resultados anunciados, indica otra cosa. 

Si partimos del número de mexicanos que fueron a las urnas, alrededor de 47 por ciento, la legitimidad de la elección queda bastante mal parada. Más de 43 millones de ciudadanos se abstuvieron de participar en la fiesta electoral, y si tomamos en cuenta los votos anulados, que posiblemente alcancen 6 por ciento, es decir, unos 5 millones, la cifra se hará aún más relevante y preocupante. La razón: los porcentajes reales de los votos ganados por los partidos se reduce a niveles irrisorios, es decir, no son legítimos en tanto no representan más que consensos mínimos.  

Este hecho sería más que suficiente para anular la elección y para que los candidatos mal logrados, estuvieran obligados a no participar en la siguiente contienda, serviría para que Peña Nieto dejara de presumir en sus actos políticos y en su gira por la Unión Europea que las elecciones le convalidan como democrático y le dan gobernabilidad plena ya que en México, el mandatario asegura que existe una democracia representativa madura.  

Hablar de que los comicios fueron un éxito o de que la democracia avanza en el país, no deja de ser una apasionante fantasía. El saldo final arroja que hay un grave problema de representación política y de malestar con el sistema de partidos existente. Varios de los partidos que participaron en la contienda electoral no fueron impulsados por minorías diferenciadas ideológicamente, sino por ciudadanos que no saben mucho de escrúpulos, y ven en las leyes electorales un espacio de mercado para formar un negocio y ganar plata timando a los electores. Previsiblemente se marcharán dos de estos dejando atrás una crisis de representación que el Instituto Nacional Electoral debe tomar muy en serio. 

Quizá, lo más destacado del resultado electoral fue la victoria de candidatos independientes que supieron vencer las carretadas de dinero de la partidocracia, abriendo con su triunfo resquicios que pueden ensancharse más si un sector amplio de la ciudadanía se identifica con su línea de lid política y sufraga en su favor en las elecciones de 2018. Entre los candidatos independientes, los reflectores se orientaron hacia Jaime Rodríguez “El Bronco”, que en Nuevo León contó con los apoyos de poderosos empresarios de Monterrey para vapulear a sus contrincantes Ivonne Álvarez y Felipe Cantú, candidatos del PRI y PAN respectivamente. Con su voto, los neoloneses mostraron su hartazgo del bipartidismo que como piratas se repartieron impunemente la entidad y perpetraron corruptelas que no tuvieron costos penales. 

Este triunfo parece abrir una ventana que deja ver que la figura de candidato independiente, no necesita negociar con la cúpula de los partidos y que los partidos de mayor tamaño pueden ser derrotados, iniciándose así, un camino cuya terminal de llegada sería un cambio de fondo en la composición partidista del país, lo cual es muy saludable para enfrentar los retos del futuro.

Dos aspectos destacan de la elección en Nuevo León, el primero es que la ciudadanía anhela una administración honesta, que se apliquen las instancias legales a quienes han sido señalados de tráfico de influencias para enriquecerse y que se lleve un ejercicio eficiente y transparente del presupuesto público; el segundo, es que El Bronco ha levantado esas expectativas y tendrá que hacer frente a la impunidad que ha cobijado a conocidos personajes cercanos al gobernador Rodrigo Medina, quien también ha sido señalado de malos manejos en su gobierno. Ya veremos de qué cuero salen más correas.

Un candidato mucho menos conocido que El Bronco y sin los recursos financieros de éste, Pedro Kumamoto de 25 años y con 18 mil 500 pesos que le asignó el Instituto Nacional Electoral, hizo una campaña imaginativa y fresca que le llevó a una victoria prometedora para el conjunto de la sociedad que busca nuevas formas de participación electoral, libre de los intereses de los partidos políticos. Kumamoto, triunfo en el distrito 10 de Jalisco (Zapopan), y ocupará una curul en el Congreso local. En Morelia, la alcaldía la ganó Alfonso Martínez, también candidato independiente que con su triunfo reivindica una vía que debieran analizar detenidamente quienes promovieron el voto nulo y la abstención.

