Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

NEGLIGENCIAS DE GOBIERNO

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 22-12-14)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

En atención de asuntos personales, me encuentro en el desangelado, lluvioso y gélido corredor turístico entre la ciudad de Tijuana y Rosarito. Me enfrento a un servicio médico oftalmológico, que en su afán de comercializar con la profesión como es muy común hoy en día, carente de la mínima ética profesional y olvidándose del juramento de Hipócrates (ejerceré mi profesión con pureza), con base en un diagnóstico equivocado, dicho servicio cayó según mi entender, en negligencia y responsabilidad médica.

Repentinamente las cataratas diagnosticadas de los ojos de mi madre, se convirtieron en una seria enfermedad llamada glaucoma, que te deja ciego para el resto de tu vida. Acudo de inmediato a interponer mi demanda ante la COFEPRIS, Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios la cual se encarga de la regulación, control y vigilancia de todos los aspectos que a la salud conciernen, pero sorpresa, nadie atiende porque ya salieron de vacaciones, negligencia burocrática administrativa.

Así, entre negligencias, acompañando a mi madre en esa inevitable oscuridad y encrucijada, me encuentro de repente con varias acciones que cimbraron al país en estos días: primero, de carácter internacional, la terrible matanza de 132 niños en un ataque talibán contra una escuela para hijos de militares en Pakistán. Luego, Adán Cortés Salas, el chavo de la onda mexicana que rompió el protocolo de seguridad del gobierno de Noruega para acercarse al premio nobel por la paz Malala y rogarle por México, pero al no lograr su propósito, jubilosamente regresó a México donde ya es considerado como un héroe nacional más, con calificativos de valiente y audaz.

Nos dejó asombrados y con una tristeza infinita, la acción desesperada, suicida, de Agustín Gómez, joven Chiapaneco de 18 años, que se prendió fuego para poder ser tomado en cuenta abogando por la libertad de su padre. Ese acto nos hizo pensar que algo, o mucho, tiene que estar mal entre nosotros, para que la inmolación de un ser humano sea el único camino para reclamar la posibilidad de justicia que no se encuentra por ningún lado.

En el esquema de negligencia gubernamental que nos planteamos, dos noticias más irrumpieron en el sombrío trazo de lo que parece el panteón nacional: Policías federales con macan en mano, interrumpieron en Chilpancingo, capital de Guerrero un concierto de solidaridad con Ayotzinapa, denominado (paradójicamente ante el caso que me ocupa), Una Luz en la Oscuridad. Los organizadores, tratando de conjurar los aires de represión, tuvieron que cambiar el concierto a Tixtla, dejando atrás la dosis perfecta (mentada de madre y garrote)) así como la carencia de móviles suficientes para excitar en un episodio sangriento el activismo policiaco abierto y vengativo de policías federales contra manifestantes y activistas, pero sobre todo contra estudiantes y maestros.

Otro enfrentamiento ocurrido en la tenencia de Felipe Carrillo Puerto, conocida como La Ruana, Michoacán, dejó once muertos, entre los que se cuentan al hijo de Hipólito Mora, líder fundador de las autodefensas de Michoacán y actualmente parte de la fuerza rural que surgió de los acuerdos entre esos grupos armados y el gobierno federal. El repunte de violencia en territorio michoacano que viene precedido de varios avisos y los hechos de Chilpancingo, se acomodan con oportunidad a la creciente exigencia de mano dura que plantea el gabinete de seguridad de Enrique Peña Nieto, sobre todo sus dominantes militares y marinos, además de que tales sucesos han dado pie a averiguaciones judiciales muy negligentes que mantendrán a los activistas bajo amenaza de aprehensiones o desapariciones. Esta serie de hechos, nos demuestran contundentemente el fracaso de la estrategia gubernamental para hacer frente a la problemática que se vive en Michoacán y Guerrero. Los comisionados federales no sirven para nada. 

Pero eso no es nada, lo más grave porvenir, es el proceso de desmantelamiento constitucional, implementado por los poderes formales del Estado mexicano, tocándole su turno al municipio libre, una de las instituciones que la Revolución Mexicana rescató y puso al día, primero en Veracruz en 1915 y luego en la Constitución de 1917. Si la democracia en México llega un día a tener verdadera vigencia, tendrá que pasar por el gobierno municipal.

El artículo 115 de nuestra Constitución, en su primera parte del título quinto, ordena que los estados adopten para su régimen interior la forma de gobierno republicana, representativa y popular, e inmediatamente agrega: Teniendo como base de su división territorial y de su organización política y administrativa el municipio libre. En seguida establece que cada municipio será gobernado por un ayuntamiento de elección popular directa.

Sobre este tema, dos reformas que propone el Ejecutivo y que están en proceso de aprobación, son lamentables; mediante la primera pretenden quitar el mando de la fuerza pública a los ayuntamientos, para centralizarlo en los gobiernos estatales; el otro cambio es la autorización vaga para que el poder federal, pretextando la injerencia de la delincuencia organizada en los gobiernos municipales, intervenga en forma totalmente discrecional, asumiendo el gobierno local y desconociendo para ello la voluntad popular expresada en las urnas.

Las reformas, que sin duda se impondrán sin verdadero debate y sin oír a la gente, trastocan nuestro sistema democrático y rompen los principios, tanto del municipio libre, conquista revolucionaria, como de nuestro sistema federal, conquista de la guerra de Independencia;  en esta época –en que el gobierno federal, se ha caracterizado por su autoritarismo y su corrupción– se repiten los errores históricos; se crea la policía federal llamada gendarmería y se manda al Ejército y a la Marina para que recorran el país. El resultado es que ponen retenes, disparan sobre los que no se detienen, toman pueblos enteros, allanan domicilios y, como ya sucedió en Tlatlaya, fusilan a su arbitrio y desaparecen a los detenidos sin que se informe al municipio que con todo y los problemas que adolece, tiene la función de ser el espacio de gobierno vinculado directamente a las necesidades cotidianas de la población, buena parte del futuro político y constitucional del país depende de la comprensión de su autonomía la cual está sujeta a las prescripciones constitucionales, y sobre todo a la legislación que expiden las entidades federativas y la propia federación que con frecuencia establecen controles excesivos e interferencias en las actividades municipales.

Señor Pena Nieto ante su negligencia propia y de su gabinete, esperamos en el nuevo año, un agravio más a las libertades, a la división de poderes y principalmente al pueblo de México, tendremos que prepararnos para subsistir con un gobierno autoritario o, peor aún, para convertirnos en un Estado sin soberanía y sujeto a la negligencia y los grandes intereses del liberalismo económico. ¿O será todo lo contrario?

 

 


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