Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

CANANEA Y LA EXPROPIACIÓN PETROLERA

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 23-03-15)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

 

Tanta burocracia e incompetencia nos han querido ganar. Han transcurrido más de siete meses de aquel derrame que deliberada e irresponsablemente, la mina Buenavista del Cobre de German Larrea, generó y arrojó sobre el lecho del río Sonora. El tóxico veneno -sulfato de cobre acidulado- inmediatamente modificó las tendencias de sustentabilidad del ecosistema, acabó con la belleza y la vida alrededor del cuerpo de agua, y de paso, la frágil economía de los siete municipios de la región ribereña y la tranquilidad de la población no han podido recuperarse.

Desde aquel tiempo, con la encomienda de  llevar a cabo acciones inmediatas, oportunas y eficaces para evaluar y subsanar los daños causados a la población con motivo del derrame tóxico, el gobierno federal integró (tal vez para no resolver nada) la Comisión Especial Para el Rescate del Río Sonora. El responsable de dicha comisión, era entonces el Secretario del Trabajo Alfonso Navarrete Prida, a quien posiblemente le ganaron las influencias de Germán Larrea, el desconocimiento del tema o los conflictos laborales en el país. Lo cierto es que sin que Grupo México cumpliera sus obligaciones para resarcir el daño causado, anunció el término de la emergencia ambiental y delegó en poco tiempo la responsabilidad a Rodolfo Lacy Tamayo, subsecretario de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Durante ese largo tiempo, cansados de tanta incompetencia y de ir de un lado para otro, la paciencia y nobleza que caracterizó a los miles de pobladores ribereños se agotaron, el pasado 16 de marzo, decidieron unir fuerzas con la sección 65 del sindicato nacional minero, y juntos tomaron el predio conocido como “Los Patos”, ubicado al este de la histórica Cananea, desalojando de manera pacífica (hasta ahora) a los guardias y granaderos que resguardaban el sitio. 

Grupo México mantiene en este predio, las instalaciones de enormes tanques que rebombean el agua concesionada por la Comisión Nacional del Agua de por lo menos 120 pozos, de allí la conducen a los molinos de roca para separar los minerales y mantener en operación el complejo minero que estima generar en este año, una producción de 475 mil toneladas de cobre.

Lo esencial de esta sorpresiva acción no es que los inconformes hayan tomado el predio, sino que también están tomando el nervio central de la mina, y mediante acuerdos mutuos, están superando el ambiente de división e intrigas que los personeros de Grupo México habían trabajado en las comunidades, esencialmente expresan en su movimiento el repudio a las promesas incumplidas y a tantos engaños del prepotente Germán Larrea y de los gobiernos federal y estatal.

Este acuerdo de características especiales, nos muestra un aprendizaje mutuo para la organización y la protesta conjunta de aquellas localidades que están siendo afectadas a nivel nacional, que no es cosa menor en el noroeste mexicano, para lograrlo, dos factores fueron claves; los presidentes de los comisariados ejidales que movieron a sus agremiados a acciones más contundentes, y la paciente y efectiva política de la sección 65, que convenció a los sectores involucrados en firmar la denuncia penal contra los crímenes ecológicos del Grupo México y explicar pacientemente cuáles son sus objetivos en la huelga irresoluble que mantienen ya por siete años.

La toma de las instalaciones de rebombeo es prácticamente la toma de Cananea por una fuerza social compuesta por agricultores, vaqueros, comerciantes pobres, rancheros, mineros y ejidatarios organizados en un Frente Unido Todos Contra Grupo México, que obliga a pensarse mucho si se desea reprimirlo ya que por más de 100 años de explotación del mineral, mineros y ribereños estuvieron ligados por la naturaleza y el río, pero separados social y políticamente sin comprenderse mutuamente, pero eso tiende a cambiar radicalmente; los hechos narrados así lo indican.

Este es el reto que los norteños plantean al gobierno de Peña Nieto, le proponen que sin engaños el prepotente empresario baje a la mesa de negociaciones en cada uno de los municipios afectados y acordar, bajo presupuesto cotizado, la reparación del río y la recuperación de las tierras dañadas, la dotación de agua potable, la atención a los enfermos  y la debida atención a las demandas que cada una de las localidades afectadas han estado presentando durante esos largos siete meses. Del gobierno federal demandan la cancelación de la concesión de explotación de la mina al Grupo México.

