Linea Directa


UNA VOZ DE ALTURA

 

 

UNA OPORTUNIDAD DE VIDA

Por Alejandro Díaz Camacho (LD 20-10-14)

E-mail:  adiazcam@gmail.com

  

Señor Presidente Enrique Peña Nieto:

Quiero manifestar a Usted mediante este breve escrito el malestar de muchos de sus gobernados:

Lo que ocurrió en Iguala hace unos días, reitera la existencia de una persecución sistemática y violenta hacia las movilizaciones sociales, comunitarias, magisteriales, populares y estudiantiles en la entidad Guerrerense, gobernada bajo la franquicia de un partido que desde luego no es el suyo y se proclama de izquierda pero que ante los hechos ocurridos sólo pide disculpas y cual vil torero tiende la muleta en el segundo tercio para buscar debajo de las piedras candidatos con juicio y sin prejuicio para el próximo período electoral.

Usted desde su estancia en los Pinos, sabe mejor que nadie que Ayotzinapa en Guerrero y Tlatlaya en el Estado de México, son un absurdo y dramático ejemplo de esa violencia que a pesar de sus promesas de campaña y discursos por demás demagógicos y absurdos, no ha podido ser combatida. Los homicidios de dirigentes campesinos, activistas sociales, opositores políticos y encarcelamiento de múltiples líderes de movimientos en resistencia son una constante ascendente.

La reacción gubernamental (federal, estatal y municipal) frente a los estudiantes de Ayotzinapa debe explicarse con claridad al igual que las condiciones que han determinado la política educativa hacia las normales rurales, que desde hace décadas subsisten bajo asedio del poder gubernamental y han resistido estoicamente durante varios sexenios los proyectos para ser exterminadas.  

Con presupuestos acotados, autoridades que desprecian el normalismo rural y el acoso de policías y organismos de inteligencia, languidece el último reducto del proyecto mexicano de educación socialista. La “semiclandestina” Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM), la organización estudiantil más vieja del país, se apresta a impedir el cierre de las escuelas normales rurales.  

A través de esta organización se aglutina el descontento y se exigen las demandas que cada año permiten a las normales rurales seguir existiendo. Ahora conseguir los recursos para su subsistencia sólo es posible con la lucha de los normalistas por lo que es necesaria la movilización para garantizar el nuevo ingreso cada ciclo escolar, así como el sostenimiento del comedor, el internado, las becas estudiantiles y el apoyo para los egresados. 

En la batalla educativa que libran los estudiantes rurales y socialistas no es casual que casi por regla general las autoridades educativas y el gobierno amenacen con cerrar sus escuelas o acudan a su persecución y represión. No los escuchan ni atienden, pero eso si siempre pretenden atinarles, en el caso de Iguala, no solamente les atinaron si no que los desaparecieron dejando en el dolor a sus familiares y a la comunidad estudiantil que reclama a sus compañeros.

Usted sabe muy bien que las persistentes movilizaciones desplegadas por los estudiantes de Ayotzinapa y otros normalistas rurales del país son expresión de una resistencia comprometida con la preservación de sus centros educativos y el derecho a la educación para jóvenes como ellos que surgen de comunidades indígenas y campesinas.

Quizá lo que usted ignora, es que el principal requisito para ingresar a estudiar en una normal rural es no contar con los recursos suficientes como para aspirar a una educación en las universidades oficiales o estatales, en pocas palabras se requiere “ser pobre”.

Entre otras cosas, usted debe saber que quienes se forman en estos planteles, desde sus inicios adoptaron el esquema de la defensa de la educación pública como un derecho popular y sobre todo como un derecho de los más pobres, empleando la educación como una herramienta fundamental para el entendimiento de la realidad social y la posibilidad de su transformación. Así, estas escuelas también se caracterizan por formar maestros rurales con vocación de apoyo; un maestro rural es entre otras cosas,  agricultor, médico y amigo del pueblo.
 

En el trasfondo de este penoso asunto, la reforma educativa impuesta por su gobierno en turno y sus aliados, ha constituido un grave riesgo y desafío para el futuro de la educación pública y el magisterio nacional. Un amplio segmento de maestros persiste en su empeño de impedir que las regresiones educativas sancionadas sean el modelo para educar a millones de niños y jóvenes en las instituciones públicas y degradar y empobrecer el trabajo docente, e incidir de manera profunda en la formación de los futuros maestros y en consecuencia en las escuelas normales en las que estudian. Los riesgos mayores, como era previsible, serán para las normales rurales.

En primer término, se proyecta desmontar de manera definitiva la formación propia del maestro rural y homogeneizar sus planes de estudio con el resto de las instituciones formadoras de docentes, que equivale a la virtual desaparición del normalismo rural, aun cuando nominalmente se mantenga. Es decir, normales rurales que siguen sin formar maestros rurales.

En segundo término debo decirle que con el flamante Servicio Profesional Docente, a los egresados de estas instituciones se les ha excluido del ingreso al trabajo magisterial para el que fueron preparados. Centenares de profesores de las normales rurales muy probablemente no serán seleccionados y estarán impedidos para ejercer como docentes en la escuela pública, así, gradualmente se abonará a su decrecimiento y posible eliminación.

En síntesis, con la reforma educativa, a los normalistas rurales, se les pretende arrebatar su futuro como docentes, y con la represión y el homicidio se arrebata la vida a jóvenes que estudiaban para ser maestros que hoy se encuentran desaparecidos.

Emilio Chuayffet su Secretario de Educación, reconoció ante Diputados que todas las normales rurales del país están en condiciones deplorables, y, manifestó que en el caso de Ayotzinapa la SEP hará lo que la autoridad penal instruya y lo que la autoridad local educativa solicite, como quien dice no hará nada. 

Por lo tanto, escaleras, pasillos, muros, pisos e instalaciones cuarteadas, viejas y decoradas con murales revolucionarios y consignas políticas, ponen en evidencia los pocos recursos que se le otorgan a la normal de Ayotzinapa, pero también reflejan los grandes esfuerzos que hacen los normalistas por conservar en buen estado su casa de estudios. 

En la entrada de Ayotzinapa, una guardia permanente y varias fogatas resguardan la llegada y salida de los compañeros, cuando se pasa esta guardia un camino largo y curveado es lo que sigue, un callejón que durante la noche se hace un pasaje oscuro y ruidoso donde cientos de jóvenes de entre los 17 y 24 años, perfilan sus rostros con un fuerte semblante de dignidad, con una profunda herencia indígena en las caras y en los cuerpos, para defender sus derechos y velar y llorar en silencio a sus compañeros caídos. 

Para ellos, el simple hecho de pertenecer a la normal es motivo para luchar por defenderla, sin importar las posiciones políticas o ideológicas tienen la obligación de preservar su escuela aunque para ello tengan que desgastarse o en muchos casos perder la vida.

Señor Presidente y colaboradores de su gabinete, durante su mandato, continuando con la dinámica de criminalizar la protesta social, una vez más, vuelven a golpear al sector estudiantil. Ellos son ajenos a sus reformas constitucionales pero saben perfectamente que sus demandas son justas y necesarias y al no ser escuchados ven en la lucha social la única manera de darles solución.

No olvide que para los estudiantes rurales, no se trata sólo de una escuela lo que está en riesgo, sino su “casa, familia y oportunidad de educación; y más que eso: una oportunidad de vida”.

 

 


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