Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

DEMOCRACIA Y PARTIDOS MARCA PATITO

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 09-02-15)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

Como un balde de agua fría fue recibido el anuncio hecho por el secretario de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso, sobre de que su intención de reducir el gasto público le pega a programas sociales y de infraestructura, pero en respeto y fortalecimiento a la maltrecha democracia mexicana no tendrá efecto sobre los más de 5 mil millones de pesos que se asignan del erario federal al Instituto Nacional Electoral (INE), obligado a no tocar lo que corresponde al reparto equitativo entre los partidos políticos que ya iniciaron sus nefastas campañas políticas.

A pesar de sus imperfecciones y de su calidad onerosa, esta mediocre, maltrecha e incipiente democracia mexicana, que en este año electoral se expresa en el aumento de cargos que se disputarán y por el tamaño de las elecciones esperadas, cuenta con una estructura jurídica institucional, fundamentada en el artículo 41 constitucional, el Instituto Nacional Electoral (INE), el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) y la Ley General de Partidos Políticos, instrumentos que constituyen indudables avances jurídicos e institucionales pero que en nuestra inestable realidad política se enfrentan no a uno sino a varios partidos políticos marca patito que actúan muy alejados de los principios establecidos en la Carta Magna y las más de las veces en franca contradicción con ellos.

Este año electoral el sistema mediocre de partidos que padece tantas y serias deficiencias en su operación política, cuenta con el registro de tres nuevos institutos políticos que seguramente junto con las otras cuatro organizaciones patito existentes se beneficiaran como parásitos, del presupuesto y de las prerrogativas que la ley garantiza; además de que sus representantes formarán parte de la mesa del Consejo General del INE:

El Movimiento Regeneración Nacional (Morena): donde Martí Batres preside el Comité Ejecutivo Nacional (CEN), y Andrés Manuel López Obrador es el presidente del Consejo Político Nacional y con eso está dicho todo.

El Partido Encuentro Social (PES): partido liberal que surge como alternativa para encauzar las inquietudes y compromisos de un grupo de ciudadanas y ciudadanos que en los últimos años han venido observando con preocupación la descomposición económica, política, social y moral del país”. Su líder nacional, Hugo Eric Flores, aclara que el PES promueve la preservación de los valores mediante el ejercicio político. En 2006 consiguió su registro como partido local en Baja California, en 2007, apoyó la candidatura del ahora exgobernador panista José Guadalupe Osuna Millán. En las elecciones de 2013 en Baja California, se alió con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), con quien logró una diputación local y cuatro regidurías.

El Partido Humanista: Se define como una organización “transversal y sin extremismos”, que no puede ser clasificada por lo que llama “el falso dilema izquierda-derecha”. Asimismo, considera que la política no debe reducirse a la lucha por el poder político y debe centrarse en la persona. En su declaración de principios se enuncia: "El actual sistema de partidos restringe la participación de los ciudadanos y la pluralidad política”

Las tres nuevas organizaciones junto con los cuatro partidos patito que existen, a pesar de todas sus diferencias, no dejan de ser proyectos nacidos de la audacia personal, familiar o de grupo que han sobrevivido gracias a sus capacidades parasitarias. Ninguno de esos cuatro partidos ha hecho alguna aportación importante a la democracia o a la gobernanza del país. Además de onerosa y poco ética, su existencia ha favorecido la corrupción de la política.  Por ejemplo:

El Partido Verde: Ha tenido como símbolo al llamado Niño Verde, el ya cuarentón Jorge Emilio González. Ese negocio de las cuatro mentiras (no es partido, ni verde, ni ecologista ni de México) se ha valido incesantemente del diseño electoral mexicano que permite a partidos minoritarios hacer alianzas con los grandes a cambio de mantener el nivel básico para su registro y compartir prerrogativas y privilegios. Adoptó el emblema ecologista con ejemplar desvergüenza y se precia de ser el único partido del mundo con ese nombre, defensor de la pena de muerte.

Con el mismo cinismo acoge a la telebancada y ha encontrado su garantía de supervivencia como comparsa del PRI. El daño que ha hecho el Verde al país es enorme, su proceder es un auténtico festín de pandillas consumidoras de las partidas presupuestales que manejan arbitraria y corruptamente, catapultan el tráfico de influencias para negocios de todo tipo, sobre todo aquellos relacionados con políticas ambientales.

