Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

UN CIRCO EN TRES ACTOS

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 18-05-15)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

En el primer acto, con el patrocinio del Instituto Nacional Electoral (INE) y con eventos llenos de colorido y engaños que se presentan cada cierto número de años, México se prepara para tener en nueve entidades de la República Mexicana, de manera simultánea, en vivo y a todo color, la gran función de un circo electorero que desangelado por la abundancia de animales y la ausencia de buenos trapecistas, no se espera con el mismo interés de años anteriores. En su cartelera principal el circo refiere con sarcasmo una serie de actos mañosos, demagogia pura, traiciones y hasta asesinatos de candidatos a un puesto de elección popular que reclamaron oportunamente medidas por su seguridad, pero vergonzosamente estas nunca acudieron a su reclamo.  

El circo con más de mil actores y con un panorama incierto, muestra las próximas elecciones como si nunca las hubiera habido en este país y espera que de su resultado pudiera darse el gran salto cualitativo a la democracia,  se olvida que del dicho al hecho hay mucho trecho y muchas de las sorpresas que nos esperan tendrán que ser resueltas por el Tribunal Electoral. Tenemos 38 años viendo el mismo espectáculo y comprobando cada tres y seis años, no sólo su inutilidad respecto a la democracia, sino sus onerosos resultados en términos de gobierno. Creer en elecciones democráticas, podría ser cierto si estas fuesen limpias y equitativas, seguramente esto nunca ha sido.

En las pistas centrales del circo electorero, particularmente en Sonora, Nuevo León, Guerrero, Michoacán y en el propio Distrito Federal, los líderes y los candidatos del PAN, el PRI y el PRD, se dan hasta con la cubeta y se trenzan en críticas y chismes de vecindad; no hay propuestas serias ni ideología, los tres son partidos políticos que por sistema prometen siempre lo mejor, no dejan de roer el hueso y omiten su presente plagado de deshonestidades, traiciones, corrupción, atropello a los derechos humanos, narcotráfico en expansión; la agonía del estado de derecho, crecimiento de la pobreza y el despojo de la propiedad nacional y de comunidades frágiles. A ellos generalmente se les pegan como parásitos para subsistir los partidos Movimiento Ciudadano y Nueva Alianza (PANAL) y se suman las comparsas del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT). En esta ocasión, la parodia del proceso electoral da oportunidad a tres nuevos trapecistas, también payasos y a la vez maromeros: Morena, Partido Humanista y Partido Encuentro Social.

Por cierto, un conjunto de firmas ciudadanas exigen previamente a la autoridad electoral (INE) que se retire el registro al PVEM (conocido como el partido de las cuatro mentiras) que sigue tan campante, repartiendo regalos, tarjetas de crédito y propaganda por doquier, violando una y otra vez las de por sí laxas reglas de la competencia, pagando socarronamente las multas impuestas con el mismo dinero público que le fue aprobado y demostrando la incapacidad notoria de las autoridades electorales.

En este vergonzoso circo electoral, algunos aspirantes no avizoran ni esperan alcanzar el triunfo, esperan solamente una competencia como otras en las que los resultados se darán claros como para que no provoquen ningún cisma o cosa parecida en la vida del país. Muchos de ellos, nadando contra la corriente se darán cuenta que esta vez la situación no se presenta favorable a esos resultados claros, y que, para subsistir estarán buscando su alianza con fuerzas políticas de mayor jerarquía, mientras que otros confiarán inocentemente en las urnas y en el conteo de voto por voto. No faltarán los que tercamente confían en antiguos laureles que pueden ser sus salvavidas para mantenerse en la arena política. Hay también los que evalúan no dar batalla en el 2015 y guardar energía, recursos y otros aderezos para la gran función estelar del 2018.

Con el beneplácito del patrocinador, en la mayoría de los casos, pero más  en Guerrero, Michoacán, Nuevo León y Sonora, las campañas políticas ya se desacreditaron y se escuchan los primeros reclamos entre los contrincantes, se dan las primeras estocadas, se lanzan retos a polemizar y se visualiza una situación complicada en caso de resultados nada claros en dichas elecciones. El Circo anuncia el cierre para el 7 de junio con dos grandes funciones: el sufragio y las reclamaciones al mismo, las que seguramente si no pasa nada raro se van a realizar por lo que, más le vale al Tribunal Electoral, prevenir que lamentar.

