Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

LEGADO A LOS JÓVENES

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 16-02-15)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

¿Qué podemos legar a nuestros jóvenes mexicanos? además de los créditos anunciados por Peña Nieto para garantizar el éxito de sus empresas, dentro de la estrategia denominada “Crédito Joven”, el Estado mexicano les debe ofrecer el acceso a las garantías individuales que señala como su derecho la constitución, acceder a un empleo seguro y a una educación de calidad que fortalezca en ellos él nacionalismo y sentir de Patria, que conozcan y tengan un sistema político sano y sin ataduras que ellos mismos aprueben para garantizar su crecimiento y posibilidad de vida en un futuro sustentable.

¿Será un sueño? Hoy en día, el diseño del sistema político mexicano y los múltiples partidos que lo conforman, están en contra de ese futuro sustentable y por alguna extraña razón, inhiben la auténtica participación ciudadana (fundamentalmente de los jóvenes) y alienta pocas esperanzas sensatas de mejoría de los asuntos públicos por la vía del voto y su conteo, en síntesis entre otras tantas cosas, nos falta dar a los jóvenes herramientas para consolidar una cultura política basada en el capital intelectual que ellos representan.  

A diferencia de lo que ha sucedido en varios países del cono sur latinoamericano, y de lo que hoy sucede en los europeos, (el papel protagónico de los jóvenes en el triunfo de Syriza, en Grecia, y las notables expectativas de Podemos, en España), en México, colocan bajo la lupa y microscopio, las futuras elecciones supuestamente democráticas, como mecanismo de corrección de las frecuentes desviaciones institucionales catalogadas como graves y que la juventud mexicana difícilmente podrá olvidar.

En el plano estructural, el sistema político que es ajeno a los jóvenes, mantiene a las cúpulas partidistas como garantes de una continuidad perversa con pretensiones de permanencia eterna que reserva a un sector de la clase política los sitiales definitorios y convierte a los ciclos electorales en protocolo de comparsa y por demás aburrido y superficial.

La legalidad electoral tan cacareada por los medios, es elaborada por la misma clase política a través de su vertiente legislativa y sirve en voz de los jóvenes, únicamente para mantener las cosas estáticas y tal cual, con innovaciones menores y tramposas, como son las consultas populares (no autorizadas) y las candidaturas ciudadanas independientes que llenas de candados las hacen automáticamente inviables.

En ese laberinto institucional que no tiene salidas para el descontento popular y juvenil, el PRI, junto con sus aliados y paleros de siempre los Verdes (eterno parasito de las cuatro mentiras), y el Panal (sin la maestra Gordillo) como plagas a remolque y abundantes muestras de corrupción,  están en condiciones estructurales de conservar e incluso tal vez de incrementar la mayoría de sus representantes en San Lázaro, mantener las gubernaturas en juego y poner de una vez por todas, pie firme en el DF.

Tienen la mesa servida para alzarse en junio próximo con otro triunfo aritmético fundado en el uso y abuso de dinero público y privado y sin dejar de lado las masacres de tantos jóvenes en Ayotzinapa y Tlatlaya, en Michoacán, Guerrero y Tamaulipas, así como múltiples negocios inmobiliarios, la Casa Blanca de la Gaviota, la de Ixtapan de la Sal, la de Malinalco, y las que se acumulen en estos días como reflejo de los pésimos resultados de la gestión del ya no tan joven, pero poco o nada entendedor Enrique Peña Nieto que en los pasillos de su residencia de Los Pinos, debe deambular sin poder dormir como emblema de la ineficacia y la corrupción, y todo ello, porque no ha querido o no ha podido demostrar lo contrario.

El otro partido que ha ocupado la Presidencia de la República, el de Acción Nacional con su rollo del sistema anticorrupción, se mueve sin luz ni sombra entre la recolección de residuos y las migajas de pactos con un Gustavo Madero que se impone adherente de Los Pinos y con base al despecho del Calderonismo que ha visto a Margarita Zavala ser desdeñada para su diputación y a Felipillo (el maestro de Harvard), amenazar con la creación de su propia plataforma partidista.

Seguramente, los jóvenes saben que en el flanco izquierdo los votos se van a dividir entre un partido de la Revolución Democrática (PRD) donde Chuchos y Amalios sin dejar de dar espectáculo de decadencia voraz y deprimente, lograron a pesar de Navarrete, bajar del pedestal a Marcelo Ebrard, y saben que en el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), se está generando un desgaste prematuro debido a la imposición de candidaturas únicas al estilo de López Obrador, aunque todo hace suponer que estratégicamente, el principal triunfo del tabasqueño será arrebatar en las urnas los votos al sol azteca para garantizar su sobrevivencia.

