Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

FRÁGIL CONFIANZA CIUDADANA

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 23-03-15)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

 

Mientras los informes oficiales sobre el avance de las reformas estructurales prosiguen articulándolos a una visión de conjunto, sin que los informantes (Secretarios de Estado) tengan el menor intento de resaltar los contextos críticos, el país, sin rumbo definido por el capitán de la nave, cotidianamente enfrenta aguas tormentosas y las decepcionantes expresiones de una realidad opaca, resistente al elogio, siempre huidiza, a veces peligrosa.  

La frágil confianza de la ciudadanía no se recupera con discursos vacíos en los medios cuando sabemos que falta una genuina deliberación en torno a los grandes temas nacionales: realmente hay un problema de comunicación con nuestros gobernantes, pero las causas de nuestros males están en otra parte, persisten entre los miembros del gabinete, fallas estructurales que impiden el desarrollo y no se han querido afrontar, pese al reformismo oficialista de Peña Nieto y la nueva inserción en el mundo global, para la cual no estamos preparados.  

Sin duda hay percepciones distorsionadas en el aire que pueden afectar el ego de muchas personas, pero los temas duros como el de la violencia o la desigualdad no son invenciones, tampoco la corrupción, la impunidad, la devaluación del peso, la caída del precio del petróleo o el estancamiento de la economía. Las denuncias, forman parte de las noticias, y sobre todo si son sobre quienes ejercen el gobierno, o sus parientes.  

Obviamente los movimientos sociales también ameritan información y es claro que no todos los medios los dan a conocer, y varios de ellos, cuando lo hacen, escogen por lo general la parte más amarillista de lo acontecido, entre otras razones para desprestigiarlos por los daños que causan los vándalos que se infiltran en el movimiento, igual por una manifestación que por bloqueos de carreteras, casetas o puentes.

El problema de no ser o no estar debidamente informados, da la sensación de que México vive un profundo desajuste que abarca el funcionamiento mismo del Estado, pero particularmente de los que apostaron al mercado para fusionar política y dinero… amparándose en el uso privilegiado del poder. Padecemos el agotamiento de las instituciones, el arrastre lento de un modo de ser y actuar que se tapa con la ley sin respetar el derecho, se evita que la política nos ofrezca a través de los medios las propuestas alternativas o las argumentaciones coherentes requeridas para vislumbrar hacia dónde vamos.

Sin comunicación, es difícil crear un circuito de genuino intercambio democrático cuando se demuestra que el poder, tan rigorista en las formas, es incapaz de escuchar otras voces que no comulgan con la tonada oficial, desnaturalizando así el sentido mismo de la pluralidad. El despido de la periodista Carmen Aristegui de la empresa radiofónica MVS, precedido del desmantelamiento de su equipo de investigaciones especiales, es una ligera muestra de ello.

 Aun cuando el despido se origina formalmente en el ámbito de los asuntos privados entre un consorcio mediático y sus empleados, trasciende este espacio de manera inevitable y se convierte en asunto de interés público, dada la relevancia nacional del noticiario que condujo la informadora hasta hace unos días. Se dice que detrás de MVS se perciben las huellas de la mano presidencial en contra de la libertad de expresión, la posible injerencia de Los Pinos (de ser cierta) es más preocupante, pues sería algo así como un retorno a aquellos tiempos de censura y mordaza que creíamos terminados.

El Presidente no pudo eludir la acusación de que en el fondo estaba el castigo por reportajes emitidos que lo involucraban directamente. Así, de la noche a la mañana, se abrió un nuevo frente. Hoy el señor de los Pinos, se enfrenta a un grave problema de imagen, da la impresión de irritarse demasiado, negar demasiado, exigir disculpas, con su arrogante actitud, tan sólo confirma la acusación lanzada en su contra.

Como ya se ha dicho, perdió la oportunidad de aceptar que la crítica en un régimen democrático cumple funciones insustituibles y prefirió las viejas consejas autoritarias para impedir que en el caso del magistrado Medina Mora, el Senado cumpliera a cabalidad con su tarea de nombrar a un nuevo ministro sin intromisiones indebidas.

La voluntad centralista se ejerce sobre la fragmentación del Estado, sobre su debilidad. La supuesta fuerza del Presidente no refleja la complejidad de la reconstrucción democrática sino la discrecionalidad ejercida en el marco institucional desarticulado, deficiente y, por lo mismo, poco confiable que marca el estatus presente.

En este cambio climático tan incierto, y dado el contexto, no extraña que el afán oficialista de convertir al Presidente en el eje rector de la vida pública le traiga, también, desagradables y acumulables sorpresas negativas.

Acuérdese de sus propias palabras relacionadas con Ayotzinapa “No en todos lados puede estar presente el presidente, hay gobernantes”. 

 

 


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