Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

NUEVA ENTIDAD FEDERATIVA

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 11-05-15)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

En medio de las mediocres campañas que realizan candidatos prácticamente desconocidos y partidos políticos con registro pero con principios e ideología totalmente vacíos, aparece de repente en la farándula política de la capital del país una alianza manipuladora formada entre Enrique Peña Nieto y Miguel Ángel Mancera para convertir mediante una muy limitada reforma política al Distrito Federal, en ‘‘entidad federativa’’ denominada Ciudad de México, con autonomía plena y su propia constitución que deberá ser aprobada a más tardar el 31 de enero de 2017, por una asamblea conformada por 100 constituyentes, lo que implica al menos en el proyecto legislativo, una aberrante reivindicación del dedazo.

 

Sesenta de estos constituyentes serán electos en un proceso que será organizado por el Instituto Nacional Electoral (INE) y los 40 restantes serán designados por el Congreso: el Senado elegirá a 14 de sus integrantes y los Diputados otros 14, el presidente Enrique Peña Nieto seis y el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera otros seis, todo ello de acuerdo con la reforma aprobada por el Senado. “Una reforma histórica” resaltan los Senadores del Partido de la Revolución Democrática (PRD), a pesar de sus tantas limitaciones.

 

Concebida como una especie de concesión gradual para lucimiento retórico de Mancera, aliado de Los Pinos, la mencionada reforma política no contiene propuestas que rompan y transformen la inercia de control cupular. La reforma contiene varios prietitos en el arroz: Sin pies ni cabeza, convierte a las delegaciones políticas en alcaldías, cuyos titulares serán electos a partir de 2018 y estarán acompañados por concejales, que serán un contrapeso. El Presidente de la República conservará el mando de la fuerza pública, pero el jefe de Gobierno nombrará directamente al secretario de Seguridad Pública. Asimismo, el Senado ya no podrá remover al jefe de Gobierno, condición que permitía la intervención del gobierno federal sobre la ciudad.

 

Con la fórmula planteada y aprobada por los Senadores los capitalinos no podrán ejercer su plena democracia, ya que, solamente tendrán por sí mismos la oportunidad de elegir al 60 por ciento de esos constituyentes, lo que en los hechos dará a la muy bien concebida dupla Peña-Mancera, la posibilidad de controlar dicho congreso fundacional con un pequeño esfuerzo porcentual de reclutamiento por nominación. La gran mayoría piensa que quitar los candados a la ciudadanía y establecer la elección directa del ciento por ciento de los diputados constituyentes sería muy meritorio como primer paso para que una amplia y vigorosa discusión pudiera trazar las líneas de una auténtica reforma política capitalina.

 

Afortunadamente, queda pendiente la aprobación de los Diputados debido al rechazo explícito de las fuerzas políticas del PAN, Morena, Movimiento Ciudadano y Panal que argumentaron escasez de tiempo para dictaminar y lagunas en materia de ejercicio democrático. Su negativa enterró la posibilidad mínima de procesarlo quedando en tela de juicio la dupla promotora Peña Nieto- Mancera y el incierto futuro político de este último personaje y de la entidad federativa en gestación.

 

Inmediatamente, más de un centenar de Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) demandaron al Congreso de la Unión reconsiderar el método aprobado para la integración de la Asamblea Constituyente ya que la medida, afirmaron, es contraria a cualquier noción democrática, porque "el 40 por ciento de las y los constituyentes serán elegidos por designaciones del poder ejecutivo o legislativo federal".   Cuestionaron que con esta reforma, "¿debemos entender que las y los Senadores consideran a la ciudadanía incapaz de elegir a sus representantes? O, ¿es una estrategia para garantizar la participación de grupos políticos que no resistirían el escrutinio ciudadano por medio del sufragio?      

Lo cierto es que un método con estas características deja más dudas que certezas; y hace de un proceso que debería ser un ejemplo de participación y deliberación pública, sobre todo en las circunstancias actuales del país y de la Ciudad de México, un nuevo laberinto de opacidad y desconfianza en las instituciones.  

  

En opinión de perredistas y petistas, la fórmula aprobada da ventaja al Partido Revolucionario Institucional (PRI), el cual tendrá una representación mayoritaria para incidir en la formación de la primera constitución de los habitantes del Distrito Federal, e incluso la podrá vetar, debido a que el partido de Peña Nieto, cuenta con mayoría en ambas cámaras del Congreso y tendrá también a los seis diputados constituyentes propuestos por el presidente, quedará así con una representación de 32 por ciento en la asamblea encargada de crear la constitución de la ciudad de México, pese a que su fuerza política en el DF es de apenas un 20 por ciento.

 

A pesar de ese posicionamiento electoral deficitario, Peña Nieto y su partido el PRI, en entendimiento con el PRD capitalino (Miguel Ángel Mancera, a quien los Chuchos han entregado el poder en el DF para que el erario se encargue de las campañas del sol azteca), avanza desproporcionadamente con este proyecto de reforma política y su constituyente con ala plurinominal concesionada a las élites.

 

El cierre de filas Peña-Mancera en pleno proceso electoral apesta a azufre y está presente en las abiertas maniobras de poder que buscan frenar a Morena “la esperanza de México”, en demarcaciones claves, como Tlalpan, Iztapalapa y Cuauhtémoc, donde se percibe un ánimo colectivo favorable al partido fundado por el tabasqueño López Obrador.

 

En términos prácticos, esa estructuración del futuro constituyente significaría una tramposa inserción relevante del PRI y Los Pinos en un escenario donde no sólo han estado en evidente y contundente desventaja electoral, sino que algunos de sus personajes más conocidos (Enrique Peña Nieto, en un extremo de poder y, por citar un caso escandaloso, Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre en otro polo) sufren una amplia repulsa de la que han dado cuenta diversas encuestas de opinión, grafitis, marchas y manifestaciones públicas al grado que han pensado retirar su contienda en el Distrito Federal.

 

Quizá con el tiempo, todo podría quedar en una reforma cosmética de oportunidad para simular que se avanza, aunque el hartazgo ciudadano en la ciudad de México hubiera merecido mucho más que los arreglos que se dan entre la nefasta clase política. De ser así, Mancera y su loca carrera presidencial tendrían que reconocer su tiempo finito ya que en el fondo de las contenciones y la simulación está la estrategia de Peña Nieto y su grupo en el poder, que sin tener candidatos probos para el Distrito Federal, siempre han tenido las malas intenciones de echar por los suelos los logros ciudadanos conseguidos durante las administraciones del Partido de la Revolución Democrática.

 


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