El segundo acto lo patrocinan Enrique Peña Nieto y su gabinete en pleno quienes después de treinta meses de su llegada a Los Pinos, el grupo principalmente mexiquense que aseguró saber gobernar arroja a la fecha, resultados francamente raquíticos. 

Recortes por aquí, caídas por allá y falta de crecimiento real y sostenible por todas partes no parecen dar sustento a la versión oficial de que México va por el camino correcto y mucho menos a la que presume que la economía mexicana tiende a crecer. La demagogia con que se trata el tema, no refleja que el comportamiento económico nacional se mantiene pendiente a un ritmo moderado de crecimiento, y que, a todas luces resultará insuficiente y poco sustentable en los próximos meses.

Entre lo más reciente destaca el informe del INEGI, sobre el comportamiento de la actividad industrial en el país, el cual, como bien advierte el Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC), lo único que deja claro es que carecer de mecanismos propios de crecimiento y desarrollo del mercado interno, particularmente de la actividad productiva nacional, implica mantener una dependencia económica sobre la fluctuación internacional, en especial de Estados Unidos cuya magra evolución de su economía sólo complica la de por sí poco grata perspectiva para el resto del año, situación grave sobre la cual los economistas de Videgaray no pueden tomar decisiones.

Otros especialistas sin esperar siquiera ser escuchados, recomiendan reorientar los esfuerzos de política económica hacia el fortalecimiento de la actividad productiva nacional y la generación de encadenamientos productivos con el fin de reducir dicha dependencia y generar así un entorno de impulso a la inversión privada del país, que le dé sostenibilidad a un modelo económico con mayor crecimiento y desarrollo. La minería por ejemplo enfrenta el entorno más restrictivo.

Según el informe del IDIC, el resultado de marzo (un descenso de 5.3 por ciento) representó la decimosegunda caída consecutiva y la número 20 en los últimos dos años. Si bien la contracción en la parte petrolera permite entender la mayor proporción de la recesión del sector, no puede soslayarse que el segmento no petrolero también vive una situación adversa debida a varios factores como son: la disminución en los precios de los metales, la baja en la demanda industrial de sus productos, la competencia internacional y los problemas de inseguridad que existen en algunas zonas mineras.

Por otro lado, la evidencia de las manufacturas, revela un aumento anual de 3.1 por ciento, fundamentado por el sólido comportamiento de la industria del plástico y del hule, la fabricación de productos metálicos, la fabricación de equipo de computación, comunicación, medición y de otros equipos, componentes y accesorios electrónicos, fabricación de equipo de transporte y fabricación de muebles. Sin embargo, el comportamiento de las manufacturas no fue homogéneo, pues cerca de la mitad de las ramas industriales tuvieron una caída o bajo crecimiento. El principal desafío para los próximos meses es la dependencia con Estados Unidos, ya que la mayor proporción de las ramas industriales que tienen el comportamiento positivo son las que tienen un perfil exportador, en tanto que las enfocadas al mercado interno exhiben mayor debilidad.

En la industria de la construcción, sus tres componentes principales tuvieron un desempeño positivo, pero aun así, mantiene un comportamiento heterogéneo. La mayor fuerza en la recuperación del sector radica en la edificación, en tanto que la construcción de obras de ingeniería civil y los trabajos especializados para la construcción tienen una variación acumulada significativamente menor. Lo descrito permite entender que el ciclo económico del sector se mantiene en ligero ascenso, pero su vertiginoso vuelo tiene tendencias a una caída tan fuerte como la del avión de la línea aérea alemana Germanywings y la del cohete soviético que pondría en órbita al fracasado satélite Centenario.

La relevancia de estos hechos, radica en la necesidad que tiene la economía nacional de mantener su ritmo de crecimiento; de no ser así, la debilidad de la minería y la heterogeneidad del comportamiento en las manufacturas aunado a la coyuntura de bajos precios del petróleo, caída en los precios de los minerales, recorte del gasto de gobierno, elaboración de presupuesto base cero, un mercado laboral precario con generación de empleos con menos ingresos y prestaciones, depreciación del tipo de cambio y la volatilidad financiera internacional ante la potencial alza de tasas de interés por la Reserva Federal de Estados Unidos, podrían incidir de manera poco favorable en el desempeño productivo de México que en las últimas décadas registra un marcado deterioro en las variables de desarrollo.