Saben también que el partido del trabajo (PT), el Movimiento Ciudadano (MC), el de Nueva Alianza Nacional (Panal) y los otros partiditos (marca patitos) recién incorporados a la democracia mexicana, según los jóvenes no significan nada y sirven para dos cosas (para nada y para pura …..), salvo las circunstancias de su condición de partidos regionales pero con privilegios nacionales, que buscan alianzas con otros partidos que les permitan conservar los porcentajes mínimos para que el fructífero negocio de tener un hueso y vivir del presupuesto, siga adelante sin costo alguno para sus agremiados.

El legado para los jóvenes, es que más allá de las trampas históricas del PRI y de la insuficiencia de las opciones opositoras, en México, la inviabilidad electoral está sellada por la anulación, domesticación o debilitamiento de la conciencia cívica juvenil mediante la ostentosa demostración implacable de que, conforme a las reglas vigentes de la contienda electoral, nada trascendente se logrará.

Las expresiones más o menos genuinas de la oposición seguirán convertidas a la condición final de soporte, voluntario o involuntario, del mismo sistema que una y otra vez aplica los mismos métodos, aunque en cada oportunidad se ensayen variedades de forma, para conseguir los mismos resultados que son el predominio de los grupos ya encaramados en el poder y el siempre marginal rejuego que da luz verde a los opositores.

En ese contexto hay quienes, particularmente jóvenes, con preocupación honesta y con dudas, consideran que expresar en negativo y eficazmente el voto (no anularlo) le hace el juego al PRI, como si durante décadas ese sufragio ejercido positivamente no hubiera tenido el mismo resultado de consolidar esquemas de poder antipopulares, sean a nombre del PRI o del PAN en Los Pinos, como si se hubiera avanzado en algo en aquellas entidades donde la oposición ha ganado, con excepción analizable en detalle del lapso de López Obrador en el Distrito Federal.

¿A todo esto, qué observan los jóvenes mexicanos en este crítico panorama?

Observan con desesperanza y desilusión, un país incierto, violento y en franca decadencia que no les ofrece oportunidades de desarrollo, un Instituto Nacional Electoral y un Tribunal Electoral que han demostrado continuar el esquema de fraude al gusto de los poderes y al servicio de las élites, ambos, constituidos a partir de cuotas repartidas entre partidos bucaneros, de tal manera que consejeros y magistrados obedecen a los grupos que al repartirse el pastel los llevaron a sus excesivamente bien pagados puestos.

Observan una legalidad evidentemente susceptible de violaciones múltiples (el Verde y sus anuncios en pantallas de cine, televisión, radio y otros medios, para dar ejemplo de cinismo, mentira y virtual impunidad, pues les resulta más redituable ganar posicionamientos propagandísticos tempranos, aunque luego se paguen multas ridículas o reciban amonestaciones blandas tipo tarjeta amarilla en el futbol.

Observan corrupción, impunidad y un PRI pertrechado tras proyectos de solidaridad clientelares y ríos de dinero sucio (tanto el proveniente del saqueo de los erarios como el de poco dudosa procedencia privada) y una oposición incapaz de presentar proyectos novedosos y llamativos, que se quedó anclada en el reciclaje de sus cansados cuadros, en la desbandada de chapulines y en ridículos enfrentamientos entre sí.

Este legado que se ofrece a los jóvenes mexicanos, hace que Grecia y España, (Syriza y Podemos), se vean a una enorme distancia, y sirve para que hoy sea válido preguntarse si en México tiene sentido el voto, si hay posibilidades reales de cambiar al sistema mediante comicios, si hay lugar para la esperanza cívica en el entramado partidista e institucional actual y, si siendo joven hay oportunidad de crecer en su país.

Saben los jóvenes que si las cosas siguen así los resultados serán peores que si nada se hubiera descubierto: reclaman que los actos de corrupción se diluyan al simple paso del tiempo y los transgresores de la ley sean exonerados, saben muy bien que el ánimo, la confianza y la voluntad ciudadanas se resquebrajan y se reblandecen ante una mascarada y complicidad compartida entre derechas y pseudoizquierdas que no atan ni desatan.

Los jóvenes mexicanos conocen muy bien que la abulia, indiferencia y desesperanza corroen el tejido social: la mustia impunidad es la savia que nutre y reproduce el uso perverso del poder público: tráfico de influencias, sobornos, fraudes y extorsiones. Corrupción e impunidad son hermanas siamesas imposibles de separación.

A los jóvenes desde esta tribuna, se les lega no aceptar que estas hermanitas, se conviertan en el estado natural de la convivencia futura mexicana, so pena de legar, a los que llegan, un triste y oscuro país de corruptelas que desvían las acciones y recursos hacia un nuevo fin. Sin patrañas, hagamos realidad la frase: “Si eres joven, México se la juega contigo”.

  

 


volver al homepage
HOMEPAGE


LINEA DIRECTA GERARDOREYES.COM DERECHOS RESERVADOS.   regg48@hotmail.com