Su carta de negociación es la retención del rebombeo, que no tardará en causar efectos en la producción de minerales. La consigna de los inconformes es que si no hay agua para los pueblos del río, tampoco la habrá para la mina, señalan que todo ha quedado en mentiras y exigen la destitución de Rodolfo Lacy Tamayo como presidente del Fideicomiso, por incompetente y por motivar la suspensión de pagos a los más de siete mil afectados por la veda electoral, pese a que ya se había anunciado que el proceso no afectaría la entrega de los recursos por ser privados y no públicos.

Y hablando de mentiras por supuesto gubernamentales, en tierras tabasqueñas, al celebrarse el mito de la expropiación petrolera, el señor de Los Pinos, desgranó con retórica de ironía, un discurso sin sustento pero lleno de optimismo donde repite como cantaleta que el petróleo, es y seguirá siendo patrimonio de todos los mexicanos; o la declaración gravemente irónica de que está surgiendo un nuevo Pemex, más fuerte, más moderno y más competitivo. 

Como es su costumbre, da buena cara discursiva ante los malos tiempos por todos tan a la vista y presume de las presuntas mejoras reformistas, aunque los trabajadores sindicalizados y eventuales dudan y advierten tormentas ante los supuestos fortalecimientos del interés nacional cuando están por entrar a tomar posesión las legiones empresariales extranjeras. La mentira es que cuando el mexiquense comenzó su plan privatizador, aseguraba que no se vendería ni un tornillo de Pemex. Ahora está claro que los tornillos siguen a salvo, pero lo esencial, lo fundamental de la ficticia empresa de todos los mexicanos, ya está en proceso de remate.

Celebración engañosa en la que el principal orador, Enrique Peña Nieto, se atrevió a plantear que Pemex debe ser blindado contra la delincuencia organizada, mientras a su lado se pavoneaba el impune líder sindical de derroches multimillonarios, Carlos Romero Deschamps, y entre la enloquecida y aplaudidora audiencia se mezclaban sus émulos seccionales, así como los altos funcionarios actuales de la empresa petrolera mexicana que históricamente ha sido saqueada mediante contratos y convenios porcentualmente beneficiosos tanto para los otorgantes como para los empresarios predispuestos a salpicar.

Peña Nieto tuvo otros detalles significativos. Entregó reconocimientos a los secretarios de la Defensa Nacional y de la Marina, general Salvador Cienfuegos y almirante Vidal Francisco Soberón, respectivamente, por la salvaguarda del petróleo y del patrimonio nacional. Los militares compraron el boleto, saben muy bien que ante eventuales protestas sociales por la cesión petrolera en curso, las fuerzas armadas que representan tendrían relevante papel de contención y de salvaguarda de los términos de los convenios legalmente establecidos con inversionistas locales y extranjeros.

El ocupante de Los Pinos también recordó que está a discusión en el Congreso una propuesta para castigar de manera severa el robo de combustible. Durante décadas se produjo casi sin contratiempo ese mismo saqueo, cuando el perjuicio era exclusivamente para el Estado mexicano, pero ahora que las mermas serían para los nuevos dueños particulares, la ordeña de ductos tan sospechosamente generalizada será perseguida y castigada, los que roben a la nación y se atrevan a esas descortesías, serán calificados de terroristas.

Con engaños y mentiras, seguiremos celebrando el mito de la expropiación petrolera. Es una falsa celebración, un rito sin naturaleza que cede la fecha histórica del calendario a las conveniencias económicas mediante puentes laborales que diluyen la causa a conmemorar. Es una celebración engañosa que pretende reivindicar gestas traicionadas y proyectos nacionales devueltos al poder de los consorcios extranjeros.  

Celebramos que la riqueza nacional sea convertida en botín a repartir entre la altísima burocracia cada vez más pillada en corruptelas y celebramos la llegada de los grandes capitales nativos y foráneos tan ansiosos por sacrificarse en la retoma de los energéticos mexicanos, sobre todo del petróleo y de los recursos minerales como el cobre de Cananea.

 


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