La debilidad en la actividad industrial confirma la necesidad de modificar los parámetros que han determinado la toma de decisiones de política pública y seguir el ejemplo de naciones que han alcanzado un desarrollo superior durante el mismo periodo en el que México ha visto mermada su capacidad productiva, por ejemplo, la industrialización en Corea del Sur, fue el factor fundamental que dio sustento a su estado actual. El reto que este entorno representa es alcanzar las tasas de crecimiento propuestas de manera oficial e irresponsable y que a partir de la promulgación de las recientes reformas estructurales, generaron mayores expectativas sociales pero en los hechos no han trascendido el discurso demagógico de los gobernantes.

El tercer acto es un promocional del sector laboral para los jornaleros agrícolas del Valle de San Quintín, cuyo movimiento apunta a ser victorioso. Bien por ellos, lograron que el gobierno federal fuera su gestor ante los empresarios agrícolas para hacer realidad una propuesta salarial lo más cercana posible a 200 pesos diarios y en caso de que no se logre pactar dicha remuneración, el gobierno dejando en claro para quien trabaja y a quien le cuida la chequera, pagaría la diferencia obviamente con recursos del erario.  

Horas después, cuando se festejaba lo que parecía el fin de un conflicto, los agroindustriales de la región rechazaron ese compromiso y reiteraron que sólo darán el 15 por ciento de aumento salarial que habían ofrecido desde que inició el paro y se dijeron a la espera de que el gobierno federal indique los mecanismos de operación por el cual aportará los recursos adicionales para cubrir el diferencial y responder con el salario señalado.

A casi dos meses del estallido laboral en San Quintín, es evidente que por la parte patronal no hay una voluntad efectiva de resolver el conflicto y prevalecerán las condiciones de explotación impuestas por los propios empresarios a los jornaleros de la región. Su posición aunque arbitraria es sólo el reflejo de un modelo laboral que se repite en todo el territorio nacional y que cuenta con la complicidad del sindicalismo charro; los contratos de protección, y la anuencia de los gobiernos federal y estatales, quienes controlan, entre otras cosas, las juntas de Conciliación y Arbitraje, instancias donde se dirimen los conflictos laborales, y la comisión encargada de definir los salarios mínimos a escala nacional.

Los acuerdos alcanzados por los jornaleros de San Quintín abren expectativas para que poco más de un millón de trabajadores agrícolas del país, tengan seguridad social, salario digno, cuenten con condiciones de higiene y de vivienda adecuadas en los campos de cultivo, y dejen de considerar ‘‘normales las condiciones de ignominia laboral’’. Ahora, estos acuerdos se ven amenazados por el rechazo empresarial como consecuencia lógica de la ausencia de autoridades competentes y responsables para hacer cumplir la ley y los derechos laborales. Quedan pendientes algunos puntos:

Que las empresas cumplan con los requisitos legales para certificarse como libres de trabajo infantil; revisar el programa de atención a jornaleros agrícolas de la Secretaría de Desarrollo Social, entre otros, para que los trabajadores no pierdan su carácter de beneficiarios por los desplazamientos de sus lugares de origen a los campos de cultivo; garantizar la autonomía sindical a los jornaleros y agilizar la constitución de la alianza cómo sindicato para que, en un plazo corto, los trabajadores elijan a sus representantes.

Las autoridades federales y estatales, en cambio, se obligan legalmente a vigilar el cumplimiento de los derechos laborales básicos y adquieren la responsabilidad política de atender oportunamente conflictos como el señalado a fin de evitar que crezcan en explosividad y encono. No deben repetirse la pasividad y la indolencia inicial de la administración peñista, que intentó acotar el conflicto al ámbito local y dar largas a las negociaciones con los campesinos en una aparente maniobra de desgaste.

Señor Peña Nieto, en sus reformas disque justicieras, debe diseñarse con urgencia, un modelo de desarrollo laboral basado en la justicia social, con ello, su gobierno evitaría condiciones ventajosas a la parte patronal en detrimento de los derechos básicos del trabajador y en consecuencia los infiernos laborales no volverían a presentarse en el contexto de un proceso de integración económica inequitativo que favorece a los agricultores y empresarios extranjeros frente a los mexicanos. Valdría la pena echarle una pensadita no cree Usted.

 


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