El Partido del Trabajo (PT): tiene un indeleble estigma de origen: haber sido creado y financiado por Raúl Salinas de Gortari con el fin de dividir a la izquierda. En 1990, su hermano el presidente Carlos Salinas escogió a su compañero de la Facultad de Economía de la UNAM, Alberto Anaya, para dirigirlo (Proceso, 10 de junio de 2005), cargo que ha ocupado desde hace más de dos décadas. Ha sobrevivido gracias a su alianza con otros partidos de izquierda, principalmente el PRD.

El Movimiento Ciudadano: fundado en 1999 con el nombre de Convergencia por la Democracia, ha sido presidido desde entonces por Dante Delgado Rannauro, exgobernador de Veracruz. Al igual que el PT, ha sobrevivido por sus coaliciones con otros partidos de la izquierda fragmentada.

El Partido Nueva Alianza (Panal): nace en 2005 como consecuencia de la salida de Elba Esther Gordillo del PRI tras su ruptura con Roberto Madrazo. Obviamente, surge y ha operado gracias al apoyo financiero y a las redes de poder del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, lo cual es contrario a lo establecido en el artículo 41 de la Constitución: “Sólo los ciudadanos podrán formar partidos políticos y afiliarse libre e individualmente a ellos; por tanto, quedan prohibidas la intervención de organizaciones gremiales o con objeto social diferente en la creación de partidos y cualquier forma de afiliación corporativa”. A pesar de esa aberrante omisión jurídica y del encarcelamiento de su lidereza, los votos del Panal fueron decisivos para la victoria de Felipe Calderón y la controvertida derrota de López Obrador en 2006.

El fin primordial de estos partidos patito, es de orden personal: obtener “prebendas, poder y, como consecuencia de ello, honor para sus jefes y secuaces o todo esto a la vez”. Su interés fundamental es lucrar con el poder que les da el ejercicio del gobierno o la actividad legislativa, por encima del interés general. Sobran datos empíricos para demostrarlo.

1.- La cultura del moche o la proclividad a la cooptación a cambio de una retribución pecuniaria o en especie son pruebas irrebatibles de la deleznable (in)cultura política a la mexicana impregnada en todos los partidos. 2.- La reciente aprobación de la ley reglamentaria en materia de telecomunicaciones representa un caso paradigmático de corrupción legislativa que condujo al fortalecimiento del oligopolio televisivo. 3.- El excesivo costo que los ciudadanos pagamos para solventar esa inaceptable medianía que no promete mejorarse con los tres nuevos partidos que, salvo Morena, será difícil que mantengan su registro. 4.- Dado que ellos hacen y aprueban las leyes, el abuso y el desprestigio crecientes de los partidos políticos sólo podrá ser superado por una ciudadanía crítica y participativa, hoy desafortunadamente la sociedad mexicana se encuentra inmersa en la resignación que se alimenta cotidianamente por una mezcla de abulia y desencanto.

En contraste y a pesar de todos sus excesos, abusos, mañas y tropelías, PRI, PRD y PAN, las tres grandes organizaciones partidistas con que cuenta México, son las únicas salvables de nuestro desolador sistema de partidos, ciertamente son organizaciones que requieren de una revolución ética que los dignifique pero que de alguna manera y a pesar de sus corruptelas, han contribuido al incipiente desarrollo democrático y a la gobernabilidad de la nación, el Pacto por México, es una prueba de ello, aun cuando se haya tratado de un acuerdo cupular efímero que fuera en muchos sentidos traicionado. 

El reto de la democracia está en Guerrero y Michoacán, ella misma y los partidos que la acompañan, están en juego. En Guerrero se exige la cancelación de las elecciones,  frecuentemente se han dado actos de clausura en módulos de atención y oficinas de los institutos electorales de nivel federal y estatal, ocasionando el destrozo de material destinado a las elecciones. En Michoacán ante el resurgimiento de grupos armados y enfrentamientos con las fuerzas públicas, se han reportado oposiciones ante funcionarios del INE, con lo que se retrasan o imposibilitan sus labores.

En ambas entidades el INE, desde atrás de la barrera, insiste en la obligación de que estos problemas se resuelvan pacíficamente y se lleven a cabo los comicios sin que el uso de la fuerza pública sea la última opción. Acaso este instituto piensa anular la voluntad de los electores por un “descuido” en la administración de los partidos, o tal vez, su estrategia es generar la excusa para solicitar mayor presupuesto del erario público y así compensar los daños y el tiempo perdido. No cabe la menor duda, la democracia está en juego, ser complaciente es una forma de ser cómplice. ¿Usted qué opina al respecto?

  

 


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