Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

LA MASCARA DE LA VERGÜENZA

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 10-11-14)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

En estos días traté de encontrar el significado de Ayotzinapa y me pude dar cuenta que no se refiere solamente a una comunidad asentada en el municipio de Tixtla, del Estado de Guerrero, Ayotzinapa (según ya mi sentir) significa mucho más que eso, es el macabro pero lógico resultado del proceso de degradación política y social que se ha convertido en el modus vivendi del Estado de Guerrero y otros más de la República, La combinación de complicidad y displicencia, de caciquismo autoritario e izquierdismo violento, de crueldad e incompetencia, de política y crimen organizado, ha convertido a esa entidad en una auténtica feria de los horrores, no solo en los municipios de la sierra, sino incluso en los destinos turísticos de Acapulco e Ixtapa-Zihuatanejo.

Aunque usted no lo crea, Ayotzinapa significa el más reciente reflejo de lo peor del país, significa la clave de la enormidad del drama humano implicado en la desaparición forzada de 43 jóvenes normalistas, ante la cual se han pronunciado las más variadas voces en el país y a escala internacional, incluyendo la del propio papa Francisco. Hoy el grito por la exigencia de aparición con vida de los estudiantes se escucha tal vez sin esperanza en los más diversos idiomas y espacios.

El indescriptible drama humano de las familias implicadas, con el tiempo se ha venido degradando pero cobra fuerza como un huracán ante el despliegue publicitario de la Procuraduría General de la República (PGR) que recientemente en voz de su titular y su demacrada mascara no pudo dar una respuesta lógica en torno a supuestos hallazgos en un insignificante basurero municipal, generando con ello, sospechas, marchas de inconformidad, repudio y vandalismo ante lo ocurrido, muchas personas inconformes llevan la máscara puesta y muchas más el rostro descubierto, cargan en su mayoría las fotos de los normalistas desaparecidos impunemente por la policía y otros tantos actores de los que no se sabe nada.

En cada marcha cientos de jóvenes con la llama de la indignación y de la rabia dentro de sí exigen la presentación con vida de los normalistas desaparecidos, la máscara que cubre su rostro se ha convertido en un icono de la cultura de los indignados, en un símbolo que representa la rebelión y el vandalismo frente a un poder despótico y la avaricia corporativa. Quien la usa oculta su identidad en ella, al tiempo que rubrica su pertenencia a una sociedad, grupo o comunidad inconforme ante el me vale madre gubernamental.

En sus marchas y protestas los manifestantes dejan grabados para la historia momentos para nombrar la crueldad, la justicia, la intolerancia y la represión, dejarán testimonio en el calendario histórico de una fecha que jamás se olvidará y que cimbrará los cimientos de los poderes. Para él presidente Enrique Peña Nieto el tiempo se acabó.

Ayotzinapa será su marca indeleble, será la revelación del fracaso absoluto en materia de seguridad y la ausencia de condiciones de Estado para garantizar el derecho fundamental a la vida, quizá en su largo viaje a China y Australia se dé tiempo para reflexionar y ocultar su vergüenza detrás de la máscara mediática que le ha caracterizado durante su mandato. Sabe muy bien que en Guerrero al igual que en Michoacán, llegó un sustituto que no acierta a expresar cuáles serán las líneas de su proyecto de gobierno que ambos insisten en reiterar que son académicos y no políticos, es decir, hay un gobernador que no gobierna, un mandatario que no manda, una autoridad desconocida y desautorizada por los ciudadanos.

Lic. Peña Nieto, en el basurero de Cocula no solo hay desaparecidos también abundan las fosas en proceso de identificación confiable como en otras partes del país, centrar toda la responsabilidad en el ámbito municipal elude la dimensión de Estado, si usted busca entre los escombros y basura de su gabinete podrá encontrar lo siguiente:

Los niños paridos en la vía pública. Los ríos envenenados por los compadres del poder. El poder enloquecido por el dinero ilícito. Las arcas públicas endeudadas por Zedillo. Fox y Calderón. El mercado nacional entregado por Salinas. La destrucción deliberada del sistema de educación pública. La ruina consentida de los hospitales. La enseñanza y la salud convertidas en negocio de particulares.

Los electricistas privados de su fuente de trabajo. Los pilotos, las azafatas, el personal de tierra a quienes les fue robado su empleo con la complacencia del poder. Los agricultores expulsados de su milpa para construir autopistas torcidas desde los cimientos. El acoso a comunidades indígenas. Los proyectos hidroeléctricos construidos sobre tierras robadas.

Los discursos mentirosos y las simulaciones de democracia. El petróleo entregado a la rapiña. La electricidad convertida en artículo de lujo. La Suprema Corte de Justicia de la Nación como parásito gigantesco que chupa presupuestos en su mole de Pino Suárez.

La conversión del narcotráfico en un sector económico. Los políticos comprados y vendidos por voluntad propia. El aprovechamiento del hambre de millones para comprar la Presidencia. La administración de la verdad. La masificación de la mentira. El avión presidencial más caro del mundo.

La eterna opacidad de las finanzas públicas. El engaño electorero de los programas sociales. El teatro de la Cámara de Diputados y del Senado de la República. Los periodistas asesinados, torturados, desaparecidos y hostigados. El desmantelamiento de los derechos laborales.

Las obras públicas defectuosas para asegurar el negocio de su constante remiendo. La simulación de concursos para el desarrollo de líneas férreas. La congelación de los salarios. La eliminación de los precios de garantía. La devastación de pequeñas y medianas empresas. Los pactos que traicionan el mandato electoral. Los redondeos y los Teletones para esquilmar a los más pobres.

El uso de recursos públicos para campañas electorales. El pacto federal como máscara, la separación de poderes como fachada, el orden constitucional como guión de telenovela, la democracia como envoltorio de la dictadura y, la combinación de costumbres, vicios e ideologías que hacen de la ley un simple guiñapo.

Que su viaje le sirva no para seguir vendiendo al país, sino para recordar que asesinar a los jóvenes es como truncar a los árboles que todavía no han dado fruto. Los mensajes se expresaran de aquí en adelante en espacios separados, el del gobierno como es su costumbre no dirá nada, el de los familiares y la sociedad se sintetiza en la frase no le tenemos confianza.

 


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