Desde una óptica parecida puede comprenderse el triunfo del futbolista Cuauhtémoc Blanco a la alcaldía de Cuernavaca, bajo las siglas de un partido local (Encuentro Social), que durante años se debatió entre la vida y la muerte. Blanco, sin mayores méritos en la política pero con una defensa sólida para evitar el gol tempranero, en el segundo tiempo de la contienda electoral logró la hazaña de obtener el sufragio popular vulnerando la portería enemiga para vergüenza de los operadores electorales tanto del PRI como del PAN y PRD.

Otro hecho que hay que destacar es el significativo espacio que alcanzó Morena en su primera incursión electoral.  Para muchos, era previsible que Morena fuera votado por un segmento mayoritario de la comarca quizá más politizada del país. Parece que ganó en cinco delegaciones capitalinas y tendrá una representación con peso en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

A Morena le toca andar sobre un difícil camino repleto de trampas y adversidades. Puede representar sí, en este caso, el inicio de un cambio de composición partidista y de rumbo económico y social para el país, pero se trata de un muy largo y sinuoso camino, que requiere de una voluntad de hierro para recorrerlo. Su más difícil tarea es quizá la construcción de un programa estratégico con la mirada puesta en el desarrollo del largo plazo y el hallazgo de los medios para que la ciudadanía vaya apropiándoselo gradualmente. Morena y sus líderes, saben muy bien que ahí donde ganó posiciones ejecutivas, como las delegaciones del DF, todo programa de contenido social que mejore la existencia de los más necesitados, será bienvenido, sobre todo si proviene de una administración austera y honrada.

El enorme costo de la contienda electoral, obliga a pensar si realmente existe una verdadera democracia en el país y si no es hora de imaginar y llevar a la práctica nuevas formas de democracia. Quedó demostrado que el voto real no da derecho a ningún partido a realizar legislaciones válidas y que el proceso en marcha refleja que el poder político ha terminado por convertirse en cómplice o apéndice del poder económico.

Las elecciones en su forma dominante son una mera ilusión, una forma cosmética que da la apariencia de cambio, pero que en realidad ni enfrenta ni resuelve los dramáticos problemas, como es el caso de México. La caída electoral del PRI era altamente previsible pero, como siempre lo ha hecho, esta dispuesto a todas las marrullerías y actos ilícitos, para buscar alcanzar la mayoría en el Congreso, condición que quizá alcanzará, ayudado por la nada novedosa alta abstención de los electores.

La compra de votos, como mandan los cánones priístas y su aliado el esperpento verde, fue ampliamente documentada en las redes sociales; ya veremos cuán documentado lo tienen otros partidos, porque aparentemente, al menos el PRD, si se quedó atrás debió ser por falta de los recursos con los que contaron el tricolor y el verde ecologista. Era previsible. Lo menos previsible era que el PAN se mantuviera estable en cuanto a su espacio en el Congreso. Probablemente su oposición a la reforma fiscal le dio el apoyo que requería.

En suma, las elecciones intermedias del 2015, pese al descontento social, suponen un alivio para el partido del presidente Enrique Peña Nieto y su gobierno. Los resultados preliminares de la jornada electoral muestran que sus socios mantendrán el control del Congreso, otorgan una fuerte caída al partido tradicional de la izquierda, PRD, y revelan un gran estreno electoral de Morena, las élites logran como siempre, mediante mil formas, seguir manteniendo el control de las cosas por vías legales e ilegales, morales e inmorales, explícitas e implícitas. El dilema es latente.

El dilema no es entre la vía electoral y la vía violenta o armada, sino entre una democracia representativa ineficaz y tramposa y la consideración de crear una nueva forma de hacer efectivo el gobierno del pueblo.

 


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