Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

LOS AÑOS INCIERTOS PARA UN PAÍS GENEROSO

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 17-11-14)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

México en el ojo del huracán, está de algún modo abandonado a su suerte. Los vacíos de poder y los personales se han ido acumulando y en el nivel macro, pareciera que se han transformado en grandes vacíos, en lo social, en lo cívico, en lo político y en lo económico.  Han pasado dos años de incertidumbre desde el inicio de la presente administración que al igual que otras, prometió mucho durante su campaña política, pero que poco a poco ha perdido luminosidad y se ha ido convirtiendo en candil de la calle. Poco podemos decir que hayan cambiado o mejorado las condiciones de inseguridad, incertidumbre, impunidad, corrupción, autoritarismo, pobreza y estancamiento económico respecto de las que vivimos durante gobiernos anteriores. 

Hoy se nos hace más difícil pensar que México pudiera ser un país generoso, cuando son muy pocos los mexicanos que acceden al bienestar y tienen oportunidades de trazar un proyecto de vida y en contraparte millones de compatriotas se consumen cotidianamente en la angustia que implica el no tener empleo, acusar problemas de salud y decidir cuál de los hijos habrá de comer menos o dejar de estudiar. Los que estamos vivos tenemos la responsabilidad a secas, y a pesar de todo, de seguir viviendo. 

Hoy, no podemos pensar en la generosidad de nuestro país porque a todo lo enunciado, debemos añadir: la marcha atrás en licitaciones ferrocarrileras hechas al vapor, la construcción de residencias sospechosas, una burocracia inepta y cara, un procurador de justicia que no la procura, gobernadores que no gobiernan, empresarios impunes, un gabinete demagógico lleno de torpezas, un congreso que vive de la “mochada” y una virtual entrega de los recursos nacionales para su explotación irresponsable tanto a empresas nacionales como extranjeras, aunada al claro uso de la violencia para intimidar a la población por parte de los organismos creados supuestamente para proporcionarle seguridad, llámense como se llamen: Ejercito, Marina, Policía Federal, Gendarmería, Policía Estatal, Policía Municipal, etc. 

Imposible tapar el sol con un dedo, no hay gobierno, de todo ello nos hablan la continuidad de noticias de violencia, muerte y desapariciones por el crimen organizado; la impunidad de que gozan los señores dueños de Grupo México, Oceanografía, Mexicana de Aviación, los Banqueros, El Buen Fin, la desaparición de jóvenes normalistas en Guerrero; la imposición autoritaria de normas y programas de estudio que son hoy motivo de protesta de estudiantes del Politécnico, las protestas que toman las calles y carreteras y que agreden las garantías individuales, el aparato electoral que ha sido creado, supuestamente, para garantizar el manejo del gobierno por personas honestas y la corrupción sustentada en la impunidad como forma de gobierno, la cual se replica en muchas de las actividades económicas y sociales que se realizan en el país entero.

En estas condiciones, resulta difícil, si no imposible, que deje uno de pensar que nuestro gobierno y sus políticas autoritarias, contrarias a los intereses de la nación, son como herencia maldita, son el producto de un Estado de Derecho con enfermedad terminal, que se transforma en virus para corromper todo lo que construye y darle en la madre sistemáticamente a la paz social y a la esperanza de los mexicanos. Hoy sin lugar a dudas, se viven años inciertos que no imaginábamos; escenarios en donde sin poder remediar la realidad que vivimos, predomina el pensamiento recurrente de que cada gobierno termina siendo el más malo, más deshonesto, más irresponsable y menos comprometido con la sociedad, hasta que llega el siguiente a ofrecernos de nuevo el Paraíso.

Dos años de discurso e ingobernabilidad han transcurrido y las reformas siguen sobre la mesa, no hay consenso, no hay guía ni líder. Estas, por si mismas, no significan más que papel, tinta y tiempo perdido, hay que ponerlas en práctica y para ello se necesitan dos cosas muy importantes:

Primera cosa importante: Lealtad a México, voluntad de gobernar y ejercer presión política por parte del jefe del ejecutivo para que los gobernadores y miembros de su gabinete empiecen a operarlas (faltan leyes reglamentarias) con el firme compromiso de combatir a la corrupción, el principal enemigo de que las reformas en papel se conviertan en beneficio para los mexicanos, pero cuidado, se advierte que para combatirla, lo primero que deben hacer los legisladores es transparentar absolutamente todo el dinero público que fluye en el Congreso de la Unión, donde Diputados y Senadores, además de tener una burocracia inflada, tienen un presupuesto repleto de discrecionalidades que se manejan con altos grados de opacidad. Quizá, aun cuando lo dudamos, tengan vergüenza y eliminen de una vez por todas, el gasto que se reparten en las curules y en los partidos políticos.

Segunda cosa importante: Hablar con la verdad y dejar de lado el discurso falso y engañoso, evitar los viajes caros e inútiles y aclarar la sospecha de negocios con cargo al erario público, pero sobre todo, es importante darse cuenta de que es momento de desechar del gabinete a los amigos y compromisos que no han dado resultado o que ya están desgastados o cansados como: Murillo Karam, Rosario Robles, Mercedes Juan, Emilio Chuayffet, Juan José Guerra Abud y otros tantos por nombrar, que no me alcanzaría el breve espacio para ser mencionados.

Señor Peña Nieto, mientras usted viaja a otros hemisferios, los cambios urgen, muchos colaboradores de su gobierno saben que no serán llamados y elogiados por la historia, no tienen razón ni actuación o pretexto para ello, usted tampoco, la historia moderna de México no contempla gastar tinta y escribir en sus páginas a incompetentes que no contribuyeron al real cambio del País.

En esas páginas de la historia, serán solo impresos los nombres de hombres y mujeres con amor a la Patria, mexicanos honestos y con vocación de servicio que pertenecen al pueblo y luchan día a día para soportar su angustia y cimentar con esfuerzo el País próspero, seguro y generoso que todos queremos tener, pero que injustamente se nos ha negado.

 

 


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