Linea Directa


EL ELEMENTO OCULTO EN LA GUERRILLA CHIAPANECA
Por Gerardo Reyes Gómez. (LD 21-04-01)

Los asesores políticos de Vicente Fox, gente bien intencionada, pero poco brillante, no han evaluado todavía todas las causas de la pérdida de popularidad de su jefe. Hoy quisiera referirme solo a una de ellas: el muy deficiente control que ha tenido, desde que asumió el poder, para manejar el problema del subcomandante Marcos.

La gente pensante de la sociedad, que por desgracia no abunda, se ha percatado que en el conflicto entre el Gobierno Federal y la guerrilla chiapaneca, el señor Fox siempre ha estado a la defensiva. Quién mueve la batuta para marcar ritmos, compases, crescendos, alegros y tesituras es siempre Marcos, quién, además, posee mayor carisma, mejor decir, inteligencia y sensibilidad que el señor Fox, con todos sus apoyos mercadotécnicos y recursos destinados a la publicidad oficial.

Si las anteriores son verdades con peso específico propio, existe otro aspecto que hasta ahora no sido analizado a profundidad; me refiero al elemento oculto que le ha impedido al Gobierno de la República acabar con el movimiento encabezado por Marcos. Cuando Fox prometió durante su campaña que terminaría con el problema de Chiapas en quince minutos, pecó de, además de ingenuo, irresponsable. Para nosotros quedó claro que él había recibido instrucciones para establecer negociaciones y finiquitar el problema de la guerrilla chiapaneca. Ya no había para donde hacerse; dentro del proyecto del nuevo modelo continental, auspiciado y promovido por los EE. UU. no cabe una guerrilla artificial que genere ruido en el sistema.

Cualquier estratega de medio pelo, sería capaz de darse cuenta que si el mismo Carlos Salinas se paralizó de miedo durante unos días, cuando el movimiento zapatista se alzó en armas en contra las instituciones formales. Eso se debió a que sabía lo que estaba detrás del subcomandante Marcos. Él no debería haber sentido el menor temor para enviar un batallón de fuerzas especiales de élite para enfrentarse a una columna muy mal armada, poco disciplinada y que en pocos días hubiera podido ser aniquilada con muy poco derramamiento de sangre; en ese momento hubieran bastado una docena de víctimas, o quizá menos, para dar fin a la aventura guerrillera. Salinas no pudo hacerlo, insisto, debido al importante elemento oculto, que Manuel Camacho también conocía.

Luego Ernesto Zedillo, el tecnócrata políticamente minusválido, fue incapaz de manejar el problema y tampoco lo dejaron hacer gran cosa. Pasó sin pena ni gloria y en más de una ocasión Marcos lo hizo caer en el ridículo. Sin embargo, también él sabía lo quiénes estaban detrás de Marcos y nunca pretendió enfrentárseles.

En México los recursos constitucionales con que cuenta un presidente de la República lo hace un superhombre, especialmente si, como cuando Carlos Salinas era mandatario y durante la primera parte de la administración de Zedillo, tenían mayoría en el Congreso. Ninguna corporación o institución nacional podría enfrentarse al presidente y salir airosa. Así que Salinas, Zedillo y Fox, recibieron instrucciones extranacionales y no contaron con la voluntad y la fuerza para desdeñar las ordenes.

Marcos ha estado vigilado por satélites militares estadounidenses y sus comunicaciones han sido interceptadas, tamizadas y analizadas, desde el primer día de insurrección. Así que sería relativamente fácil llegar a conclusiones válidas de quiénes están detrás de Marcos, aunque él quiera creer que su movimiento es independiente y que el dúo Vaticano-USA está fuera de la jugada. Cuando nos referimos a El Vaticano lo hacemos considerando que este es un Estado complejo y poco homogéneo, donde se dan cita diversas y poderosas corrientes políticas y económicas que, como en la cúspide de una pirámide perfecta, confluyen los intereses del poder de ellos, con los del imperio estadounidense. Don Samuel Ruiz, el ex obispo de San Cristóbal, sabio compañero de insurrección de Marcos, si lo dejaran, podría ilustrarnos ricamente al respecto.

Algunos centros de poder europeos tampoco son ajenos al movimiento zapatista, ellos no desean permanecer fuera de la fiesta donde se comerá tan apetitoso pastel. Es cierto que el asunto es complejo, pero no por ello puede ignorarse la lógica de la contrainteligencia. México, o lo que quede de él, está en juego. Quizá, y por desgracia para Marcos, no todo es poesía.


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